Se continúa con la búsqueda de culpas, con una cacería de brujas que dé con nombres de responsables a quienes echar a la hoguera, para obviar la situación hasta el destape público de una nueva negligencia, la cual recordará que aún no existe solución, que el sistema de protección al menor sigue siendo en gran parte un fracaso y que se continúa ejerciendo violencia sobre nuestros niños.
Publicado el 05.06.2017
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La crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename) no es nueva. Conforme avanza la vertiginosa agenda política, social y económica chilena, el tema suele reaparecer aportando algún nuevo antecedente que confirma la necesidad de una intervención profunda y bien orientada.

Esta institución a cargo de la protección de menores vulnerables –cuya seguridad debe ser garantizada por el Estado-, ha fracasado en muchas de sus funciones más importantes y ha perdido la confianza de la ciudadanía. Y como no, en marzo de este año la Fundación San Carlos de Maipo –organización que busca combatir la pobreza y la delincuencia desde la infancia- entregó el resultado de un estudio dando a conocer una alarmante cifra: el 50% de la población penal adulta de Chile pasó en su infancia o adolescencia por algún centro del Sename.

Teniendo en cuenta lo anterior, es necesario reconocerlo y revertir la penosa tendencia. El desinterés y falta de prolijidad con el problema de fondo, y el abandono y exclusión sistemática de los menores en la sociedad, hacen que el Sename tenga una connotación negativa para la gente, y que por ende solo se pueda sentir lástima por aquellos niños y jóvenes que, según indican los datos, son altamente vulnerados en sus derechos.

En la Cuenta Pública hecha el pasado jueves por la Presidenta Michelle Bachelet se hizo una nueva alusión al problema: “Asumimos la dolorosa realidad de los niños y niñas en los centros tanto públicos como privados que atienden a los niños al cuidado del Sename, con un plan de respuesta inmediata para mejorar las condiciones de infraestructura y atención… Enviamos dos proyectos de ley que crean dos nuevos servicios, uno para la protección de derechos de menores vulnerados y otro para proteger los derechos de menores infractores de ley”, dijo la Presidenta.

Pese a lo anterior, se continúa con la búsqueda de culpas, con una cacería de brujas que dé con nombres de responsables a quienes echar a la hoguera para obviar la situación hasta el destape público de una nueva negligencia, la cual recordará que aún no existe solución, que el sistema de protección al menor sigue siendo en gran parte un fracaso y que se continúa ejerciendo violencia sobre nuestros niños.

Se debe dejar atrás el contradictorio y muchas veces hueco discurso político en torno al tema. La solución a la triste realidad de los “niños del Sename” no puede quedar en palabras, como ha sido la tónica. De una vez por todas, se debe despolitizar la institución.

Según las últimas cifras oficiales dadas a conocer el año pasado por el organismo, entre el 1 de enero de 2005 y el 30 de julio de 2016, murieron 243 menores bajo el “cuidado” del Estado. Frente a esto, la cartera de Justicia ha demostrado que no se encuentra a la altura del conflicto, ya que no ha actuado como corresponde para el esclarecimiento de estas muertes, y por ende, ayuda a la impunidad de los responsables.

En este contexto, cabe recordar las declaraciones del ministro de Justicia Jaime Campos, hechas en una intervención en la Cámara de Diputados en diciembre del año pasado. En esa ocasión, la autoridad afirmó que cuando visitó un centro del Sename pensó encontrarse con “un orfelinato de los que narraba Charles Dickens en las novelas de 1800”, pero que no encontró eso. El hombre de confianza de la Presidencia continuó afirmando que el lugar era limpio y ordenado, y que “tenía hartas más comodidades de las que tuve en el internado”.

Estas declaraciones no hicieron más que probar la ceguera, la ignorancia y la desubicación de una autoridad a la cual le fue asignada la crucial tarea de velar por la justicia. Resulta indignante que el ministro haya pretendido minimizar en aquel entonces la magnitud de la crisis al interior del Sename, y por ende, la muerte de cientos de niños, situación que por cierto, a más de un año, no se ha esclarecido.

Los tiempos de crisis no se sufren, se enfrentan. Urge una reforma integral del Sename. Hay que organizar la dirección de la institución con responsables ajenos a los partidismos tradicionales, sin compromisos ni lealtades políticas. Se requiere ser independientes del Gobierno de turno. Urge la incorporación de personal altamente calificado –y por ende adecuadamente remunerado- que pueda trabajar en libertad para erradicar las malas prácticas, proponer desafíos y desvincular a los incompetentes. Es necesario el funcionamiento autónomo de la identidad, que cuente con recursos propios enfocados en la intervención del menor, en suplir sus carencias, pero sobre todo, en brindarle apoyo.

La desvinculación del Sename de la política de primera línea es necesaria, ya que intervenciones como las del ministro Campos no aportan soluciones, sino que más bien perpetúan el conflicto, generan aún más vergüenza y alimentan esa lástima egoísta que evoca la expresión “niños del Sename”.

 

Natalia Farías, investigadora del Centro de Estudios Bicentenario

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO