El cambio de gobierno supone una buena oportunidad para que la derecha se valide en un terreno en el que es percibida como débil o ausente: la llamada “agenda cultural”. Proponer algo distinto es arriesgarse al error, y es sabido que en política a veces conviene repetir una fórmula vieja, pero segura. Sin embargo, hay buenas razones para tomar otro camino.
Publicado el 16.01.2018
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Hoy se vota la iniciativa del oficialismo que crea la señal cultural de TVN. Tras la reciente renuncia de los representantes de Chile Vamos al directorio, algunos parlamentarios del sector han dado a entender que votarán en contra de la iniciativa, alegando una mala gestión y la incapacidad del canal para asumir funciones adicionales.

Al margen de la votación que efectivamente alcance la propuesta, el cambio de gobierno supone una buena oportunidad para que la derecha se valide en un terreno en el que es percibida como débil o ausente: la llamada “agenda cultural”. Por un asunto de incentivos, podríamos pensar que al sector no le conviene innovar demasiado en esta materia. Proponer algo distinto es arriesgarse al error, y es sabido que en política a veces conviene repetir una fórmula vieja, pero segura. Sin embargo, hay buenas razones para tomar otro camino.

Una alternativa consiste en el empalme entre cultura y otros nichos sectoriales. El Presidente electo sabe que existen ciertas agendas –como educación– que deberán forzosamente experimentar cambios, pues sobre ellas pesa una fuerte expectativa de la opinión pública. Y como se ha dicho en varias ocasiones, es bastante problemático que la agenda de cultura (trátese de nuevos ministerios, canales de televisión, o lo que sea) no tenga ninguna relación con las propuestas de educación. En principio, entonces, es conveniente tender puentes entre ambas.

La tarea en sí es compleja. Coordinar agendas no es sencillo, pues a veces eso puede generar interferencias o dar lugar a políticas muy difíciles de evaluar. Asimismo, hay intereses e incentivos contrapuestos entre distintos órganos públicos, por lo que esta clase de vínculos no siempre produce situaciones armónicas o virtuosas. Pero parece demasiado improbable que la vinculación prácticamente nula que existe hoy se deba sólo a esto. Quizá la crisis que pesa sobre la educación sea una buena oportunidad para integrarla con (y potenciar) la agenda de cultura.

Una segunda razón tiene que ver con las expectativas sobre la derecha misma. Aunque coincide con un período turbulento para la Nueva Mayoría, las probabilidades de Chile Vamos de seguir en el gobierno dependen en buena medida de su capacidad de hacer algo distinto. Se ha dicho hasta el cansancio que Sebastián Piñera no puede repetir los errores de su primer gobierno, y proponer una agenda cultural novedosa es una buena oportunidad de llamar la atención por algo distinto.

Replicar los viejos sesgos sectoriales en la agenda de cultura no es buena estrategia. Como sostuvo el escritor Álvaro Bisama, al hablar de programación cultural nos imaginamos a una señora preparando una cazuela en un pueblo perdido. No es necesario que las agendas se separen en temas de “izquierda” o de “derecha”, pero ello puede suceder en la práctica si un sector no es capaz de formar un diagnóstico propio y lograr una fórmula original y creativa. Aquí hay una oportunidad, entonces, para hacer algo diferente.

 

Santiago Ortúzar, investigador Instituto de Estudios de la Sociedad

 

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO