La elite chilena todavía no se pega el alcachofazo de que la causalidad va en sentido contrario: ellos no son confiables, no se merecen nuestra confianza. Al hablar de “crisis de confianza” pareciera que culpan al ciudadano desconfiado por un capricho o pataleta porque se le atravesó el desayuno. En Chile no hay crisis de confianza; hay crisis de confiabilidad.
Publicado el 20.04.2017
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“Nadie nos prometió un jardín de rosas,

hablamos del peligro de estar vivo”.

Fito Páez, Al lado del camino

 

Le oí a un viejo marino una vez que “con viento todos navegan; sin viento, sólo los marinos”. No sé si será cierto, pero me acordé de esta frase mientras hacía un recuento rápido de las lágrimas vertidas sobre la confianza perdida en nuestro país. El listado es largo.

Dimos por supuesta la confianza. Estaba ahí, como parte del paisaje. Nadie se preocupó de ella hasta que los engranajes de todos los sistemas giraron en banda. Ningún ideal colectivo de ninguna clase tiene tracción suficiente como para mantener viva esta ficción colectiva que llamamos Chile. Un sociólogo me comentaba que en el discurso de todas las generaciones hay referencias a algún ente colectivo que genera sentido de pertenencia, y que mientras más referencias colectivas están disponibles, más confianza experimentan los individuos. Pero en el discurso de la generación de jóvenes de hoy sólo aparecen dos referentes colectivos: la “Roja” y la Teletón. La familia desapareció como colectivo genérico y ahora sólo nos importa nuestra familia, la propia.

Acumulo recortes y referencias de la prensa en que la elite que se queja por la “crisis de confianza”, como si fuera culpa de uno no creerles. La elite chilena todavía no se pega el alcachofazo de que la causalidad va en sentido contrario: ellos no son confiables, no se merecen nuestra confianza. Al hablar de “crisis de confianza” pareciera que culpan al ciudadano desconfiado por un capricho o pataleta porque se le atravesó el desayuno. En Chile no hay crisis de confianza; hay crisis de confiabilidad.

Hasta donde puedo ver, el que mejor ha captado esto en Chile es José Andrés Murillo con su libro “Confianza lúcida”, quizás haya otros.

El problema es tremendo: Felipe Magofke mostró en este diario que el Gobierno chileno no confía en los ciudadanos y no quiere crear valor compartido; un importante referente gremial podría ser encabezado por un empresario cuya empresa está siendo investigada por coludirse; la próxima elección presidencial se va a ganar por walk over. Pero también hay brisas que algunos marinos están sabiendo aprovechar: el escándalo en Carabineros de Chile parece estar siendo asumido sin contemplaciones y Alfredo Moreno en la CPC está buscando en el lugar correcto: en la sociedad civil –“encontrarse, conocerse, saber del otro y de sus necesidades, y también de sus miedos”.

Quiero dejarle una sola idea. La próxima vez que oiga a alguien en la tele hacer un llamado a recuperar las confianzas perdidas, acuérdese de mí. ¡Ese no es el camino! La confianza se gana, la confiabilidad se construye. Cito el libro de Murillo: “La fragilidad de la confianza es su propia garantía y seguridad: si alguien la impone, la exige o la manipula, entonces la destruye”. De esto concluyo que hay una y sólo una manera de construir confiabilidad: haciéndose vulnerable. El que está en la posición de poder debe hacerse vulnerable y dar la oportunidad al que está en la posición de debilidad de dañarlo.

Una sola observación más: no siempre el que está jerárquicamente más arriba es el que tiene el poder; a veces lo tienen los que parecen débiles, sometidos o explotados. Imagínese en esta lógica, y sólo a modo de ejemplo, lo distinta que podría haber sido la negociación entre los sindicatos y la minera Escondida.

 

José Agustín Muñiz Viu, periodista y magíster en Comunicación Estratégica UC

@jose_muniz