Sería un crimen que en la negociación de las listas parlamentarias Chile Vamos arriesgue la unidad que se requiere para alcanzar el éxito en noviembre. El llamado a quienes conforman los equipos negociadores de cada partido es que pongan a Chile primero y a su partido después. En ese orden y no en otro. Posicionar a algún partido mejor que otro es secundario frente a lo que está en juego.
Publicado el 18.01.2017
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Una de las gratas sorpresas de 2016 fue que por fin la centroderecha, representada por Chile Vamos, había logrado alcanzar unidad y transmitirla a la ciudadanía. Cuestión fundamental de cara a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. El electorado de centroderecha venía reclamándola y se estaba logrando hasta que comenzaron las negociaciones de los cupos parlamentarios. Es aquí donde se encuentra el talón de Aquiles que puede poner en riesgo el éxito en las próximas elecciones.

Para ganar no basta sólo con captar el voto de los electores de centroderecha. Se requiere además seducir a una parte del electorado que tradicionalmente votaba por la DC, a personas de centro, liberales, independientes y a quienes tradicionalmente no les interesa la política. De ahí la importancia de agruparse en una coalición para aspirar a ampliar la masa de adherentes, intentando representar a la mayor proporción de la población posible detrás de un número relevante de ideas fuerza que configuren un proyecto país en que todos puedan concordar.

Lo anterior necesariamente requiere que todos los partidos que conforman la coalición sean capaces de ceder en algo con el fin de privilegiar el todo. Para ello es un imperativo que lo que se comunica a la ciudadanía sean las cosas que nos unen por sobre las que nos dividen.

Aquí es donde veo el mayor riesgo para que este año Chile Vamos pueda ganar las elecciones presidenciales y obtener un gran resultado en las parlamentarias. Conformarse con ganar las presidenciales no basta. Necesitamos volver a recuperar los equilibrios en el Congreso para alcanzar los quórums necesarios que permitan mover el timón en la dirección correcta y volver a poner e Chile en el rumbo del crecimiento y desarrollo.

El ex Presidente Piñera lo expresó con mucha claridad: “Lo que está en juego aquí es la elección entre dos caminos muy distintos: convertir un tropiezo en un verdadero porrazo, entrando de lleno al mundo de la mediocridad”, refiriéndose a continuar por la senda que propone Alejandro Guillier, o “levantarnos y correr en la búsqueda de la libertad, justicia y el progreso”, representados por las ideas que promueve Chile Vamos.

Sería un crimen que en la negociación de las listas parlamentarias Chile Vamos arriesgue el éxito que se requiere alcanzar. El llamado a quienes conforman los equipos negociadores de cada partido es que pongan a Chile primero y a su partido después. En ese orden y no en otro. Posicionar a algún partido mejor que otro es secundario frente a lo que está en juego.

No es presentable que los llamados partidos grandes pretendan competir con ventaja a expensas de los partidos más pequeños. Deben valorar que tanto Evópoli como el PRI han ampliado las fronteras de votantes a las cuales tradicionalmente aspiraban la UDI y RN sumados. Es injusto que la UDI y RN pretendan llevar más cupos por distritos que sus socios, condenándolos al fracaso incluso antes de que ingrese el primer voto a una urna.

Si al interior de una lista un partido lleva un solo cupo y otro partido lleva dos, entonces para ganar con un solo candidato el primero deberá obtener más votos que la suma de los votos que obtengan los dos candidatos del partido que pretende esa prerrogativa, lo que hace que la competencia sea injusta, favoreciendo a los incumbentes, quiénes ya corren con ventaja.

El argumento que utilizan los partidos grandes —que los cupos se distribuyan de acuerdo al peso histórico de los partidos y a su actual representación parlamentaria— es mezquino y no tiene justificación alguna. Es pretender que el pasado regule el futuro restándole soberanía al electorado.

Como el objetivo es que Chile Vamos obtenga la mayor representación parlamentaria posible, lo razonable sería que en todos los distritos donde cada partido tenga candidatos fuertes para competir, los cupos se distribuyan en igualdad de condiciones; y donde algún partido no tenga candidatos, ceda sus cupos para que los ocupen quienes tengan mayores posibilidades de salir electos.

Sería un crimen que estas discusiones las sigan difundiendo por la prensa, ya que a diferencia de lo que piensan quienes las emiten, ninguno de los partidos gana un voto más difundiendo cuñas y alentando divisiones al interior de la coalición.

 

Gonzalo de la Carrera Correa, ingeniero comercial UC, conductor de Directo al Grano en Radio Agricultura

Twitter : @carreragonzalo

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO