Lamentablemente, este proyecto, fruto de una gran improvisación, no traerá las soluciones que requiere nuestro sistema educativo escolar.
Publicado el 26.01.2015
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Hace unos días, luego de varias modificaciones respecto del proyecto original, se aprobó en el Senado la reforma educacional que, según la Nueva Mayoría, busca un sistema educativo más inclusivo poniendo fin al lucro, copago y selección. Lamentablemente, este proyecto, fruto de una gran improvisación, no traerá las soluciones que requiere nuestro sistema educativo escolar.

Esta reforma no resuelve el gran problema: hoy, miles de niños no tienen acceso a una educación que les entregue las herramientas necesarias para construir su propio futuro. Las familias sienten que se está experimentando con la educación de sus hijos y esa sensación es compartida también por otros actores políticos y sociales. Esta improvisación es más peligrosa aun cuando hablamos de educación, ya que cada año son muchos los estudiantes que pasan por el sistema escolar y no tendrán la oportunidad de volver a  hacerlo.

Estamos ante una reforma incoherente y con resultados impredecibles. Esto es producto de un intento por consensuar posturas irreconciliables, dejando como resultado un proyecto que si bien no deja contento a nadie, los deja satisfechos a todos. No podemos entender que se canjee el futuro de los niños de nuestro país por la unidad de una coalición.

Nuestra preocupación no es sólo por esta reforma, sino también por las que vendrán. El 2015 es un año fundamental en materia de educación superior. ¿Debemos esperar que se actúe de la misma manera? ¿Seguiremos construyendo un sistema lleno de contradicciones?

La diversidad de proyectos educativos, la autonomía y la no discriminación son tres puntos esenciales para hablar de educación superior, conceptos que, de seguir con la lógica actual de igualdad por sobre justicia, serán ignorados.

La diversidad de proyectos educativos es la base fundamental de una sociedad verdaderamente pluralista. Todo tipo de educación tiene implícita una visión de hombre y sociedad, y es un atentado contra la libertad reducir todos los proyectos a uno solo bajo la excusa de una falsa neutralidad. Nadie, ni siquiera el Estado, es capaz de educar de una manera totalmente neutral.

Para resguardar esta diversidad necesitamos  autonomía, no entendida como la ausencia absoluta de regulación, como ha querido malintencionadamente caricaturizarse, sino como la capacidad de las instituciones de decidir su forma de gobierno y el contenido de su docencia e investigación. Las universidades deben cumplir con un rol público, contribuyendo a la sociedad y generando bienes para todos. Es un error creer que estos bienes pueden ser generados en su totalidad por el Estado, o sólo  por la ideología de turno. Defenderemos la posibilidad de todas las universidades de contribuir a Chile, y de  hacerlo con un sello propio, porque distintas visiones llevan a más discusión, lo que fomenta  la capacidad creadora de las personas. Esto, de la mano de una  fiscalización activa que asegure una educación de calidad, nos permitirá  un sistema que plasme las distintas visiones que tenemos como sociedad.

Pero esta educación diversa y autónoma debe fundarse en criterios de justicia y sin discriminaciones arbitrarias. No sirve de nada tener opciones distintas, si no son accesibles a toda la población. Todo estudiante debe tener acceso a los mismos beneficios, independiente de si elige una institución del CRUCH, estatal o privada. Hoy vemos cómo el sistema muchas veces hace distinciones indefendibles. Esperamos que esta reforma establezca beneficios para todos,sin importar qué universidad elijan, porque no sólo estaremos discriminando a las instituciones, sino a los chilenos que libremente las escogen.

La promesa de la gratuidad se nos plantea como la gran solución, pero ¿cuáles serán los criterios para dar educación gratuita? Sin duda el Estado buscará financiar universidades que cumplan con su modelo, pero ¿qué pasará con aquellas universidades privadas que no decidan adscribir a ese convenio? Sería nefasto tener que volver a conformarnos, al igual que con la reforma escolar, con un sistema con diversidad de proyectos para quienes pueden pagar, y uno sin opciones para las grandes mayorías de Chile.

El llamado es a no enfrentar la discusión del sistema de educación superior con la somnolencia que hemos visto estos días. Las mejoras al sistema no pasan por propuestas propias de una visión igualitarista sin fronteras, sino que por una participación activa de quienes creemos en la importancia de las personas, su derecho a educar, aprender y construir un país más justo. No pediremos permiso para defender estas ideas, porque esta no es otra reforma más, es el futuro de los jóvenes de Chile.

 

Ricardo Sande, presidente de la FEUC.

 

 

FOTO: DAVID CORTES SEREY /AGENCIAUNO