Al Presidente Piñera la ciudadanía le dio el poder para hacer bien las cosas bajo sus ideales de sociedad y con toda la legitimidad que entregan los votos en las urnas. Tiene el mandato para impulsar los cambios que Chile necesita, y —si obstaculizan la agenda reformadora que él quiere llevar adelante— quienes desde el Congreso se opongan a eso tendrán que dar cuenta a la ciudadanía de su pequeñez política.
Publicado el 04.01.2018
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La simple expresión en latín que titula esta columna -y que significa “¿Hacia dónde vas?”- reúne una serie de conceptos fundamentales para una sociedad como la chilena, que no hace mucho habló fuerte y claro respecto de lo que quiere para su futuro: libertad, cambios moderados y mejoramientos más allá del asistencialismo y clientelismo que hemos vivido en estos últimos cuatro años.

Con 3.796.000 votos, Sebastián Piñera es el tercer Presidente electo con la mayor cantidad de votos en términos absolutos después de Patricio Aylwin (3.850.000) y Eduardo Frei (4.040.000), y por lejos el más votado de una coalición de centroderecha. De hecho, más que duplicó la votación del sector desde la candidatura de Arturo Alessandri el año 1993, cuando alcanzó a 1.701.000 sufragios.

Esto no es trivial para poder entender qué fue lo que dijo el país el pasado 17 de diciembre, ya que si en 2013 la ex Concertación —más el Partido Comunista, bajo el alero de la coalición Nueva Mayoría— dijo que había recibido “el mandato de la ciudadanía” para producir reformas profundas a la sociedad, con el mismo argumento y más votos que aquella ocasión Chile Vamos, encabezado por el Presidente Sebastián Piñera, también tiene un mandato contundente. Ese mandato es que se necesitan cambios con moderación, bien pensados y mejor implementados que las fracasadas reformas que llevó adelante el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet.

Incluso quienes apoyaban a Alejandro Guillier dijeron, después de ser vencidos en las urnas democráticamente, que habían ganado sus ideas, porque algunas de sus propuestas fueron incluidas por Piñera en el balotaje. Siendo generosos con el argumento, algo de eso puede haber sido cierto, pero lo que no deja espacio para la interpretación es que la gente no confió en la Nueva Mayoría más el Frente Amplio para que esas reformas fueran llevadas a cabo por ellos.

Ahí es donde se produce la diferencia y por lo que creo debería haber un diseño más refundacional del gobierno del Presidente Piñera. Tiene más respaldo ciudadano que en los dos gobiernos de la Concertación más el Partido Comunista, y en la última elección sumando al Frente Amplio, quienes terminaron siendo funcionales al conglomerado oficialista llamando a votar por Guillier.

Cierto, las leyes se aprueban en el Congreso y la mayoría presidencial no se refleja ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado, por lo que modificar las leyes y hacer nuevas obligará a buscar acuerdos políticos —pedidos implícitamente por los votantes— para hacer valer la voz de las personas que pidieron a Sebastián Piñera y sus equipos administrar el Estado.

Acá es donde la pregunta válida es, ¿con quién llegar a esos acuerdos? A esta altura, el lector debe intuir que estoy hablando de la Democracia Cristiana. Post elecciones, incluso antes, se vieron profundas diferencias programáticas al interior del hasta ahora partido oficialista, que incluso se tradujeron en que su candidata de primera vuelta alcanzara un magro 5,9%. Pero en la DC —a través de los Progresistas con Progreso, Mariana Aylwin y otros— estuvieron los más visibles opositores a Guillier (o que al menos no lo apoyaron), dejando claro que el modelo de sociedad socialista no es algo que Chile quiera con claridad.

Nuestro país quiere mejores condiciones de vida y que su esfuerzo diario sea recompensado justamente. Nadie quiere que le regalen las cosas, porque las personas reconocen en el esfuerzo individual los beneficios de ganar lo que merecen. Tampoco quieren que les restrinjan las libertadas y que el azar, o el Estado, elijan por ellos dónde estudiarán sus hijos; quieren aportar para que los niños tengan mejor calidad de educación y así tener más oportunidades de desarrollo en el futuro.

Claro y simple, al Presidente Piñera la ciudadanía le dio el poder para hacer bien las cosas bajo sus ideales de sociedad y con toda la legitimidad que entregan los votos en las urnas. Tiene el mandato para impulsar los cambios que Chile necesita, y —si obstaculizan la agenda reformadora que él quiere llevar adelante— quienes desde el Congreso se opongan a eso tendrán que dar cuenta a la ciudadanía de su pequeñez política.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO