A la luz de los resultados de las encuestas Adimark, Cadem y UDP, la Presidenta no necesariamente está saliendo del averno de la impopularidad en el que lleva buena parte de su segundo gobierno. Cualquier pequeño repunte desde las profundidades del 30% es humo y bosquejar cierto agasajo por ello es preocupante y triste.
Publicado el 07.11.2015
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Esta semana se dieron a conocer tres encuestas de opinión cuyo peor efecto fue el de ilusionar a los románticos con un repunte en la aprobación al desempeño de la presidenta Michelle Bachelet. Algunos incluso hablaron de una “salida del infierno”.

Sin embargo, una lectura sosegada de las tres mediciones hace ver que cualquier festejo e incluso mueca de alegría es una sobrerreacción torpe.

En primer lugar, la entrega mensual de Adimark muestra un aumento de cuatro puntos en la aprobación a la Mandataria, alcanzando el 29%, mientras su desaprobación baja hasta el 67%. ¿Encendemos los fuegos artificiales? No aún.

La medición también entrega otros resultados que conviene revisar antes de esbozar algo de placidez. Por ejemplo, el atributo en el que más destaca Bachelet es en la percepción de su capacidad para enfrentar una crisis. Dicha medida debe leerse por ambos costados, pues esconde además un aumento cierto de la percepción ciudadana de que actualmente se vive una crisis. De hecho, un 92% de los encuestados desaprueba el modo en el que el Ejecutivo ha manejado la delincuencia, un 86% la corrupción y un 80% el tema mapuche. Las relaciones internacionales, eterno corcel blanco de un mandatario chileno, es el único asunto que más de la mitad de la ciudadanía considera que Bachelet conduce de manera indicada.

La misma encuesta de Adimark sostiene una tendencia ya crónica del primer gobierno de la Nueva Mayoría, que es el desconocimiento que hay de unos cuantos ministros y el que la mitad del gabinete tiene más desaprobación que aprobación ciudadana. En ese sentido, que el “equipo ministerial” subiese un punto en su aprobación respecto al mes anterior es insignificante.

Cadem, en tanto, y como todas las semanas, entregó su propia medición de opinión, la que, leída a tontas y locas, también muestra un aumento en el apoyo a Bachelet de cinco puntos en su medición, alcanzando el 28% de aprobación. Sin embargo, este sondeo, cuya entrega es puntualmente todos los lunes, muestra que respecto a la semana pasada ese respaldo realmente descendió en un punto, mientras que el del gabinete lo hizo en cuatro. Por tanto, poco que festejar si se sigue leyendo el sondeo como se ha venido haciendo semanalmente.

La Universidad Diego Portales, en tanto, entregó su sondeo anual, la que expone un escenario con más perspectiva, lo que hace que cualquier modificación respecto al sondeo anterior sea sumamente notoria.

Efectivamente, Bachelet obtiene –igual que en Adimark– un 29% de aprobación, 15 puntos menos que hace un año, mientras el 64% desaprueba su gestión, 20 puntos más que el 2014. La variación en ambos índices es, por decirlo de algún modo, grotesca y nada alentadora.

Este mismo sondeo brinda otro dato interesante, y es que más de la mitad del país considera que es el gobierno el principal responsable de la situación económica actual.

Queda en evidencia que las encuestas, a la rápida, pueden ser leídas de cualquier modo, por lo que es importante que al menos los medios de comunicación se tomen la molestia de ponderar ese apuro de los políticos con una lectura entendida y sosegada.

A la luz de los resultados de las encuestas Adimark, Cadem y UDP, la Presidenta no necesariamente está saliendo del averno de la impopularidad en el que lleva buena parte de su segundo gobierno. Cualquier pequeño repunte desde las profundidades del 30% es humo y bosquejar cierto agasajo por ello es preocupante y triste.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO