No hemos definido cuál es el tipo de inmigrantes que queremos atraer y retener, y por tanto no tenemos políticas que se anticipen al esperable fenómeno migratorio y lo transformen en posibilidades para la sociedad y una economía chilena pujante.
Publicado el 18.06.2017
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Esta semana vimos otro debate de los presidenciables en la campaña de primarias. Esta vez de Chile Vamos. Y ni siquiera una palabra sobre las oportunidades que ofrece una buena política de inmigración.

Durante los últimos 10 años Chile ha duplicado la cantidad de inmigrantes. Cerca de 500 mil viven hoy en nuestro país, lo que representa un 3% de la población. Cada vez más extranjeros, de diversas nacionalidades, culturas y religiones llegan a establecerse acá. Esto no es para sorprenderse. Era lo esperable, dado que nuestro país -a pesar de la deteriorada coyuntura económica y política de estos últimos tres años- comparativamente sigue presentando atractivas condiciones de estabilidad laboral, seguridad ciudadana y calidad de vida para miles de familias que deciden escapar de sus respectivos países.

Por años, el Estado de Chile ha regulado estas migraciones bajo criterios y políticas de acogida, refugio y respeto a los derechos humanos de quienes necesitan que les tiendan una mano. Hoy advertimos que emergen voces xenofóbicas apelando a la delincuencia que viene implícita en la inmigración. El gran pecado estatal no está en no prevenir el potencial de delincuencia que viene encubierto en estas migraciones, que sólo es evitable en la medida que se trate de delincuentes recurrentes en sus respectivos países u otros en los cuales Interpol tenga registro delictual. El verdadero pecado de nuestro Estado es nuestra “reactividad migratoria”. No hemos definido cuál es el tipo de inmigrantes que queremos atraer y retener, y por tanto no tenemos políticas que se anticipen al esperable fenómeno migratorio y lo transformen en posibilidades para la sociedad y una economía chilena pujante.

Si no hacemos cambios en política, estrategia, institucionalidad e instrumentos de fomento hacia la proactividad migratoria, se acrecentará la xenofobia en el pueblo de Chile y este tema se agregará como uno más en las preferencias de la creciente demagogia que estamos viviendo a nivel político.

Un ejemplo de oportunidades derivadas de migraciones es Silicon Valley. El 37% de la población de este valle californiano, cuna de las principales empresas tecnológicas imperantes a nivel mundial, nació fuera de Estados Unidos. Comparativamente, un 27% de la población de California y un 13% en ese país son inmigrantes. El año pasado, la National Foundation for American Policy, un think tank estadounidense privado y sin fines de lucro, estudió el impacto migratorio en 87 empresas tecnológicas con valoración de mercado superior a mil millones de dólares. El resultado fue sorprendente. Más del 50% de estas compañías fueron fundadas por una o más personas nacidas fuera de Estados Unidos. Yahoo por un taiwanés; Google por un ruso y un norteamericano; Tesla por un sudafricano; Instagram por un brasileño; Waze por un israelita. El 71% de las compañías estudiadas empleaba en 2016 a inmigrantes en cargos ejecutivos superiores.

El polo más importante de innovación del mundo es producto de políticas explícitas y tácitas de “proactividad migratoria”. Claramente Silicon Valley atrae, importa y retiene talento. Es evidente que los programas de postgrado de Stanford University y UC Berkeley son una pieza de este inmenso ecosistema de atracción de talento. Asimismo, es evidente que los US$ 10 mil millones que anualmente invierte la industria de capital de riesgo en los spin-offs tecnológicos de estas dos universidades son parte de esta máquina de succión de talento del mundo. Es también evidente que las grandes empresas tecnológicas son parte de esta maquinaria de atracción, desarrollo y retención de talento.

Da pena escuchar a los candidatos a Presidente de la República de Chile. Ninguno de ellos está considerando seriamente una política responsable de proactividad migratoria. El Ministerio de Ciencia y Tecnología que se discute hoy en el Congreso será un aparato burocrático más. Es una lástima que haya tanta ignorancia y ceguera en algo tan relevante para el crecimiento y progreso del país.

 

Iván Vera, fundador de INNSPIRAL

@ivanveram

 

 

FOTO: MATIAS DELACROIX/AGENCIAUNO