Quizás la gran ventaja que la Concertación sacó a la Alianza en las últimas tres décadas sea que a su izquierda siempre hubo una pluralidad de candidatos hablando, poniendo temas, tanteando, fallando en algunos y acertando en otros. Así, las ideas que hace 30 años eran una excentricidad de un candidato del ala izquierda, hoy son la columna vertebral del Gobierno de Bachelet.
Publicado el 14.03.2017
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En las elecciones de este año, por primera vez la derecha tiene la oportunidad de ofrecer un menú variado a los chilenos. En el sector se dicen amantes de la competencia y la variedad de ofertas para los consumidores, pero la verdad es que a la hora de las presidenciales, son más estalinistas que los soviéticos. Por primera vez, la derecha puede empezar a practicar el sonido estéreo, puede aspirar a ser sinfónica y no monocorde.

Y desde el punto de vista político, esto no puede ser más importante, si lo que se quiere es construir una mínima hegemonía cultural que saque a la derecha de su penoso papel de arroz graneado en un menú que es pensado, cocinado, servido y consumido por la izquierda.

Ya oigo lo reclamos de los que dicen que Manuel José Ossandón y los dos Kast –José Antonio y Felipe– deberían bajarse porque amagan las posibilidades de Piñera de llegar a La Moneda. Esas personas sólo ven a corto plazo y de modo superficial, en el nivel táctico y operativo de la política diaria, cuando el verdadero juego político se da en el largo plazo y en el nivel profundo, aquel del cual el Gobierno es sólo una parte.

Hagamos un juego mental. ¿Qué candidatos había a la izquierda del candidato de la Concertación en cada elección presidencial desde 1989 a la fecha? Compárelo con los que estaban a la derecha del candidato de la Alianza en la misma elección.

  • 1989: A la izquierda de Aylwin, nadie. A la derecha de Büchi, nadie.
  • 1993: A la izquierda de Frei: Reitze, Max Neff y el cura Pizarro. A la derecha de Alessandri, sólo José Piñera.
  • 1999: A la izquierda de Lagos: Hirsch, Sara Larraín y Gladys Marín. A la derecha de Lavín, nadie.
  • 2005: A la izquierda de Bachelet: Hirsch otra vez. A la derecha de Lavín/Piñera, nadie.
  • 2009: A la izquierda de Frei: ME-O y Jorge Arrate. A la derecha de Piñera, nadie.
  • 2013: A la izquierda de Bachelet: ME-O, Sfeir, Claude y Miranda. A la derecha de Matthei, nadie.

 

Quizás la gran ventaja que la Concertación sacó a la Alianza en las últimas tres décadas sea esa: a su izquierda siempre hubo una pluralidad de candidatos hablando, poniendo temas, tanteando, fallando en algunos y acertando en otros. Y en cada elección, llegado el momento, la vocación de mayoría y la ambición de poder los obligaban sentarse en una mesa –sin cámaras de TV– y negociar, transar, hacer política de verdad. Así, las ideas que hace 30 años eran una excentricidad de un candidato del ala izquierda, hoy son la columna vertebral del Gobierno de Bachelet.

¿Se acuerda dónde estaba la infame retroexcavadora el año 1993? ¿Había algún chiflado en 1989 postulando que en vez de educar a los niños había que bajarlos de los patines? Ideas que hace 25 años parecían ridículas, hoy son ejes centrales del Gobierno. Con otras palabras si se quiere, pero las ideas son las mismas. Afinan la puntería, matizan un aspecto, transan otro, pero las ideas de la izquierda pasan de una generación a la otra; se comportan como los genes de un ser vivo.

En la derecha, en cambio, el panorama es otro. Eligen candidatos a balazos; hacen duelos, no primarias. El único que queda vivo aparece en la papeleta. Como los malos ajedrecistas, que no saben hacer un jaque mate, la derecha cuando gana es porque arrasó con todas las fichas del rival. Sobrevive el que consume todo el oxígeno de la habitación. Y sus ideas no han cambiado mucho desde la primera vez que una linda curva de oferta se cruzó con una curva de demanda y dieron a luz a un precioso punto de equilibrio.

Hoy, por primera vez, gracias a que un grupo de académicos e intelectuales y unos pocos políticos se han sentado a pensar, escribir, leer y conversar, por primera vez la derecha tiene la posibilidad de aspirar a que en 25 años más, haya muchas ideas atractivas en una oferta genuinamente política para los chilenos. Ese es el gran valor de las candidaturas de los dos Kast y de Ossandón, de los libros que han publicado Kaiser, Ortúzar, Herrera, Mansuy, Arenas, Oppliger y Guzmán, Urbina y Ortúzar, y de documentos como el Manifiesto por la República y el Buen Gobierno.

 

José Agustín Muñiz Viu, periodista y magíster en Comunicación Estratégica UC

@jose_muniz

 

 

Foto: FRANCISCO SAAVEDRA/AGENCIAUNO