El consumo de drogas (incluyendo el abuso del alcohol), lejos de ser un asunto recreativo, para la mayoría de los chilenos constituye un verdadero drama social, en el cual el problema no está en poder despejarse un rato, sino que las vidas que trunca el consumo que se suponía inocuo.
Publicado el 10.10.2016
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Pocos días atrás, nos enteramos de que en la comisión de Salud de la Cámara de Diputados se estaban votando las 81 indicaciones al proyecto que busca legalizar el autocultivo y el uso “medicinal” de la marihuana.

No deja de llamar la atención el interés que han mostrado los medios y los parlamentarios a los potenciales efectos terapéuticos de la marihuana, generando en la ciudadanía una percepción de que el consumo de esta droga puede ser saludable. La baja percepción de riesgo que tienen hoy los chilenos y el aumento en el consumo de marihuana por parte de nuestros menores de edad, son una muestra patente de aquello. Si comparamos el año 1995 con el 2011 se puede constatar que el mayor incremento en el consumo de marihuana se produjo en octavo básico, con un aumento de 250%, y en primero medio con 130%. Estas cifras hablan por sí solas.

Es precisamente al supuesto uso medicinal a lo que apelaron los parlamentarios y activistas que buscan la legalización de esta droga. Sobre esta afirmación es importante aclarar que la evidencia disponible a nivel mundial sobre los posibles efectos terapéuticos de la cannabis es insuficiente, lo que claramente contrasta con la evidencia científica que existe sobre los efectos dañinos que tiene la marihuana en la salud de las personas (revisar estudio de la directora del NIDA (National Institute on Drug Abuse) Nora Volkow).

Hablar de enfermedades es hablar de dolor. No sólo de los pacientes, sino también de los familiares. Es por esto la importancia de que la información que se les entregue tiene que ser avalada por resultados científicos, acá no estamos hablando de deducciones religiosas o ideológica, sino científicas.

Todos los tratamientos en que se apela a los posibles efectos terapéuticos de la cannabis tienen alternativas farmacológicas superiores, a un bajo costo, y están respaldadas por el Instituto de Salud Pública (ISP), institución que busca contribuir al fortalecimiento de la salud pública en Chile y que tiene la misión de autorizar y fiscalizar todo lo relacionado a nuestra salud.

Un ejemplo claro de la irresponsabilidad que se puede cometer por parte de los legisladores, por ceder a la presión de grupos pro marihuana, es Canadá, país que incorporó el uso de la cannabis con fines “medicinales” sin la aprobación de ninguna de las instituciones, Ministerio de Salud o agencias reguladoras de medicamentos, que resguardan la salud de sus ciudadanos.

Frente a los casos que muestran ciertos resultados positivos sobre el potencial beneficio terapéutico que pueden tener los derivados de la cannabis, es importante que se siga en la búsqueda de mayor evidencia, pero que ésta se realice con todos los resguardos que una investigación científica necesita, y que se haga un seguimiento a los resultados por parte de las instituciones a cargo.

Frente al desprestigio que tiene la política en nuestro país, es trascendental que los proyectos que se discutan en el Congreso busquen ser políticas estudiadas a fondo y no realizadas mirando a una élite que está lejos y desconectada de los temas ciudadanos. El consumo de drogas (incluyendo el abuso del alcohol), lejos de ser un asunto recreativo, para la mayoría de los chilenos constituye un verdadero drama social, en el cual el problema no está en poder despejarse un rato, sino que las vidas que trunca el consumo que se suponía inocuo.

 

Antonio Correa, Director Ejecutivo IdeaPaís.

 

 

 

FOTOS: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO.