Ningún sistema asegurará que los dirigentes políticos tengan la capacidad para representar y movilizar a la población a votar. Pero si aprovechamos los avances tecnológicos y nos aseguramos al menos, que alguien que quería votar no dejó de hacerlo porque se lo hicimos difícil, porque no tuvo plata para la micro, o no tuvo con quien dejar a los niños, habremos dado un paso más hacia la justicia social, especialmente con los sectores más carenciados o alejados.
Publicado el 02.04.2018
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En Chile votar es caro. Hay que pagar movilización, hacer filas, resistir aglomeraciones, aguantar calor y correr el riesgo de ser obligado a quedarse como vocal de mesa. Si uno vive lejos del local de votación, es más caro y toma mucho tiempo. En comparación, mucho más caro que transferir dinero, pagar cuentas, declarar impuestos y adquirir bienes o servicios apoyados en tecnología.

Hemos hecho poco por agregar tecnología de la democracia. No ha sido por desidia. Ocurre que el sistema electoral chileno es de lujo en varios aspectos. Los procesos de constitución de mesas, impresión y distribución de votos, conteo, etc., son en general seguros y eficientes. Prácticamente no se conocen casos de fraude. Los resultados se dan con rapidez, son confiables y en caso de dudas, existen procedimientos de revisión y auditorías transparentes. ¿Para qué reparar aquello que funciona?

La mitad de los chilenos optaron por no votar en la segunda vuelta en la última elección. Más de siete millones 300 mil personas no participaron. Aunque la calidad de la política y de nuestros representantes es lo central, no podemos descartar que facilitar el acto de votar puede implicar recuperar, especialmente en los sectores más carenciados, un buen número de ciudadanos que pudieran participar en las elecciones.

Ante el llamado del SERVEL a una consulta pública sobre alternativas para implementación de voto electrónico, algunos analistas han reaccionado con algo de histeria y, por qué no decirlo, también con bastante ignorancia. Algunos suponen como un atentado a la democracia el implementar tecnologías en el proceso electoral y exageran o utilizan la evidente complejidad de la tarea. Dejo aquí algunos elementos necesarios de considerar.

 

  1. Voto electrónico no es lo mismo que voto por Internet

Los especialistas distinguen el voto electrónico en tres grandes modalidades: Captura electrónica del voto en papel; votación en máquinas o “urnas” electrónicas; y voto por Internet o voto digital en línea.

Algunas de las reacciones alarmistas frente al anuncio del SERVEL parecen imaginar la modalidad de voto en línea como la única posible. Efectivamente, resulta difícil imaginar iniciar este camino con una solución de este tipo. Hay pocas experiencias en el mundo de implementaciones adecuadas para votar desde el celular o el PC. Es particularmente complejo cautelar, por ejemplo, el secreto del voto y el cohecho en votaciones a distancia (ocurre lo mismo con el voto por correo, aunque no sea electrónico).

 

  1. El paso lógico en Chile en el corto plazo son las máquinas de votación, en nuestro caso particular, debería ser en ambientes controlados y con prueba física. Este sistema tiende precisamente a cautelar lo bueno de nuestro sistema electoral y aporta a disminuir el costo de transacción de emitir el voto.

Dicho en simple, se trata de una pantalla (dispositivo electrónico) en la cual yo valido mi identidad (en Chile el carné contiene información biométrica que permite validar identidad con un lector de huellas). La máquina despliega los candidatos correspondientes a mi elección (distrito, comuna, autoridades a elegir, etc.) con foto y logos de partidos. En esa máquina yo emito mi voto electrónico (en pantalla, no en papel). Que esté en un “ambiente controlado” quiere decir que el voto se emite en un recinto especialmente habilitado para votar, resguardado por personal idóneo, tal cual como en las elecciones actuales. Una vez que emito el voto, la máquina me entrega una “prueba física”: Un papel o recibo que indica claramente por quien he votado. Esa prueba física se deposita en una urna, que permite auditar el sistema electrónico o recontar los votos en caso de controversia.

 

  1. Implementar un sistema de votación electrónica no es sencillo ni trivial

No es un proyecto tecnológicamente liviano. Por el contrario, tiene altísima complejidad. Requiere de redes y sistemas seguros y robustos, de elementos de auditoría informática de primer nivel, de controles redundantes que permitan dar seguridad y sobre todo transparencia. Todos estos son procesos complejos. Por algo sólo un pequeño grupo de países del mundo pueden mostrar éxitos. Ellos son Bélgica, Estonia, Brasil, Estados Unidos, Venezuela e India, que dicho sea de paso es la democracia más grande del mundo con 800 millones electores que votan en máquinas. Otros tantos han iniciado experiencias y han retrocedido ante las dificultades registradas, entre ellos están Noruega, Irlanda, Reino Unido y Finlandia. En Alemania los problemas registrados llevaron a declarar el voto electrónico como inconstitucional. En Holanda se prohibió el sistema al acreditar fraudes locales en las elecciones en que operó y en Filipinas fueron tantas las sospechas que levantó el sistema, que finalmente el proyecto se canceló.

 

  1. Una solución a medida

Ninguno de los sistemas vigentes es perfecto ni es replicable de un país a otro. Resulta valioso observar las experiencias en el mundo a la luz de las necesidades del sistema electoral chileno. Por ejemplo, a diferencia de otros países, Chile no tiene grandes problemas de analfabetismo que requiera la foto de los candidatos en el voto. Tampoco tenemos demora en los conteos, aportes que podría hacer la tecnología en otros países.

Sí necesitamos bajar el costo al voto. Por ejemplo, algunas cosas que sería interesante estudiar en Chile:

  • Que exista más que un día de elecciones. Las máquinas pueden disponerse a recibir el sufragio durante varios días e incluso un par de semanas.
  • Que se acerquen los locales de votación a la gente. Se podrían disponer recintos de votación con máquinas en estaciones de Metro, colegios, universidades, supermercados, etc. Cambiar la lógica de “ir” por una práctica que invite a la ciudadanía a “pasar” a votar, aprovechando otros desplazamientos por la ciudad.
  • Poder elegir a mis representantes independientemente de donde me encuentro. Si el sistema me reconoce con mi carné y mi huella digital, es indiferente si voto en Arica, Punta Arenas o incluso en el extranjero. Yo podría estar de vacaciones en Arica y votar en el supermercado de la esquina por mi candidato a concejal en Providencia.

 

  1. Se requiere un inicio modesto y lento

Agregar tecnología a las elecciones es un desafío de largo plazo. Se requiere dar confianza a la ciudadanía y a los opositores al sistema. Se deben asegurar auditorías y certificaciones, un enorme esfuerzo de capacitación y educación a la población. Se debe partir por proyectos pilotos, acotados y pequeños, que permitan realizar pruebas y correcciones que no dañen la fe pública y que cautelen la voluntad popular, en paralelo a nuestra tradición del voto en papel. Ninguna experiencia que intente apurar e imponer una solución tendrá perspectivas reales de éxito. Es un proyecto complejo que debe dar el tiempo suficiente a su validación social.

 

  1. La transparencia es un factor clave

¿Cómo se asegura cualquier persona que los sistemas de su banco funcionan bien? Simplemente revisa al detalle sus cartolas y cuadra sus gastos, cheques, compras, etc. Es decir, monitorea las transacciones. Este chequeo ciudadano es infinitamente más complejo en un sistema electoral, pues a la base de éste se encuentra el secreto del voto, de la identidad y las preferencias de los votantes. Por tanto, no se cuenta con la ventaja de la tecnología que en todo ámbito, precisamente, permite chequear y monitorear transacciones.

Es clave, en consecuencia, para cualquier sistema de voto electrónico contar con pruebas indirectas (comprobantes impresos, por ejemplo), sistemas de verificación, procedimientos de seguridad y controles externos.

 

  1. El factor de responsabilidad social

A futuro un sistema de voto electrónico podría abaratar costos, lo cual en términos de programas públicos dice siempre relación con el beneficio de los más necesitados. Adicionalmente, hay dos aspectos no despreciables: eliminar a futuro el voto en papel, el gasto en imprenta, actas, urnas, etc., tiene una dimensión medioambiental no menor. Se trata de toneladas de papel que ni siquiera se usan porque la mitad del padrón no vota, pero igual hay que imprimir votos (unos 28 millones de votos no utilizados en la última elección de cores, diputados, senadores y Presidente).

Ningún sistema asegurará que los dirigentes políticos tengan la capacidad para representar y movilizar a la población a votar. Si aprovechamos los avances tecnológicos y nos aseguramos al menos, que alguien que quería votar no dejó de hacerlo porque se lo hicimos difícil, porque no tuvo plata para la micro, o no tuvo con quien dejar a los niños, habremos dado un paso más hacia la justicia social, especialmente con los sectores más carenciados o alejados.

 

Luis Conejeros, periodista

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO