El gobierno debe salir a recuperar el control de la agenda con una estrategia que combine el liderazgo presidencial, las soluciones creíbles y un mensaje que vuelva a conectar directamente con la ciudadanía. Fue así cómo ganó la pasada elección.
Publicado el 16.05.2018
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Después de un excelente mes inicial en que el gobierno demostró solidez, experiencia y claridad en las prioridades, ha venido un segundo mes con ruidos, problemas y algo de confusión en la agenda gubernamental. Se ha generado un ambiente de opinión pública más bien pesimista, que La Moneda debe enfrentar y revertir lo antes posible si quiere retomar su aspiración de ofrecer tiempos mejores a los chilenos y de proyectar su obra hacia el futuro.

La buena noticia es que el gobierno del Presidente Sebastián Piñera cuenta aún con un sólido apoyo ciudadano, que le permite encauzar sus acciones para retomar liderazgo de la agenda. Más aún, la figura presidencial mantiene un respaldo mayor que el de su gabinete, básico para avanzar en la agenda pro clase media que tanto ha promovido Chile Vamos desde la campaña pasada.

¿Cuáles fueron los aciertos del primer mes y cuáles han sido los problemas del segundo? Es difícil pretender simplificar aciertos y errores en una sola idea, pero aquí va un intento audaz por lograrlo: el éxito del primer mes de gobierno se dio por hablarle directo a la ciudadanía sobre sus temas y sus prioridades, involucrando a todos los actores políticos que quisieran ser parte de ese diálogo. Los problemas empezaron cuando, en vez de hablarle directo a la ciudadanía, y en medio de la refriega por hitos políticos de alta connotación pública, la coalición de gobierno empezó a hablarle más a la política y menos a los ciudadanos como destinatarios principales de su mensaje.

Se ha generado un ambiente de opinión pública más bien pesimista, que La Moneda debe enfrentar y revertir lo antes posible si quiere retomar su aspiración de ofrecer tiempos mejores a los chilenos y de proyectar su obra hacia el futuro”.

Cuando el Presidente señaló que su prioridad eran los niños y que dedicaría su energía a ese tema, no le estaba hablando a la oposición, sino a la ciudadanía. Era tema de la oposición si se sumaba o no a la cruzada por trabajar esa causa, cuestión que mayoritariamente hizo. Lo mismo cuando Piñera señaló su convocatoria a enfrentar la inseguridad y la delincuencia.

Pero pasado el primer mes, la oposición optó por atacar duramente al gobierno, y más que hablar de temas ciudadanos, instaló un debate sobre conductas y actitudes. El Ejecutivo y su coalición política entraron en ese debate, dejando en un plano secundario la agenda de crecimiento, empleo y sentido común que tanto demanda la ciudadanía, y especialmente la clase media.

Es cierto que en todo gobierno suceden cosas sobre la marcha, ya sea por errores propios o por cuestiones externas fuera de su control. Nadie puede pretender que eso no ocurra. Lo relevante es responder adecuadamente ante dichos eventos y mantener la hoja de ruta de aquello que constituye el centro de la acción política de un gobierno. Ahí está el desafío central.

El anuncio del lunes recién pasado -hecho en La Moneda- de una agenda pro inversión y una unidad para gestionar proyectos sustentables, es un intento serio por retomar la agenda que permitió a Chile Vamos ganar la elección presidencial. Pero se requiere mucho más que eso.

El gobierno puede retomar el control de la agenda pública. Para ello existen, a mi juicio, tres elementos a observar: liderazgo, soluciones creíbles, y un mensaje que apela al sentido común ciudadano.

Sin duda la cuenta anual del 1 de junio, en apenas dos semanas, puede ser un momento relevante para dar un golpe de timón y ejercer liderazgo”.

En cuanto a lo primero, es momento de ejercer el liderazgo presidencial. El Presidente Piñera cuenta con una base firme de apoyo, está mejor evaluado que su gabinete, hizo una campaña centrada en el sentido común, la moderación y la recuperación del progreso de Chile para la clase media, y tiene la audacia para actuar en momentos complejos. Sin duda su cuenta anual del 1 de junio, en apenas dos semanas, puede ser un momento relevante para dar un golpe de timón y ejercer liderazgo. Hablar con franqueza para reconocer dificultades, mostrar convicción en las prioridades, demostrar fuerza y empuje para sacar los temas adelante.

El segundo elemento son las propuestas, o las soluciones creíbles y posibles. Después del segundo gobierno de Michelle Bachelet, los chilenos ya experimentaron que no hay soluciones mágicas ni recetas inmediatas. Los problemas de Chile son complejos y se resuelven trabajando duro, definiendo prioridades y avanzando gradualmente. En ese sentido, el gobierno debe volver a mostrarles a los chilenos cuáles son las prioridades de su trabajo, qué espera lograr en cada área al final del primer año y al final de su período, y cómo llevará adelante paso a paso los compromisos adquiridos en su programa, aquel que conectó de buena forma con votantes moderados y de clase media. Crecimiento económico para generar más oportunidades; mejores sueldos y trabajos; urgencia en la infancia temprana; calidad en la atención de salud y educación; y respuestas innovadoras ante la delincuencia, son el ABC de las prioridades que contribuyeron al triunfo de este gobierno. Y como los recursos son limitados, hay que priorizar y explicar a la ciudadanía el porqué de las prioridades.

Por último, el mensaje y el lenguaje. Tal vez el reciente anuncio sobre facilitación de la inversión es un buen ejemplo. Para lograr conectar con la ciudadanía, el gobierno debe pasar del lenguaje de lo macro a la realidad de lo micro; de explicar cuántos proyectos de inversión se pueden aprobar, a comunicar cómo esta iniciativa va a mejorar los sueldos en una determinada comuna o región, o a mejorar su calidad de vida hacia el futuro. Darles sentido real, concreto y humano al crecimiento y a la inversión: ése es el sentido de pasar de un mensaje a nivel macro a un mensaje que aborde la realidad en lo micro.

Empuñando con convicción esas tres armas, el gobierno debe salir a retomar el control de la agenda.

 

Ernesto Silva, abogado, doctor en Ciencia Política (U. Autónoma de Madrid) y master en Políticas Públicas (U. de Chicago)

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRÁN GAETE/AGENCIAUNO