Sin esperar instrucciones del nivel central y haciéndose cargo del clamor ciudadano por una educación de calidad, la municipalidad lanzó un plan con un diagnóstico claro y medidas concretas que busca recuperar la excelencia de sus escuelas y liceos. Su elemento característico es que está diseñado considerando las características específicas de la comuna y de sus habitantes, lo que se traduce en un conjunto de iniciativas adecuadas a la realidad de sus establecimientos.
Publicado el 20.03.2017
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No siempre lo que se discute en el Congreso encuentra sustento en lo que ocurre fuera de él, lo que lamentablemente conduce a políticas mal diseñadas que no resuelven adecuadamente los problemas que se pretendían abordar. Un ejemplo es la tramitación en el Senado del proyecto de ley que busca privar a los municipios de la administración de los establecimientos educacionales, para traspasarlos a nuevos servicios dependientes de una nueva dirección nacional de educación, a su vez dependiente del Ministerio del ramo. El carácter centralizador de esta iniciativa no guarda relación con la importancia de contar con un sistema educativo que sepa identificar las necesidades de cada localidad y ofrezca mecanismos de gestión ágiles para abordarlas.

Es cierto que la educación pública es cada vez menos atractiva para las familias y que se requieren medidas para mejorar la calidad de ese sector. El punto está en la insistencia de otorgarle tanta influencia en el control de los establecimientos a una dirección nacional, en circunstancias que es posible diseñar mecanismos que apunten a profesionalizar la gestión local que hacen los municipios y, por esa vía, esperar mejores resultados. En ese sentido, es interesante el contraste entre el proyecto de ley al que me refiero y la preocupación que diversos alcaldes han manifestado por mejorar la calidad de la educación que tienen a su cargo, impulsando medidas concretas sin esperar directrices de autoridad central alguna.

El caso de la Municipalidad de Santiago es uno que conviene analizar. Se trata de una comuna que concentra emblemáticos liceos públicos del país y cuyos resultados han ido a la baja sistemáticamente, tanto en lo que se refiere a las evaluaciones nacionales como a las preferencias de las familias. A esto se agrega el grave déficit financiero que afecta a la Dirección Municipal de Educación que, evidentemente, dificulta la gestión. Un símbolo de esta situación es el caso del Instituto Nacional, que perdió el derecho a captar la subvención de excelencia y cuya última generación de egresados perdió el equivalente a un año completo de clases como consecuencia de las tomas y paros.

En ese contexto poco auspicioso, surgen luces de esperanza que derivan precisamente de la autonomía que tienen los municipios en materia educacional y de la voluntad de la autoridad edilicia para levantar la educación de su comuna. Sin esperar instrucciones del nivel central y haciéndose cargo del clamor ciudadano por una educación de calidad, la municipalidad de Santiago lanzó un plan con un diagnóstico claro y medidas concretas que busca recuperar la excelencia de sus escuelas y liceos. Este plan se basa en siete pilares: calidad, respeto y diálogo, inclusión, formación, infraestructura, cultura y perfeccionamiento. Su elemento característico es que está diseñado considerando las características específicas de la comuna y de sus habitantes, lo que se traduce en un conjunto de iniciativas adecuadas a la realidad de sus establecimientos.

Haciendo uso de herramientas que son propias del municipio, se busca comprometer a los alumnos, apoderados y profesores en el logro de un objetivo claro reflejado en recuperar la excelencia. Las medidas no son especialmente sofisticadas, pero destacan por su asertividad y precisión. Su éxito depende fundamentalmente de la voluntad política que el alcalde demuestre, haciéndose cargo de fallas sistemáticas cuya corrección es urgente. Cuestiones como el cumplimiento del plan de estudios, el respeto al derecho a educarse de todos (lo que implica responder ante las tomas y la destrucción de infraestructura), los desafíos de la migración y la integración, y el perfeccionamiento de los profesores son abordados con una mirada particular, que es más fácil de encontrar en un municipio que en un servicio público que abarque diversas comunas y dependa del nivel central.

El caso de la Municipalidad de Santiago es un buen ejemplo que otros municipios deberán seguir. También es importante que lo consideren los parlamentarios a la hora de legislar sobre el destino de la educación pública y mediten si medidas de este tipo son posibles con la centralización que se pretende instalar.

 

Raúl Figueroa Salas, director ejecutivo de Acción Educar

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D.AGENCIAUNO