Las reformas laborales que serían necesarias en Chile en un momento de desaceleración económica son otras.
Publicado el 18.09.2014
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La economía chilena vive su momento más oscuro en muchos años. Que el crecimiento del PIB llegue a menos de 2% durante el 2014 es un escenario perfectamente posible, según nos informa el propio Banco Central al fijar entre 1,75 y 2,25% el rango para su proyección de este año. El próximo es visto con más optimismo por el instituto emisor, pero ya hay bancos extranjeros que están estimando expansiones en torno al 2% también para el 2015.

Recién las cifras de empleo comienzan a mostrar los efectos del menor dinamismo. Es sabido que no hay mejor política laboral que el pleno empleo. Cualquiera que haya ido a pedir un aumento de sueldo cuando tiene otras posibilidades de trabajo sabe que le irá bien. El que se arriesga a hacerlo  cuando hay desempleo se arriesga a ir a engrosar sus filas.

Bastante se ha discutido acerca del impacto que el vasto programa de transformaciones en que está empeñado el gobierno está teniendo sobre la inversión y la actividad económica. Así las cosas, la  pregunta ahora es ¿cuál sería el efecto de llevar adelante las reformas laborales que plantea la CUT en estos momentos?

La “cuarta reforma” como la ha denominado la CUT, incluiría cambios tales como la eliminación del reemplazo durante la huelga y la “titularidad” del sindicato en el proceso de negociación colectiva, un eufemismo para denominar el monopolio sindical en la negociación.

Estas dos reformas tendrían alto impacto en la actividad. Una huelga sin derecho a reemplazo, aún siendo éste limitado como es ahora, la transforma de un legítimo mecanismo para demostrarle a la empresa el valor que tiene el aporte productivo de los trabajadores, temporalmente denegado, en una virtual herramienta de expropiación de los activos de la empresa, al negar al empleador el uso de éstos, atributo esencial del derecho de propiedad. Lo que se discute en la huelga es el aporte específico que esos trabajadores hacen a la producción, no la propiedad de la empresa.

Muchos argumentan que el reemplazo de trabajadores durante una huelga se usa poco, de manera que eliminarlo no tendría efectos importantes. Esa afirmación es falaz porque la posibilidad del reemplazo puede actuar también por presencia. En efecto, es distinto el poder de presión que se tiene con el reemplazo o sin éste, de manera que su eliminación llevaría de todos modos a aumentar los costos laborales y el número de huelgas. ¿Es eso lo que necesita la economía chilena hoy?

Respecto a la “titularidad” del sindicato en la negociación colectiva, es otro mecanismo para presionar por remuneraciones más allá de la productividad, pues los grupos que están hoy día dispuestos a celebrar convenios colectivos con formalidades distintas al del contrato de la negociación colectiva, se verían privados de hacerlo al eliminarse los llamados grupos negociadores. Nuevamente nos preguntamos: ¿Cuál sería el efecto sobre el empleo de un cambio como el que se plantea?

Otra reivindicación que está en algunos sectores laborales es la de aumentar las posibilidades de la negociación inter empresa. Ese sería un verdadero golpe a la competitividad de la economía chilena. Una de las grandes virtudes del sistema productivo chileno es la posibilidad de adaptar las remuneraciones a la realidad de la empresa, evitando las  inflexibilidades que provienen de negociaciones sectoriales donde empresas de menor capacidad económica se verían obligadas a ofrecer a sus trabajadores condiciones imposibles de cumplir, que una empresa más grande o más rentable sí puede entregar.

Las reformas laborales que serían necesarias en Chile en un momento de desaceleración económica son otras. Las planillas suele ser un ítem porcentualmente mucho más alto en los costos de una Pyme que en los costos de una empresa grande, y el tope de indemnizaciones de 11 meses por año de servicio es letal para las Pymes, ahuyenta contrataciones y destruye fuentes de trabajo. Los seguros de cesantía son herramientas adecuadas para atender el problema que crean los despidos y podrían perfeccionarse. Ese fue, por lo demás, el espíritu inicial de las conversaciones entre la CUT y la CPC.

 

Luis Larraín, Foro Líbero. 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

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