En la práctica la Asamblea Constituyente se ha transformado en un factor clave del ejercicio del poder, que eliminó a la Asamblea Nacional, bastión democrático de la mayoría opositora. Adicionalmente, ha tomado una serie de decisiones en las más diversas áreas, que tienen algo en común: contribuyen a consolidar una dictadura totalitaria, que sigue el modelo cubano y pretende eliminar el riesgo de perder el poder mediante los mecanismos electorales propios de la democracia.
Publicado el 09.09.2017
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Después de la formación de la Asamblea Constituyente en Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro ha seguido el camino a la consolidación de la dictadura. Al haber menos movilización que en los meses que cobraron más de cien víctimas, o no tener sucesos como la masiva convocatoria popular contra la Constituyente, la oposición ha perdido parte de su visibilidad internacional.

En esto, no cabe duda, el factor principal ha sido la decisión de Maduro y sus partidarios de recuperar la agenda política, lo que partió con la elección de la Asamblea Constituyente y se ratificó con su establecimiento, pero sobre todo con su funcionamiento.

En la práctica la Asamblea se ha transformado en un factor clave del ejercicio del poder, que eliminó a la Asamblea Nacional, bastión democrático de la mayoría opositora. Adicionalmente, ha tomado una serie de decisiones en las más diversas áreas, que se grafican en el control de la oposición, la invención de delitos políticos con penas tremendas, a lo que se suman las amenazas de restricción aún mayor de la libertad de prensa. Todas esas iniciativas tienen algo en común: contribuyen a consolidar una dictadura totalitaria, que sigue el modelo cubano y pretende eliminar el riesgo de perder el poder mediante los mecanismos electorales propios de la democracia. 

Ante esta realidad, cobra especial importancia el viaje de algunos dirigentes opositores a Europa: Julio Borges y Freddy Guevara, presidente y vicepresidente de la Asamblea Nacional. Como sabemos, se esperaba que participara de estos encuentros Lilian Tintori, activa dirigenta y esposa de Leopoldo López, encarcelado por el régimen en los últimos años. El gobierno prohibió viajar a Tintori, con el reclamo de algunos líderes de la región, como el Presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

Este martes 5 los venezolanos se reunieron con el Presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Le manifestaron la necesidad de seguir apoyando su causa y pedir sanciones “restrictivas, individuales y selectivas” contra los responsables de la represión en Venezuela. Como era de esperar, el chavismo rápidamente presentó sus reclamos y críticas.

Sin embargo, el planteamiento de Rajoy -en la línea de otros gobernantes europeos que han respaldado a la disidencia- es simple y claro: no reconoce a la Asamblea Constituyente, pide la liberación de los presos políticos en el país sudamericano y señala la necesidad de una salida pacífica y negociada, a través de elecciones democráticas.

Lo mismo puede decirse del gobernante francés Enmanuel Macron, quien a fines de agosto había denunciado la existencia de una dictadura en Venezuela y en estos días recibió también a los dirigentes de la Asamblea Nacional clausurada por Maduro. “Macron nos comunicó el apoyo total a la Asamblea Nacional, que tiene que ser el punto de encuentro y solución para los problemas del país”, dijo Borges tras la reunión sostenida en el Senado francés.

Este viernes 8 de septiembre, en Chile, la Presidenta Michelle Bachelet recibió a Freddy Guevara y a la madre de Leopoldo López, Antonieta Mendoza, quienes continúan con la labor de concientización sobre la situación que actualmente afecta a Venezuela. Tras la reunión, el canciller Heraldo Muñoz señaló: “Hemos reiterado la disposición de colaborar a una diálogo que sea fructífero y que logre el respeto de los DD.HH, el retorno de la democracia, el debido proceso, que se libere a los detenidos por razones políticas, y se respeten las facultades de la Asamblea Nacional elegida por el pueblo”. Tarea nada fácil. La madre de López por su parte, secundada por el senador Patricio Walker, precisó en la misma línea: “”Bachelet nos dijo que en ningún país pueden existir presos políticos en una democracia”.

A esta altura del conflicto que sacude a Venezuela desde hace años, es difícil predecir el resultado, en un panorama que se ha ido oscureciendo y polarizando de una manera dramática. Hoy resulta evidente que la dictadura de Nicolás Maduro aspira a consolidar su poder, procurando que su régimen se vuelva “irreversible”. Vale la pena observar las sesiones de la Asamblea Constituyente, con la presencia de Nicolás Maduro y el aplauso unánime de los “representantes”, que se aprestan a discutir nuevas leyes, por ejemplo una que permite fijar precios justos sobre productos que seguramente serán muy difíciles de encontrar. Por todo esto, es cada vez más difícil una salida democrática, considerando el realismo político más que los buenos deseos de los amigos del pueblo venezolano.

Sin perjuicio de eso, es importante que diferentes autoridades del mundo democrático sigan mostrando su solidaridad con Venezuela, intentando superar las barreras del régimen y de sus aliados. Veremos en qué termina esta historia, mientras tanto, vale la pena mantener viva la llama de la esperanza y que los amigos se comporten a la altura.

 

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad San Sebastián, director de Formación del Instituto Res Publica (columna publicada en El Imparcial, de España)