En el gobierno hay un ejército de funcionarios que considera a la empresa privada como su principal enemigo, ¿cómo podrá entonces reactivarse la economía?
Publicado el 16.07.2015
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James Carville, asesor de Bill Clinton, fue el autor de la célebre frase “Es la Economía, estúpido” que provocó el giro que llevó a su candidato a ganar la elección presidencial en Estados Unidos. Para entender cómo se resuelve la situación política chilena hoy, tenemos que ir un poco más allá.

Me parece que las dos claves sobre las que gira la situación nacional son a) determinar quién toma el control de la centroizquierda en Chile y b) cómo se sale de la difícil situación que vive la economía chilena.

La primera es del ámbito de la política, la segunda del ámbito de la economía política. No son completamente independientes, pero cada una tiene su propia dinámica.

El cambio de clima en la política chilena ha llegado en el momento que la gente más sensata y experimentada de la centroizquierda ha comenzado a sacar la voz. Esto ha sido muy provechoso y responde a una lógica estrictamente política. La rectificación ha venido, hay que decirlo, desde los partidos políticos y no desde el gobierno. Lo que la ha motivado es el temor a perder el poder, dado el escaso apoyo que tienen la Presidenta Bachelet y su gobierno.

El cambio es saludable pero quedan dos grandes problemas por delante: el primero es que acá falta hacer un diagnóstico correcto, pero eso está más bien en el ámbito de la economía que trataremos más adelante; el segundo es que aunque los realistas o moderados han hecho oír su voz, la batalla de cuadros la sigue dominando, sin contrapesos, la izquierda refundacional.

En efecto, tanto al interior de los partidos como principalmente en el gobierno, hay un predominio muy claro de personas que insisten en dar un giro radical a la sociedad chilena rompiendo con el orden existente, más que en efectuar reformas de tipo socialdemócrata. En el gobierno hay un ejército de funcionarios que considera a la empresa privada como su principal enemigo, ¿cómo podrá entonces reactivarse la economía? Los ministerios están capturados por quienes abogan por cambios estructurales que alteran profundamente la actividad sectorial. ¿De qué otra manera puede calificarse a los asesores del Ministerio de Educación que después de dar un duro golpe a la educación escolar privada insisten en discriminar a los alumnos por la universidad en que estudian y no por su nivel socioeconómico? Por último en el Congreso, y esto es lo más preocupante, los que están organizados son nuevamente quienes empujan cambios radicales: la bancada del movimiento estudiantil que pone la música al son de la que bailan las autoridades de Educación; la llamada bancada AC, por Asamblea Constituyente, que en la Cámara de Diputados tiene la mayoría absoluta; los parlamentarios de la Comisión de Trabajo y Seguridad Social, que responden a la voz de mando de la CUT.

La caída de Peñailillo, entonces, no representó la derrota de la Nueva Mayoría. Los nostálgicos de la Concertación son una mayoría ciudadana, pero una minoría política. Quienes tienen cuadros y capacidad de acción llevan el pandero y lo seguirán haciendo mientras sus adversarios internos no tomen el control de los partidos y del gobierno. Recordemos que esta administración tiene todavía por delante más de dos años y medio.

Y por último, está el crucial punto de cómo se sale de la situación económica. Será imposible que repunte la economía mientras no se remuevan los elementos que han originado su caída. Y ellos son el conjunto de reformas que conforman el programa de gobierno de Michelle Bachelet.

Pensar que una reforma sindical que deja las empresas vulnerables a la paralización por una huelga sin reemplazo y enfrentadas a un monopolio sindical no va a ahondar la crisis económica es ilusorio. Concebir siquiera que la discusión a lo largo de todo Chile de cabildos, juntas de vecinos y otras organizaciones que van a deliberar entre otras cosas sobre el derecho de propiedad no va a tener efectos adversos en la inversión es no entender nada. Mantener las incertidumbres y defectos de la reforma tributaria tampoco ayudará.

En definitiva, y contrariamente a lo que algunos afirman, la gradualidad en la aplicación del programa de Michelle Bachelet puede ser peor para la economía. La incertidumbre se prolonga por más tiempo. Lo que hay que hacer es buscar una manera inteligente y digna de reorientar la acción del gobierno, darle un nuevo sentido. Pero para que ello ocurra, todavía falta mucho traspaso de poder real en la centroizquierda chilena.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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