La versión negativa de la libertad no da muchos frutos, al menos en términos empresariales; no nos llena como personas, ni como empresarios ni como sociedad. En cambio, la genuina concepción de la libertad empresarial como servicio al bien común nos une, y nos abre un inmenso abanico de posibilidades para el despliegue de la creatividad, del encuentro y de la solidaridad, sacándonos del individualismo y llevándonos a un crecimiento integral.
Publicado el 21.01.2018
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El Papa Francisco ya se fue y, como era previsible, nos dejó muchas cosas para pensar e innumerables frases para recordar. Hay una que me sigue dando vueltas en la cabeza y no porque fuera novedosa, pues ya la había escuchado antes, sino porque se me había olvidado lo importante que era, aunque a primera vista parece un mero juego de palabras.

Es una frase de San Alberto Hurtado, fundador de USEC junto con un grupo de jóvenes emprendedores de la época. Dice: “Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien”.

Primero parece un trabalenguas; después, una exageración. ¿No le estará poniendo mucho el Papa? ¡No, pues! ¡Tiene toda la razón! La primera mitad de la frase -abstenerse de hacer algo malo-  convengamos en que, en general, no es algo que nos llene la vida y nos haga crecer como personas. “Está muy bien no hacer el mal”, pero la libertad es mucho más que eso. Esto es lo que podríamos llamar la versión negativa de la libertad: no haga daño, elija no hacer el mal. Haga su vida y no se meta con el resto. Una libertad que termina siendo bastante pobre y limitada, porque se encierra y se agota en sí misma; una libertad que se considera un fin y no un medio para alcanzar algo que nos ayude a ser más plenos.

La segunda mitad de la frase del Papa y de San Alberto Hurtado es lo que podemos llamar la versión positiva y trascendente de la libertad: buscar el bien proactivamente, saliendo de nosotros mismos al encuentro de los demás. Este es el sentido más profundo de la libertad, al que nos invita el cristianismo: querer y buscar el bien de todos (incluido el propio), como razón de ser de nuestras conductas y elecciones libres.

En clave empresarial, esta frase permite distinguir por una parte la concepción de libertad que alimenta al liberalismo ideológico y, por otra, la concepción de libertad que encontramos en una economía social de mercado.

El liberalismo como ideología cae en un individualismo que se encuadra con la primera parte de la frase de San Alberto Hurtado y del Papa Francisco. El sentido negativo de la libertad es aquel que postula que lo importante es elegir libremente sin importar aquello que perseguiste al elegir. Esto, que escuchamos a diario en la vida cotidiana –“Yo soy libre de elegir, no se meta en mi vida”–, no permite ningún tipo de organización sustentable en el tiempo, ni construir una comunidad de personas, ya que no reconoce la naturaleza social del hombre.

En cambio, la idea positiva de elegir libremente hacer el bien al otro permite desarrollar la noble vocación empresarial y tiene la ventaja de ser concreta y fácil de recordar. ¿Por qué hacemos lo que hacemos todos los días? ¿Por qué nos levantemos temprano en la mañana? ¿En qué causas me involucro? ¿Me contento con la comodidad mínima de mi metro cuadrado o busco salir al encuentro del otro y tratar de solucionar problemas, aunar voluntades y servir a los demás? Esta última es la noble vocación que muchos han volcado en el mundo de la empresa y que inspiró el compromiso de más de dos mil hombres y mujeres de empresa que asumieron la invitación de USEC con motivo de la visita del Papa Francisco, para vivir su actividad empresarial como un llamado a humanizar la empresa.

En la práctica concreta de la vida real, mi experiencia es que la motivación principal de las personas que emprenden y crean empresas valiosas y trascendentes en el tiempo es la de servir. La mayoría son personas que vieron una necesidad en la sociedad y decidieron abordarla mediante una empresa, creando valor para la sociedad y que reciben de ella una retribución económica por su aporte a los demás, por su servicio al bien común. Su propósito primero es servir a los demás y, al hacerlo bien, crean valor para la comunidad y con ello obtienen una legítima ganancia.

El matiz del Papa y San Alberto Hurtado no es menor. La versión negativa de la libertad no da muchos frutos, al menos en términos empresariales; no nos llena como personas, ni como empresarios ni como sociedad. En cambio, la genuina concepción de la libertad empresarial como servicio al bien común nos une, y nos abre un inmenso abanico de posibilidades para el despliegue de la creatividad, del encuentro y de la solidaridad, sacándonos del individualismo y llevándonos a un crecimiento integral.

 

Ignacio Arteaga E., presidente Unión Social Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO