El libro "Desarrollo humano y solidario" busca aportar para que nuestra política no consista en máquinas que arrasan con todo lo construido, sino que sea un espacio propositivo y de acción para mejorar la vida de tantos chilenos. Centrar la discusión en los temas puramente ideológicos estanca cualquier posibilidad de desarrollo en problemas tan urgentes como la salud primaria, la justicia medioambiental o el diseño de nuestras ciudades.
Publicado el 09.03.2017
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Harta tinta se ha derramado durante los últimos años para comentar la “célebre” frase del senador Jaime Quintana acerca de las reformas: la retroexcavadora reflejó de manera brutal el espíritu que anima a algunos integrantes de la Nueva Mayoría. También han dado que hablar las nuevas generaciones de la izquierda nacional, y sobre todo las del llamado “Frente Amplio”, para las cuales cualquier tipo de acuerdo con quien piensa diferente  constituye una claudicación imperdonable.

La retroexcavadora, en el fondo, no sólo implicaba terminar con el modelo estructural de nuestra sociedad, sino también acabar con aquella mirada de la política como lugar para acordar con quien piensa distinto las medidas de largo plazo. En definitiva, con o sin notarlo se proponía el retorno de la disputa política como un espacio para imponer mi propio modelo económico y social (¿a cualquier costo?).

Para discutir esta posición no desde la trinchera, sino en forma seria y propositiva, en IdeaPaís —y con apoyo de la fundación Hanns Seidel— hemos buscado aportar al debate presidencial con propuestas programáticas en 12 áreas. Con ese propósito, hemos congregado a 14 investigadores con distintas trayectorias (de centros de estudios así como del mundo público y privado), para que apoyados por asesores que provienen desde la antigua Concertación hasta la derecha política, presenten propuestas para mejorar en diversas áreas sociales prioritarias de nuestro país. Este trabajo se reúne en el libro Desarrollo humano y solidario: nuevas ideas para Chile, que será presentado mañana por el senador Andrés Allamand y los ex ministros Mariana Aylwin y Máximo Pacheco.

El libro está cruzado por la idea de comunidad política en dos sentidos. En el primero, y más obvio, es un trabajo colectivo que busca reflejar que sí es posible discutir y dialogar con quien piensa relativamente distinto. Obviamente hay temas fundamentales y claves en los cuales la discusión será más de blanco y negro, pero esos son los menos. Quizás el mayor éxito de los sectores radicalizados está en hacernos creer que todo es cuestión de principio y que no puede avanzarse en nada sin borrar hasta los cimientos.

Pero Desarrollo humano y solidario está cruzado por la idea de comunidad política en un segundo sentido: así como es importante proteger la libertad, también es importante recordar que ella no sería posible sin la existencia de un marco más amplio que la sustente, y por lo tanto es necesario fortalecer ese marco. Como dijera un viejo autor, el Estado es sólo el muro alrededor del jardín, y si no nos preocupamos de cultivar este último –las diversas comunidades y asociaciones que dan sentido a la vida humana-, el aparato estatal pierde su sentido. El énfasis en este segundo sentido de comunidad explica la importancia que se atribuye a la solidaridad como principio político, del cual se siguen obligaciones propias y que, a su vez, complementa a la subsidiariedad. Esto significa, en definitiva, recalcar el rol activo de la sociedad civil y del Estado en la promoción de ciertos bienes sociales.

Por eso, en concreto, se propone fortalecer y apoyar la comunidad familiar a través de la creación de un ministerio que se dedique a coordinar los esfuerzos desde los distintos sectores. Porque la formación de nuevos profesionales es un tema social que nos involucra a todos, se propone generar una regulación laboral flexible para trabajadores estudiantes que, en muchos casos, trabajan para costear sus estudios. La reinserción social de quienes son condenados por delitos es un bien social imposible de conseguir sin una labor coordinada y mancomunada, por lo cual se propone un nuevo Servicio Nacional de Reinserción. Y así, otras múltiples medidas en distintas áreas.

En suma, este libro busca aportar para que nuestra política no consista en máquinas que arrasan con todo lo construido, sino que sea un espacio propositivo y de acción para mejorar la vida de tantos chilenos. Centrar la discusión en los temas puramente ideológicos estanca cualquier posibilidad de desarrollo en problemas tan urgentes como la salud primaria, la justicia medioambiental o el diseño de nuestras ciudades.  

Poner estos y otros temas sobre la mesa ha sido nuestro principal objetivo, y estamos convencidos de que los candidatos presidenciales comprometidos con un Chile más justo y solidario sabrán aprovechar este aporte.

 

Antonio Correa, director ejecutivo IdeaPaís

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO