Si queremos que Chile vuelva a crecer y los chilenos a soñar con un futuro mejor y de paso cambiar la percepción negativa que tienen de sus dirigentes, a quienes acusan de no representarlos, hagamos un esfuerzo serio por despejar las incertidumbres que la reforma laboral recién promulgada contiene en su interior.
Publicado el 07.09.2016
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Ya se promulgó la tan discutida y cuestionada reforma laboral, con pronunciamiento del Tribunal Constitucional incluido. En su discurso, la Presidenta insistió en que ésta era una ley que moderniza las relaciones laborales. ¡Qué más quisiéramos todos quienes nos desenvolvemos día a día en el mundo del trabajo! Lamentablemente, a pesar de las buenas intenciones que contiene el discurso de la Presidenta, nada más alejado de la realidad es su afirmación de que ésta es una ley modernizadora. En un mundo como el actual, donde mandan la tecnología, el cambio permanente, la educación continua, los puestos de trabajo se buscan por internet, el trabajo es a distancia y las comunicaciones y noticias circulan más rápido por las redes sociales que por los medios tradicionales, decir que es moderna una ley cuya principal característica es promover la huelga sin reemplazo y que la CUT y el Partido Comunista critican porque no instauró el monopolio sindical, claramente es una afirmación que no tiene sustento posible.

Desde los más diversos sectores del quehacer público se ha hecho presente el daño que la reforma laboral, entre otras reformas diseñadas e impulsadas por la Nueva Mayoría en estos ya casi tres años de gobierno, le están haciendo al país y a sus habitantes. Especialmente por la forma en que se han implementado. La inversión ha caído considerablemente, la confianza empresarial, indispensable para la creación de empleo, presenta los peores indicadores en muchos años, las cifras de desempleo aumentan día a día y, con ello, la angustia de muchos chilenos que enfrentan períodos de cesantía cada vez más largos. Esto, a pesar de que la contratación de empleados públicos aumentó en más de 72.590 personas solo en 2014. Situación que se ve agravada por las pocas expectativas de recuperación que se vislumbran en el corto y mediano plazo.

Lamentablemente, es un hecho que el tema del desempleo parece no estar entre las prioridades de nuestra clase política. Es más, está claro que a ellos no es un tema que les afecte en forma directa. Los países no quiebran, por lo menos no en la forma en que lo hacen las empresas. Los sueldos de los parlamentarios están garantizados por ley. Los chilenos seguimos pagando impuestos y con ellos sus sueldos. Sueldos que, en este caso, los ubican dentro del 1% que más gana en el país. Un dato a recordar es que cuando algunos de ellos plantearon, dada la situación económica negativa que vive Chile, la posibilidad de bajar sus sueldos, la oposición a esta medida surgió fuerte y clara en casi todos los rincones del Congreso, incluidos los diputados del Partido Comunista que fueron de los que más se opusieron. Siempre es más fácil ser generoso con la plata ajena que con la propia.

Es fácil de entender que si mi “realidad” es tan distinta a la que vive la gran mayoría de los chilenos, sea difícil ponerme en los zapatos de ellos y comprender de verdad las necesidades que tiene la gente de trabajo común y corriente. El daño con la reforma laboral ya está hecho; sin embargo, ahora la autoridad y los políticos tienen una tremenda oportunidad de no seguir profundizándolo y esta vez sí escuchar a la gente y tratar de empezar a representar de verdad sus necesidades reales. Los trabajadores chilenos quieren tener empleos, con buenos salarios y buenas condiciones de trabajo. Nada de eso se consigue paralizando empresas o generando más incertidumbre en quienes tienen que tomar la decisión de crear empleo. Una prueba clara de que el mayor crecimiento trae mayor bienestar a los trabajadores y les da mayores oportunidades de optar a un mejor trabajo, es el dato entregado por un sondeo de Randstad Chile que nos muestra que hace cuatro años, cuando el país crecía al 5.5%, el 32% de los encuestados informó que  se había cambiado de puesto simplemente porque estaba descontento con su empleador. ¿Por qué podían hacer esto? Porque había suficientes oportunidades de empleo. En la actualidad, cuando el país crece al 1.7%, ese porcentaje de gente que estaba dispuesta a cambiarse de empleo por esa razón bajó al 18%

Si queremos que Chile vuelva a crecer y los chilenos a soñar con un futuro mejor y de paso cambiar la percepción negativa que tienen de sus dirigentes, a quienes acusan de no representarlos, hagamos un esfuerzo serio por despejar las incertidumbres que la reforma laboral recién promulgada contiene en su interior. Ya está demostrado que la incertidumbre no contribuye a generar crecimiento ni empleo. Todo lo contrario. Todavía hay seis meses antes de su entrada en vigencia. Tiempo suficiente para trabajar unidos, autoridades, empleadores, trabajadores y políticos en aclarar las incertezas que contiene la reforma, transformándolas en certezas. Dejar esta tarea en manos de la Dirección del Trabajo o de los Tribunales de Justicia sería una gran irresponsabilidad. No por la capacidad que estos organismos puedan tener para hacerlo sino que, sencillamente, porque no les corresponde.

 

Huberto Berg, Director Berg Consultores S.A.

 

 

FOTO: RAÚL ZAMORA/AGENCIAUNO.