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Publicado el 10 de julio, 2018

Reeditando errores. El fin de los consensos mundiales

Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián Jaime Abedrapo
La incertidumbre está consiguiendo aumentar la volatilidad de los mercados, con lo cual la inestabilidad se presenta como la característica principal en estos días. ¿No será tiempo de volver a los principios rectores de la economía social de mercado?
Jaime Abedrapo Director de Investigación de la Escuela de Gobierno, Universidad San Sebastián
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Las instituciones internacionales se encuentran en una profunda revisión. En efecto, desde la Primavera Árabe y los movimientos anti sistémicos denominados Indignados que han tenido un profundo impacto en Occidente, empezando por Madrid, Londres, París y luego trasplantados a Latinoamérica. Estos han sido los síntomas de un amplio descontento respecto a las estructuras de poder, fenómeno que se inició en la década de los 90 en Seattle, cuando se articularon los “antiglobalizadores”, quienes desde la calle y los derechos ciudadanos pretendían reformar las directrices de las instituciones capitalistas nacidas tras los acuerdos de Bretton Woods (1944).

El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la propia Organización Mundial de Comercio, entre otras, son sindicadas como las corresponsables de la concentración de la riqueza, la mantención de los bolsones de pobreza y de la sobre explotación de los recursos naturales.

Seattle, la Primavera Árabe y los Indignados tienen algunos elementos comunes, tales como la crítica a la legitimidad del sistema financiero internacional, y con ello a las instituciones que hace bastante tiempo están en el centro del debate debido a la necesidad de cambios en su conformación y toma de decisiones. El Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y la propia Organización Mundial de Comercio, entre otras, son sindicadas como las corresponsables de la concentración de la riqueza, la mantención de los bolsones de pobreza y de la sobre explotación de los recursos naturales. En tal escenario, han sido infructuosos los intentos del G20 por reconducir los acuerdos a nivel global, los que permitan dar coherencia y consistencia a las directrices políticas y económicas de la gobernanza mundial.

El porqué del retorno a la anarquía o el fin de los consensos tiene distintas aristas. Al respecto, podemos mencionar que actores no gubernamentales organizados sobre distintas plataformas, por ejemplo en el Foro de Porto Alegre, han sostenido que se debe acordar primeramente el fin al “privilegio” de mantener al dólar como moneda de cambio mundial. Otros han señalado que se debe sincerar en la toma de decisiones actuales en el seno de la OMC y en demás organizaciones intergubernamentales el real peso político y económico de los estados, entre otras distintas propuestas y enfoques. Pero mientras no se consiguen los acuerdos, se han acentuado las crisis del régimen financiero, como la del 2008 – 2009 en Estados Unidos (subprime) o la provocada por el Brexit (Reino Unido al salirse de la Unión Europea).

Por otro lado, no se pueden dejar de mencionar las tensiones geopolíticas entre Rusia y Occidente en general, los conflictos entre potencias regionales en Medio Oriente, las crisis migratorias y alimentarias y la actual “guerra comercial” desatada por Estados Unidos en contra de China, entre otros elementos que van configurando una alicaída situación internacional de inestabilidad política, con sus evidentes repercusiones en el ámbito económico a escala global.

Medidas como las reformas al sector bancario o la tendencia a reemplazar al FMI no han podido ser materializadas por falta de acuerdos en cómo llevarlas a cabo.

Las propuestas para alcanzar consensos en ámbitos políticos, económicos y sociales que han presentado los países miembros del G20 no han prosperado. Medidas tales como las reformas al sector bancario para así evitar los ciclos regresivos o la tendencia a reemplazar al FMI no han podido ser materializadas por falta de acuerdos en cómo llevarlas a cabo. De hecho en el 2012 se acordó en Corea del Sur instaurar una red financiera que permita contar con liquidez a la banca, lo cual al día de hoy no ha conseguido ser implementada. Todo ello ha facilitado que el “malestar” se amplíe; la creciente inseguridad alimentaria en varios países (como Centroamérica y África), acentuados por el cambio climático y los flujos migratorios, déficit energético global, balanzas de pago deficitarias, déficit fiscal de muchos estados (destacando varios europeos y asiáticos) y, por sobre todo, la concentración del capital que ha venido amenazando la cohesión interna de los Estados, son todos elementos que explican el cuestionamiento al régimen financiero internacional y dejan en evidencia la falta de consensos que permitiera ver, por medio del multilateralismo, salidas a la actual situación de inestabilidad mundial.

Por ello, la incertidumbre está consiguiendo aumentar la volatilidad de los mercados. Con ello la inestabilidad se presenta como la característica principal en estos días. En definitiva, al no lograr acuerdos entre los actores centrales, el desprestigio al régimen internacional se ha ido profundizando, y las acciones de los gobiernos están tendiendo al proteccionismo y reedición de los populismos nacionalistas, principalmente porque la ciudadanía en general no quiere seguir siendo testigos pasivos de la concentración de la riqueza y de la falta de respuestas frente a la insostenibilidad que ha demostrado el régimen comercial y financiero vigente.

¿No será tiempo de volver a los principios rectores de la economía social de mercado? El problema para ello es que se requieren líderes políticos que estén dispuestos a regular el régimen financiero y comercial, respetar los acuerdos, impulsar políticas contrarias a la concentración del capital, pagar las deudas y creer nuevamente en el multilateralismo, para con ello crear una institucionalidad eficiente que contenga el cambio climático y sus efectos nocivos sobre la población y el ecosistema en general. Ojalá no tengamos que llegar a una situación como la vivida en la Segunda Guerra Mundial, con más de 60 millones de muertos como antesala para comprender la necesidad de alcanzar acuerdos de paz y estabilidad mundial.

Jaime Abedrapo, Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales

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