Que la temperatura baje a cinco grados bajo cero es una mala noticia y que suframos un terremoto es una mala noticia. Pero que nos rebajen la clasificación de riesgo y se declare que “el perfil macroeconómico del país se ha erosionado” es culpa del mal manejo económico, especialmente el fiscal, y calificarlo de mala noticia es no asumir ninguna responsabilidad.
Publicado el 15.07.2017
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El frío parece apoderarse de nuestro Chile lindo. No sólo se pronostica que en los próximos días la temperatura rondará los cinco grados bajo cero, sino que además el frío nos sacudió al nivel más profundo, al conocerse la rebaja en la clasificación de riesgo soberano que le aplicó Standard and Poors (S&P) a nuestro país.

Esa es, en términos muy simples, la nota que le pone una institución internacional a un país al evaluar el riesgo que asume un inversionista que hace negocios en él, lo que al final se traduce en la capacidad de dicho país de cumplir con sus compromisos o deudas. O sea, es la nota promedio final que le pone el colegio o el profesor a un alumno.

Pero la nota no la ponen ellos, se la saca el alumno. O sea, no es que S&P nos rebajara la clasificación de riesgo, la realidad es que nuestro país no fue capaz de mantenerla, y por primera vez en la historia bajamos nuestra nota.

En condiciones en que el crecimiento económico se encuentra estancado y la confianza de consumidores y empresarios en plena área de pesimismo, este recorte nos cae como balde de agua fría en madrugada de agosto. Una menor clasificación de riesgo hace más caro –para cada uno de los chilenos– el costo de endeudarse (o sea, sube la tasa de interés) y hace menos rentables los proyectos de inversión en Chile, tanto para nosotros como para los extranjeros, lo que debería implicar una presión a la baja en la ya deteriorada tasa de inversión, lo que a su vez presiona a la baja el crecimiento y el empleo. Todo lo contrario a lo que queremos y necesitamos.

Después de conocerse la rebaja, el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, declaró que era “una mala noticia”, que el país debe “continuar tomando seriamente su compromiso de déficit fiscal” y que, en adelante, “tenemos que asegurar que tenemos una trayectoria fiscal creíble”. No sólo eso: también llamó a los comandos de los presidenciables a explicitar su estrategia fiscal y su compromiso con mantener un balance estructural, en condiciones que, justamente porque su Gobierno no cumplió sus propios compromisos, estamos donde estamos.

Con el debido respeto, señor ministro, esto no es una mala noticia, es una IRRESPONSABILIDAD. Que la temperatura baje a cinco grados bajo cero es una mala noticia y que suframos un terremoto es una mala noticia. Pero que nos rebajen la clasificación de riesgo y se declare que “el perfil macroeconómico del país se ha erosionado” es culpa del mal manejo económico, especialmente el fiscal, y calificarlo de mala noticia es no asumir ninguna responsabilidad.

La declaración de S&P es muy clara al respecto: la razón para bajarnos la nota fue no sólo el menor precio del cobre –como usted señaló públicamente, ministro–, sino una combinación de bajo crecimiento económico dada por la baja en dicho precio y por la escasa confianza empresarial que continúa restringiendo el consumo y la inversión, con lo cual afecta negativamente los ingresos fiscales. Y también por el alza en el gasto fiscal, que ha hecho que la deuda pública se haya más que duplicado en estos cuatro años, desde 12.7% del PIB a fines de 2013 a cerca de 25% hoy.

Es una irresponsabilidad, porque la promesa del programa económico 2014-2018 de la Presidenta Bachelet era alcanzar un balance estructural de 0% del PIB en 2017; y las proyecciones fiscales oficiales indican que –como diría Fonsi, “poquito a poquito” – el déficit estructural se fue de las manos y alcanzará un 1.7% del PIB este año. Peor aún, dado que el balance estructural está corregido por crecimiento y por precio del cobre, las cifras simplemente muestran que estamos gastando mucho más de lo que podríamos aún si el crecimiento económico no hubiera disminuido y el precio del cobre no hubiera caído.

Es una irresponsabilidad, también, porque se mandaron al Congreso y se aprobaron reformas sin siquiera calcular el costo económico que tendrían. Tal fue el caso de la reforma tributaria y sus efectos sobre el crecimiento, o el de la Ley de Inclusión, que elimina los colegios particulares subvencionados y cuyos estudios de costos ¡los mandaron a hacer después de haberse aprobado la reforma!

Finalmente, es irresponsable porque se han comprometido gastos públicos a futuro aún a sabiendas de que son inconsistentes con las metas de balance fiscal establecidas. ¡Eso sin considerar los gastos de leyes que aún se encuentra en trámite en el Congreso!

Señor ministro, pese a que no me cabe ninguna duda de las buenas intenciones, es por la irresponsabilidad económica de este Gobierno que se está castigando al país completo.

 

Michele Labbé, economista

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO