Es probable que la izquierda moderada vea las cosas hoy de forma menos apasionada y más democrática, e interprete un triunfo de Piñera como una oportunidad para volver a definirse y construir un programa gubernamental sólido, serio y viable. Chile necesita reencontrarse para retomar el progreso y el desarrollo. Para esto se requieren las fuerzas de izquierda, centro y derecha. Pero sensatas, desde luego.
Publicado el 19.09.2017
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Ahora que se acerca el fin del gobierno de la Nueva Mayoría y las encuestas proyectan como futuro Presidente a Sebastián Piñera (aunque dos meses en política constituyen una eternidad, y nada queda definido antes del conteo del último voto), repaso mentalmente el clima del período final de la administración Michelle Bachelet I: Corría el último trimestre de 2009. Tal como ahora, la centroderecha intuía que en marzo de 2010 llegaría a La Moneda, y la izquierda que saldría del palacio.

En el informe al Congreso de 2007, Bachelet dijo que sus años en el poder “han sido años fructíferos, porque no hemos permitido que nadie olvide las lecciones que nos deja nuestra historia y porque hemos cuidado lo que nos costó tanto recuperar”, y agregó que “todos los sectores han contribuido a consolidar una convivencia basada en el diálogo, el respeto al marco constitucional y legal y la voluntad de coincidir en los asuntos fundamentales”. Si bien la economía crecería al menor ritmo desde el retorno a la democracia, su visión de país y la responsabilidad fiscal de su equipo económico, liderado por Andrés Velasco, no permitía imaginar el retorno, en 2014, de una Bachelet con aspiraciones rupturistas y refundacionales para Chile.

Pero yo hablaba del clima político de hace ocho años. Por un lado, quedó entonces de manifiesto que el triunfo fue cosechado en gran medida por Piñera, quien sumó un macizo caudal al voto más o menos tradicional de la derecha y centroderecha. En algún momento, Piñera recordó que su triunfo se debió a que logró aportar más de dos millones de votos al sector. Y esto es importante tenerlo en cuenta hoy. El plus que entrega el ex Presidente al sector implica a la vez expectativas y sueños.

Por ello, y para buscar una base de apoyo más vasta, una de las tareas de un eventual nuevo gobierno de Piñera consistirá en abrirse hacia el centro, recuperar el diálogo nacional, limar asperezas, rebajar los decibeles de la polarización y rescatar la política de los acuerdos, que perdió brillo, no en última instancia por el desprecio que comenzó a sentir por ella la izquierda concertacionista, hoy nueva-mayorista. Es evidente que la clase política chilena no puede seguir polarizándose y que se hará necesario un tendido de puentes para enfrentar los desafíos del país.

El debilitamiento de la socialdemocracia mundial y los ataques de la Nueva Mayoría contra la sensibilidad socialdemócrata en Chile, así como la pérdida de identidad y la división de la Democracia Cristiana, están dejando un vacío en el centro, o bien, a centristas sin representación dentro de la Nueva Mayoría. Tanto los liberales como un ala de Renovación Nacional y Sebastián Piñera, pueden conquistar ese caudal. Se trata de sectores vulnerables, que vienen saliendo de la pobreza, tienen deudas y sienten lo mal que va la economía, gente que desea un Presidente (no importa que sea de derecha) que reimpulse la economía,  muestre sensibilidad social, impulse el reencuentro  y aspire a un Chile más justo y digno. Si Piñera, Chile Vamos y los liberales independientes logran convertirse en referentes de esta constelación poco amante de experimentos, colectivismos y socialismos siglo XXI, Chile puede ganar en estabilidad, sensatez y previsibilidad, y la centroderecha aspirar a más de un mandato.

Un dato no menor: la izquierda parece resignada a un eventual triunfo de Piñera. Bien vistas las cosas, sus planteamientos hoy no giran en torno a programas para un futuro gobierno de Nueva Mayoría o Frente Amplio, sino a la búsqueda de frágiles acuerdos para crear una UP 2.0, más la DC, que evite el triunfo de Piñera. Como lo confesó la presidenta de la CUT: “Nuestro trabajo es evitar que la derecha vuelva a gobernar”. Eso implica que esas fuerzas compiten no para ganar, sino para que pierda su contendor principal. Compiten no para construir un Chile mejor, sino para evitar que el contendor pueda llegar a construir un Chile mejor. Es esto lo que genera una campaña atomizada y sin contenidos de la izquierda, y permite suponer, a partir de marzo del 2018, una oposición dividida y populista.

Observo hoy un cambio en el oficialismo: en 2009 éste interpretaba un eventual triunfo de la centroderecha como un indigno despojo del poder. En 20 años de ejercicio del gobierno se habían acostumbrado tanto a “las mieles del poder” (como decía Fidel Castro), que creían que ya habían apartado per secula a la centroderecha de él.

Hoy sectores de la izquierda moderada y renovada no pecan de tanta soberbia, y parecen estar más llanos a aceptar la alternancia en el poder y a mirar con espíritu democrático el cierre de una fase que no prosperó: el bacheletismo jacobino. La izquierda moderada intuye que dejar el gobierno y pasar a los cuarteles de invierno le permitirá una pausa (que bien puede ser de ocho años) para redefinir su identidad, hacer el inventario de las pérdidas a nivel nacional y mundial, y aclarar qué ambiciona para el país, quiénes serán sus íconos y cuáles sus lecturas predilectas, más allá de sus orígenes épicos y utópicos. Por cierto, recuperar y cultivar la proyección del estadista Ricardo Lagos debería ser una de sus tareas.

A mediados de 2009 un embajador concertacionista, por lo general un hombre pausado y flemático, me advertía, irritado por la posibilidad de que Piñera llegara al poder: “Debes saberlo: ni Piñera ni nadie de la derecha o la centroderecha llegará  jamás al poder en Chile. No llegarán ellos, ni tampoco sus hijos, porque estos también deben pagar por lo que hicieron sus padres”.

Es probable que la izquierda moderada vea las cosas hoy de otro modo, de forma menos apasionada y más democrática, e interprete un triunfo de Piñera como una oportunidad para volver a definirse y construir un programa gubernamental sólido, serio y viable. Chile necesita reencontrarse para retomar el progreso y el desarrollo. Para esto se requieren las fuerzas de izquierda, centro y derecha. Pero sensatas, desde luego.

 

Roberto Ampuero, #ForoLíbero

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

 

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