En lugar de abrir la puerta al avance de las tecnologías que en el mundo están permitiendo reducir los costos y aumentar la calidad de vida en beneficio de los usuarios, el gobierno ha optado por recomendar un proyecto que no solo equivoca el diagnóstico, sino que además resulta tan absurdo como pedirle a la señora que deje al marido que tanto ama.
Publicado el 05.10.2016
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Hace unos años supe de un matrimonio muy bien avenido que buscaba desesperadamente para la señora una cura para una enfermedad. Visitaron a diversos especialistas que les ordenaron hacerse numerosos exámenes de altísimo costo. Pasaba el tiempo y no encontraban nada que explicara el deterioro en la salud de la señora. Finalmente, cuando las esperanzas se agotaban, llegó el ansiado diagnóstico y la supuesta solución a su enfermedad. Un médico en forma muy asertiva le dice a la afectada: “Señora, lo que usted tiene se cura dejando a su marido”. ¡Cosas que pasan!

Análogamente, en Chile pareciera que ocurre lo mismo con muchas de las políticas públicas que ha intentado imponer este gobierno. Se recurre a comisiones y “especialistas” para que finalmente la solución al problema que se pretende resolver tenga como resultado un proyecto de ley tan inverosímil como la recomendación que le dio ese médico a esta mujer.

Esta semana se presentará el proyecto de ley para regular el creciente mercado captado por Uber y Cabify.

Destacando lo positivo, está la creación de un registro de antecedentes para los conductores buscando proteger a los pasajeros de choferes con antecedentes penales o que hayan sido sancionados por manejar bajo la influencia del alcohol.

Se propondrá exigir a los conductores contar con licencia tipo “A”. Pero en países desarrollados existe un mecanismo llamado “car pool” en que los vecinos son incentivados a agruparse para trasladarse en un solo auto a sus trabajos, a cambio de gozar de vías preferentes no congestionadas. Si bien no hay un servicio pagado de por medio, ellos no ven como necesario poner trabas a la hora de incentivar sistemas más eficientes de transporte exigiendo licencias profesionales tipo “A”.

Adicionalmente, los genios del Ministerio de Transportes pretenden que los conductores de Uber y Cabify  otorguen sus servicios en automóviles de lujo. Para definir qué tipo de auto se podrá usar crearán otra comisión de “especialistas”. Esta medida reducirá en forma brutal las posibilidades de que personas subempleadas, estudiantes o adultos mayores puedan generar un ingreso adicional si no cuentan con un auto de las características que serán exigidas.

La guinda de la torta será la fijación de un mecanismo de precios para incrementar el valor de los servicios según los kilómetros recorridos y según el horario y nivel de congestión, generando así otro impuesto encubierto adicional que terminarán pagando los consumidores.

Un panel de “expertos” también financiado con nuestros impuestos definirá dichas tarifas. Encontraron así otra manera más de aumentar la burocracia estatal y con ello conseguir más puestos de trabajo para sus correligionarios.

El gobierno de la Nueva Mayoría ahora insistirá en “bajar de los patines” a los usuarios y así impedir que todos podamos acceder a un servicio eficiente que ha probado ser de mejor calidad y precio, con el cual la propuesta, lejos de beneficiar al ciudadano de a pie, busca privilegiar a los antiguos taxistas.

Las condiciones que propone este proyecto de ley hacen prácticamente inviable que este servicio se masifique en beneficio de la gran clase media chilena. Impide que por esta vía cada vez más personas dejemos nuestros autos en la casa cuando queramos consumir alcohol, con lo que se evitarían muchos accidentes de tránsito.

Es un proyecto de ley absolutamente discriminatorio en contra de quienes dice el gobierno querer igualarles la cancha, ya que el ciudadano promedio no podrá ni otorgar ni acceder a este servicio. De manera que tendrán que conformarse con el mal servicio de taxis o hacer la cola en el fracasado Transantiago.

En lugar de abrir la puerta al avance de las tecnologías que en el mundo están permitiendo reducir los costos y aumentar la calidad de vida en beneficio de los usuarios, el gobierno ha optado por recomendar un proyecto que no solo equivoca el diagnóstico, sino que además resulta tan absurdo como pedirle a la señora que deje al marido que tanto ama. ¡Cosas que pasan!

 

Gonzalo de la Carrera Correa, Ingeniero Comercial U.C.