Allí donde Sebastián Piñera busca asociar cada una de sus acciones y promesas a un valor compartido, Felipe Kast discurre en sentido contrario: propone un trío de valores compartidos (libertad, justicia-como-igualdad de oportunidades, y mérito) y los aplica a distintos aspectos de la realidad. Piñera tiene un excelente maletín de herramientas y, luego, busca dónde usarlas; Kast busca primero dónde faltan libertad, oportunidades o meritocracia y después ve qué acciones hay que tomar.
Publicado el 07.05.2017
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“Cuando despertó, el candidato todavía estaba allí”

Intervención a “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso

 

Para los que nos gusta analizar el discurso de los candidatos, la semana pasada fue un placer. Ya hay al menos dos –Sebastián Piñera y Felipe Kast– que han publicado sus propuestas de campaña y están articulando un verdadero “discurso”, un modo propio de discurrir políticamente, aun cuando no estemos todavía en presencia de un genuino relato político.

La consistencia del discurso y la presencia de un relato político no tienen nada que ver con la bondad de las propuestas de los candidatos; nadie vota de acuerdo a ese resultado, sino que construye explicaciones biensonantes para justificar una decisión que ya tenía tomada de antes. Y como mostró Augusto Monterroso en su cuento El dinosaurio, no se requieren muchas palabras para tener un relato.

Ni yo ni nadie de la centroderecha le va a enseñar a Sebastián Piñera a ganar campañas; por algo es el único de ese sector político que ha ganado una elección presidencial desde 1958. Pero sí puede aprender a articular su discurso como un relato. Y para ello no importan tanto los datos ni los hechos; importa el marco temporal, valórico y de sentido en que los hechos y datos se insertan. Los datos y los hechos sólo adquieren sentido puestos en un marco mental en la cabeza de un ser humano vivo.

Esto, que en los oídos de la centroderecha suena contraintuitivo –datos y hechos son sagrados–, se observa con claridad en una entrevista a Gonzalo Blumel, el coordinador de la campaña del ex Presidente: “Prometer sólo lo que se puede cumplir”. Loable iniciativa y muy inteligente, dado que Piñera lidera la carrera y su principal falencia es el eje de la confianza. ¿Pero quién dijo que la labor de un candidato a la Presidencia es sólo hacer promesas? Un candidato se propone metas y, a la vez, nos propone horizontes. Cuando Piñera muestra sus “Propuestas,” sólo nos deja mirar un diálogo que sostiene consigo mismo y los que lo acompañarán en el Gobierno; no nos habla a los chilenos.

Las metas son fijas y son suyas; el horizonte se mueve con nosotros. Las metas las cumplen los responsables; en cambio el horizonte es una invitación en la que yo también estoy incluido. Si el país crece o no –como dice Piñera que lo hará–, pues bien por él. Pero si el crecimiento económico tiene algún sentido para nosotros, entonces a mí también me importa (y ese detalle, la derecha no lo ha logrado justificar en términos discursivos todavía). Si Piñera quiere inaugurar una serie de Gobiernos de centroderecha en Chile, entonces debe proponer horizontes, no metas.

Al lado tenemos a Felipe Kast que, allí donde Piñera se queda corto, él casi se pasa de largo: nos invita a caminar hacia un horizonte y extiende la invitación harto más lejos que los cuatro años a los que aspira. Eso es valiente y políticamente necesario si quiere inaugurar una tradición. Se nota en sus propuestas y entrevistas la marca atávica de la derecha de intentar seducirnos con crecimiento económico. Pero también se ve claro que hay un trabajo por articular discursivamente sus propuestas. ¿Qué es esto? Allí donde Piñera busca asociar cada una de sus acciones y promesas a un valor compartido, Kast discurre en sentido contrario: propone un trío de valores compartidos (libertad, justicia-como-igualdad de oportunidades, y mérito) y los aplica a distintos aspectos de la realidad. Piñera tiene un excelente maletín de herramientas y, luego, busca dónde usarlas; Felipe Kast busca primero dónde faltan libertad, oportunidades o meritocracia y después ve qué acciones hay que tomar.

Eso es un gran avance político para la derecha, porque implica “desenamorarse” de algunas herramientas que se usaban por defecto, y porque se abandona la tecnocracia y se entra en el campo contingente de la política.

¿Dónde cojea Felipe Kast? Muchas propuestas están pensadas para destacar lo que el Estado hace y no lo que el ciudadano obtiene; explican el proceso y no el resultado; el agente es el funcionario y el paciente es el ciudadano. Ejemplo: “lucha contra la delincuencia” es lo que hace el Estado, “seguridad ciudadana” es lo que siente y experimentan los vecinos. La política pública puede ser la misma, pero en la primera forma nosotros no vemos nada.

¿Qué les falta a los dos candidatos para tener un relato? A grandes rasgos, responder a la pregunta “¿y por qué tú?” ¿Por qué Chile te necesita a ti, Sebastián, a ti, Felipe, en La Moneda? ¿Por qué debería yo caminar contigo y no otro hacia el horizonte que señalas?

 

José Agustín Muñiz Viu, periodista y magíster en Comunicación Estratégica UC

@jose_muniz

 

 

FOTO: DAVID CORTES SEREY/AGENCIAUN