La posverdad se ha instalado en la elección presidencial del próximo domingo 19, practicada nada menos que por un periodista que aspira a ocupar el sillón de La Moneda. Si usar la posverdad no resulta ético, pues su destino es engañar a la audiencia que recibe dichos mensajes, menos lo es aún para un periodista que además fuera vicedecano de dicha carrera en la UDP.
Publicado el 13.11.2017
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Soy hijo de quien fuera uno los grandes periodistas de nuestro país y hermano de una destacada profesional de la prensa. Como tal, habiendo vivido desde temprana edad la ética con que esta relevante profesión debe ejercer su labor, encuentro inaceptable que Alejandro Guillier, periodista, y ex vicedecano de dicha carrera, recurra como expediente para conseguir votantes a la “posverdad”, emitiendo falsas noticias y desinformando a la gente respecto del proyecto de gobierno del ex Presidente Sebastián Piñera.

Partió diciendo “si la derecha gana, será la persecución más brutal”. Enseguida, el martes recién pasado, advirtió que si el ex Presidente resulta triunfador, su gobierno realizará una “persecución política” a los funcionarios públicos. Pero no contento con eso, en un acto de cierre de campaña en Antofagasta, este jueves, dijo que Piñera “prepara la mayor razia en democracia contra los funcionarios públicos, por la sola sospecha de ser simpatizantes o adherentes de este gobierno”, agregando, “que no se crea el señor Piñera que va a imponer la ley del terror y vamos a volver a la vieja práctica de la dictadura militar”.

Todo esto es no sólo falso, sino que implícitamente, lo que les está diciendo a los empleados públicos es que el candidato de Chile Vamos estaría preparando un ataque sorpresa contra el servicio público, el que se ejecutaría con redadas policiales, tal vez violentas, como las que organizan los grupos paramilitares. Porque eso, senador, es lo que significa preparar una razia. Y aún más, la RAE lo describe como una “incursión, correría en un país enemigo y sin más objeto que el botín”.

Además, acusar a Piñera de querer imponer la ley del terror y de intentar actuar como un dictador —expresado esto como si fuera un hecho comprobado, una verdad irrefutable— es justamente una clara demostración del uso que Guillier hace de la posverdad.

La pregunta que surge, entonces, es ¿cuándo experimentó Guillier la metamorfosis desde periodista a candidato presidencial? Tengo la inquietud, porque cuando él partió como posible candidato dijo que no era político, me imagino que haciendo honor a su profesión de informador. Pero hoy, instalado como el posible competidor del ex Mandatario en segunda vuelta, no practica su antiguo oficio, porque habiendo sido vicedecano de su facultad en la Universidad Diego Portales, les habrá enseñado a sus alumnos y exigido a sus profesores que resaltaran la importancia de la ética en el ejercicio del periodismo. Hoy eso parece olvidado.

Son muchas las inconsistencias del candidato Guillier desde que comenzó a figurar en las encuestas como el político mejor evaluado. Partió mencionando que si el ex Presidente Lagos se presentaba como candidato a La Moneda, él no participaría en la contienda. No cumplió con su palabra y hoy es el candidato oficialista. En agosto de 2016, cuando la actual Presidenta tenía un 15% de aprobación según la encuesta CEP, el senador criticó fuertemente a su gobierno, distanciándose del mismo. Hoy se declara su heredero. Dijo en semanas recientes que su programa se daría a conocer después de la primera vuelta y que el 7 de noviembre entregaría “un compendio”. Pues bien, aquel día expresó: “Los mentirosos que dijeron que no tenía programa, acá está”, agitando su documento programático. Curiosa declaración, pues nadie mintió, sólo se reprodujeron sus propias palabras.

El próximo domingo 19 sabremos, en las urnas, lo que el país opina. Ese día sabremos si todas las falsedades que se pueden haber inventado tuvieron o no efecto en la ciudadanía.

Como corolario de todo esto, es necesario recalcar que es muy negativo para nuestra democracia que quienes pretendan llegar a la Primera Magistratura de la Nación recurran a la posverdad para lograr sus objetivos. Ésta ha sido condenada mundialmente por desinformar, por restarle importancia a los hechos demostrables y ciertos, y por convertir la verdad en lo que cada uno quiera creer.

Esto debiera saberlo todo periodista y luchar para poner fin a esta nefasta práctica, porque compite de mala manera contra su crítica función de informar.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: JOSE FRANCISCO ZUÑIGA VIA/AGENCIAUNO