Se equivoca Velasco al unir su destino y el de Fuerza Pública a Amplitud y Red Liberal. Se equivoca estratégicamente porque al centrar y sincerar innecesaria y apresuradamente su domicilio político en la nueva derecha liberal, renuncia a consolidarse como opción de la centro izquierda.
Publicado el 12.11.2014
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Se equivoca Velasco al unir su destino y el de Fuerza Pública a Amplitud y Red Liberal. Se equivoca estratégicamente porque al centrar y sincerar innecesaria y apresuradamente su domicilio político en la nueva derecha liberal, renuncia a consolidarse como opción de la centro izquierda. Una centro izquierda dividida, a veces confundida, pero que sigue siendo a ojos de una mayoría ciudadana la opción política para llevar a Chile a un estado de desarrollo en clave inclusiva.

Se equivocan él y sus asesores, porque una cosa es perfilarse ante las elites empresariales y de derecha como el garante de la cordura frente a oleadas de incertidumbre y populismo político-social, pero otra cosa muy distinta es instalarse como una opción funcional y formal de los intereses de esas mismas elites. Más aún, sus esfuerzos profundizan un perfil de votante ABC1 y RN (Corvalán y Cox, 2013; Portales 2014), en vez de orientarse a la conquista de las capas medias y populares.

No sólo eso, también desaprovecha terreno ganado recientemente (última encuesta Mori-Cerc lo tenía como el único de los “políticos con más futuro” que subía su valoración de 3 a 11 puntos), y deja el campo libre a Marco Enríquez-Ominami para continuar su posicionamiento como candidato del centro político dentro de la Nueva Mayoría (y ya no sólo del denominado “progresismo”).

Se equivoca también porque huye de la difícil misión de generar espacios de convergencia dentro de un abanico amplio de visiones, matices, liderazgos que discurren entre el absolutismo dogmático, el personalismo pragmático, la flagelación igualitarista o el liberalismo poco solidario. Una misión mucho más difícil y desafiante que comprende la tarea de conquistar las bases de apoyo de un arcoiris amplio de partidos, dotados de una institucionalidad y diversidad socioeconómica e histórica complejas. Una misión casi titánica comparada con la tarea de generar alianzas y fórmulas de gobierno entre iguales, entre pares noveles de similar procedencia cultural, donde la democracia se concibe desde un sistema elitista competitivo racionalista Schumpeteriano, y no desde una matriz de poder y racionamiento colectivo, comunitarista y participativo.

Se equivoca porque su viraje a la derecha aparece como un intento por eludir el espiral de contradicciones derivadas de su “monserga” de las “buenas prácticas”, y las necesarias explicaciones que hoy debe dar a varios líderes de la Nueva Mayoría que tanto y por tanto tiempo fustigó.

Se equivoca porque la estrategia de los Piñera Boys -como Lily Pérez, Browne o Godoy- que hoy lo reciben con los brazos abiertos, puede estar dirigida a derechizarlo, sacarlo de su domicilio de centro izquierda e instalar como contendor del ex presidente a un rival (inicialmente) más de izquierda como ME-O.

Por último, se equivoca al pensar que el electorado chileno, cada vez más crítico e informado, comulgará y comprará su nuevo status dúctil y “convergente”, dirigido en el discurso a generar consensos sin estigmatizaciones, pero en la práctica a construirse una nueva base de apoyo que lo valide en su versión particular, poco estudiada y mal asesorada del “centro político” electoral.

 

Juan Cristóbal Portales, Investigador Escuela de Periodismo Universidad Mayor.

 

 

JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO