La pugna entre un modelo republicano y uno populista tiene lugar en varios países de nuestra región. Chile no está necesariamente libre de ello.
Publicado el 25.11.2015
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En las últimas semanas me tocó participar en el II Foro de Iberoamérica Líder, celebrado en Guayaquil, Ecuador. Este encuentro reunió a jóvenes representantes de diversos países de la región para discutir sobre libertad, democracia y Derechos Humanos. Dada la peculiar realidad latinoamericana el foco de atención se concentró en los procesos eleccionarios que vivirían prontamente Argentina y Venezuela, sin perjuicio de analizar los caminos populistas que llevan otros países.

Si tuviéramos que resumir lo que está en juego en muchas sociedades latinoamericanas, ya sea en mayor o menos medida, esto sería la dicotomía entre República y populismo.

Por un lado la República, fundamentada en el imperio de la ley y la consideración de que todas las personas son iguales ante ella, con un sistema institucional robusto frente a los vaivenes políticos coyunturales, en el que el poder se encuentra despersonalizado y por eso mismo dura un tiempo limitado. Por otro lado el populismo, una manifestación moderna de demagogia a través de la cual se subordina la ley al interés de algunos. Siguiendo la clásica clasificación de Aristóteles, la demagogia constituye la forma corrupta de democracia y allí es donde “los aduladores del pueblo tienen gran partido” (Aristóteles, Política, Libro sexto, capítulo IV).

Por la elección entre estos dos modelos, resultan tan relevantes los comicios presidenciales recientes en Argentina y las elecciones legislativas en Venezuela el próximo 6 de diciembre. En ellas no se juega un aumento o rebaja de impuestos o la dotación policial en las calles. Lo que está en juego es el modo de vinculación y la forma cómo entendemos la comunidad política.

El triunfo de Mauricio Macri fue celebrado ampliamente en el país trasandino no tanto por la diferencia electoral (Macri obtuvo 51,40% de los votos frente al 48,6% de Scioli), sino por lo que representa la victoria de la coalición Cambiemos. Muchos argentinos reconocían que más que el triunfo de un candidato celebraban el triunfo de la República luego de 12 años de gobierno de la familia Kirchner, de marcado sello personalista y populista.

En este sentido se planteó “Cambiemos”, una coalición política amplia, que reunió a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, al PRO de Macri y a la Unión Cívica Radical de Ernesto Sanz. Supieron trabajar unidos en la diversidad, precisamente por la importancia de lo que está en juego en el país transandino.

Las señales en Argentina ya han comenzado. Los que tuvimos el privilegio de escuchar al Presidente electo el domingo pasado en el búnker de Cambiemos, pudimos presenciar un discurso centrado en la recuperación de la confianza, del deseo de vivir en paz social, la valoración del trabajo, el respeto por el que piensa distinto y la promesa de trabajar para todos los argentinos y no sólo para quienes votaron por él o para las clientelas políticas.

En materia de designación de cargos, Mauricio Macri ha anunciado que completará los nombramientos de la Corte Suprema con personas que no sean ni amigos ni conocidos suyos, mientras en materia de información o transparencia ya se enfrentó a una conferencia de prensa de más de 50 minutos con periodistas, algo totalmente abandonado por la Presidenta Cristina Fernández, quien en dos períodos presidenciales optó por los discursos y cadenas nacionales más que por enfrentarse cara a cara a los medios de comunicación y a la ciudadanía. Por último, el nuevo Presidente ha pedido que se “sincere” la información oficial respecto a los ministerios, los acuerdos con China o Rusia y las cifras económicas (tan importantes como cesantía o inflación, por ejemplo).

Otra elección importante tendrá lugar el 6 de diciembre en los comicios legislativos venezolanos, en que si todo ocurre limpiamente la oposición debiera obtener más del 55% de los votos según la encuesta Datanálisis. El triunfo de la oposición permitirá restringir las facultades legislativas que hoy tiene el régimen de Maduro y cimentar las opciones presidenciales de una coalición que reúne a diversos sectores políticos desde la centroderecha hasta la izquierda democrática.

La pugna entre un modelo republicano y uno populista tiene lugar en varios países de nuestra región. Chile no está necesariamente libre de ello. Por eso urge recuperar la confianza en nuestras instituciones, propiciar un ambiente de amistad cívica y de respeto por el que piensa distinto, una cultura de responsabilidad política y un genuino espíritu de coalición que una a todos los afines en la promoción y defensa de nuestra república.

 

Julio Isamit, coordinador general de Republicanos.

 

FOTO: WWW.BUENOSAIRES.GOB.AR

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