Es patético que parlamentarios de un país como Chile respalden y justifiquen a quien despoja de atribuciones y derechos a sus colegas en otro país. Despilfarraron así lo que tengan o les quedaba de autoridad moral y credibilidad para condenar abusos que puedan cometer regímenes de signo político contrario.
Publicado el 04.04.2017
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Creo que los dramáticos acontecimientos de los últimos días en la polarizada y empobrecida Venezuela (golpe de Estado frustrado, chavista por cierto, contra la propia institucionalidad chavista) nos imparten a los chilenos lecciones que deberían ser incorporadas a nuestra memoria política como sociedad. Veo al menos siete lecciones.

Primera: En la izquierda chilena hay partidos, dirigentes políticos y movimientos dispuestos a justificar y respaldar golpes de Estado o dictaduras siempre y cuando sean promovidos por fuerzas de izquierda. Como chilenos debemos darnos por notificados de esto y estar alertas. Quien hoy no duda en identificarse con golpes de Estado o dictaduras de izquierda en otros países, probablemente mañana no dudará en aplaudir lo mismo para el nuestro.

Segunda: La tibia reacción de Chile ante el despojo de las atribuciones del Congreso venezolano por parte del régimen de Nicolás Maduro (que mantiene encarcelado desde hace seis meses al compatriota Braulio Jatar por razones políticas) se debe a las dos almas que coexisten en la Nueva Mayoría con respecto a derechos humanos y dictaduras.

Mientras algunos se niegan a reconocer el carácter dictatorial de los regímenes de Cuba o Corea del Norte, por ejemplo, o califican de democrático al de Venezuela, la Democracia Cristiana enarbola la defensa universal de esos derechos y condena a dictaduras del color que sean. De un Gobierno que se sustenta en un pacto desgarrado por diferencias sobre asuntos esenciales no puede esperarse una declaración firme ante circunstancias como las de Venezuela.

Tercera: Es trágico, pero en la izquierda criolla persiste la doble moral frente a las dictaduras. Mientras no cesa de condenar, y con razón, la dictadura chilena que se inició hace 43 años y terminó hace más de un cuarto de siglo, hay sectores incapaces de condenar a las de izquierda que palpitan y reprimen ante sus ojos. En este sentido, es menester recordar que en la actualidad no existe en América Latina ningún régimen dictatorial o represivo de derecha, y que todos los que existen son de izquierda. Lo son en su versión socialista estalinista, como en Cuba, o en su edición Socialismo Siglo XXI, como en Venezuela y sus aliados.

Cuarta: Tanto el Partido Comunista como el senador Alejandro Navarro apoyaron de inmediato y en forma tajante la bochornosa decisión del tribunal bolivariano que expropió las atribuciones al Congreso. Esto les jugó una mala pasada, pues sus declaraciones siguieron resonando mientras el régimen reculaba debido al repudio nacional y mundial.

Es patético que parlamentarios de un país respalden y justifiquen a quien despoja de atribuciones y derechos a sus colegas en otro país. Despilfarraron así lo que tengan o les quedaba de autoridad moral y credibilidad para condenar abusos que puedan cometer regímenes de signo político contrario.

Quinta: El golpe de Estado y su posterior marcha en reversa revelan la división que corroe al chavismo-madurismo, enfrentado a la crisis económica que ha causado el Socialismo Siglo XXI, el rechazo mayoritario de la población y las acusaciones de nexos con el narcotráfico.

Hay un dato que confirma la existencia de divisiones en el régimen de Caracas, respaldado y orientado desde La Habana: Cuba no emitió declaración de apoyo al golpe. Raúl Castro simplemente instruyó a la central única sindical y a la única central estudiantil difundir sendas declaraciones de solidaridad con el “pueblo venezolano bolivariano”.

Sexta: Debido a la polarización política y la pauperización económica, Venezuela continuará siendo un tema álgido para la región y la NM. No hay duda: Difícil que los democratacristianos y los comunistas chilenos puedan coincidir en la defensa universal de los derechos humanos y una definición mínima de democracia. La democracia representativa y la dictadura del proletariado son como el aceite y el vinagre.

Las críticas no lloverán ahora sólo de la centroderecha, a la que la NM moteja en forma majadera de “pinochetista”, sino también de sectores del Frente Amplio, que rechazaron de plano el golpe de Estado en Venezuela y ven a la NM identificada con el modelo instaurado bajo Pinochet.

Séptima: Más allá de las legítimas diferencias o coincidencias políticas entre los chilenos, es beneficioso para la educación cívica nacional que, en circunstancias extremas como las de Venezuela, quienes se identifican con los valores y principios de la libertad y la democracia representativa se manifiesten con claridad para dejar en evidencia a quienes propugnan o justifican dictaduras o regímenes autoritarios.

 

Roberto Ampuero, #ForoLíbero

 

 

FOTOS: SEBASTIAN BELTRAN / AGENCIA UNO

 

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