La forma en que se realizan las campañas se parece a las lógicas de competencia entre otros bienes de consumo. Cuando hay mucha competencia entre productos, tiende a aumentar la demanda, ya sea porque bajan los precios o porque mejora la calidad de la oferta. En política, cuando una elección es más competitiva, los candidatos se esfuerzan más y buscan hacer compromisos con más votantes para lograr superar a sus rivales. En cambio, cuando en la elección hay un candidato con una gran ventaja sobre sus rivales, hay menos incentivos para que ese competidor se esfuerce más.
Publicado el 26.05.2017
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A cinco semanas antes de su realización, las primarias presidenciales de Chile Vamos y del Frente Amplio están generando poco interés ciudadano. En el Frente Amplio, la mínima diferencia ideológica que existe entre los candidatos hará que sólo voten los comprometidos con esa tercera alternativa política.  En Chile Vamos, la ausencia de debates y la estrategia del candidato líder en las encuestas  —Sebastián Piñera— de evitar confrontar a sus rivales en debates televisivos también invisibiliza las primarias. Como todo evento que no tiene publicidad, las primarias del 2 de julio solo lograrán atraer a los votantes leales de cada sector. Aunque eso pueda ser suficiente para que se confirme el favoritismo de Piñera y Sánchez en las encuestas, los candidatos que lideran en intención de voto no debieran minimizar el riesgo de que una baja participación opaque sus anticipadas victorias.

Cuando las elecciones son voluntarias, los candidatos no sólo deben concentrarse en hacer crecer su apoyo, también deben asegurarse de que sus simpatizantes salgan a votar. Movilizar votantes afines es la tarea fundamental de los candidatos que lideran las encuestas. Eso cuesta dinero y requiere de una sofisticada logística territorial. Aunque ir a votar es gratis, participar implica costos. La gente debe movilizarse hasta el local de votación, cosa que para los de menos ingresos resulta onerosa. El acarreo de votantes ayuda a reducir esos costos y contribuye a aumentar la participación electoral.

Otra forma de generar interés y hacer que la propia gente se anime a ir a votar es seguir la estrategia de los espectáculos artísticos o deportivos. Hay que hacer publicidad y lograr que los medios informen del evento, que la gente que compra entradas promueva el evento para que se entusiasme otra gente, que no son seguidores leales del artista. Además, se genera más interés cuando hay algún tipo de tensión. Las polémicas entre jugadores de equipos rivales ayudan a calentar el ambiente antes de un espectáculo deportivo. Los debates televisivos tienden a generar el mismo efecto y su ausencia contribuye a deprimir el interés. Pero cuando en un debate los candidatos dicen lo mismo —como ocurrió entre los candidatos del Frente Amplio, Beatriz Sánchez y Alberto Mayol—, los simpatizantes de esas posturas saben que, independientemente de si ellos van a votar, esas posiciones estarán representadas en la elección.

La forma en que se realizan las campañas se parece a las lógicas de competencia entre otros bienes de consumo. Cuando hay mucha competencia entre productos, tiende a aumentar la demanda, ya sea porque bajan los precios o porque mejora la calidad de la oferta. En política, cuando una elección es más competitiva, los candidatos se esfuerzan más y buscan hacer compromisos con más votantes para lograr superar a sus rivales. En cambio, cuando en la elección hay un candidato con una gran ventaja sobre sus rivales, hay menos incentivos para que ese competidor se esfuerce más.

En 2013, la ex Presidenta Michelle Bachelet volvió al país determinada a realizar cambios fundacionales. Para eso precisaba de un gran apoyo electoral y de una victoria abrumadora para poder un número suficiente de parlamentarios que le aseguraran la mayoría de escaños que ella requería para impulsar sus reformas. Esa lógica la llevó a trabajar duramente en la campaña de primarias para aumentar la participación. El resultado fue notable: de los tres millones de votantes, más de la mitad optaron por dar su apoyo a Bachelet. La suma de votos que recibieron los dos candidatos presidenciales de derecha fue la mitad de los que la apoyaron a ella.

En 2017, con la entrada en vigencia de la nueva ley electoral, el Senado elegirá 23 nuevos escaños en siete regiones —tres de ellas eligen 5, y las otras cuatro eligen 2—. Hay otros 20 senadores electos en 2013 que se renovarán recién en 2021. De ellos, 12 pertenecen a la Nueva Mayoría (tres son DC), nueve a Chile Vamos y uno es independiente. Para que la derecha pueda aspirar a ser mayoría en el Senado, necesitaría ganar 15 de los 23 escaños en competencia.

En la Cámara, la posibilidad de que la derecha logre una mayoría de los 155 escaños es igualmente baja. Como el desafío parece especialmente difícil, da la impresión de que Piñera planea negociar con senadores moderados de la DC para avanzar sus proyectos en caso de ser electo. Eso ha hecho que el ex Presidente ponga menos interés en la idea de movilizar votantes para transformar su ventaja en las encuestas en un tsunami electoral como el que provocó Bachelet en 2013.

Si bien hay buenas razones para entender por qué la campaña para las primarias de 2017 ha sido de baja intensidad, el riesgo de una escasa participación debiera llevar a las coaliciones involucradas y a los candidatos que lideran la intención de voto a ponerle algo más de tensión a la competencia, para así no opacar sus probables victorias el 2 de julio.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero

 

 

FOTO: VICTORPEREZ/AGENCIAUNO

 

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