Volver a integrar el sistema tributario y bajar la tasa de impuesto de primera categoría que pagan las empresas es un desafío mayor. Ni hablar de lo más nefasto de la reforma anterior: el cambio de base tributable de utilidades retiradas a las devengadas.
Publicado el 24.05.2018
Comparte:

A esta altura de nuestra historia, los cambios a los impuestos se han consolidado como lo más estable. Una pena que en la práctica cada vez que hay un cambio de gobierno, tengamos que seguir modificando sistema, tasas y demás factores tributarios.

Lo que en ocasiones anteriores eran cambios de tasas, en el segundo gobierno de Michelle Bachelet se transformó en la reforma tributaria más nefasta de la que se tenga conocimiento. El crecimiento económico se frenó a menos de la mitad de lo que venía creciendo en el primer gobierno del Presidente Piñera y eso produjo una profundización de la crisis económica; la deuda pública se duplicó llegando a 71.000 millones de dólares y nuestro país vio deteriorar su clasificación de riesgo crediticio en el sistema financiero mundial.

Lo que en ocasiones anteriores eran cambios de tasas, en el segundo gobierno de Michelle Bachelet se transformó en la reforma tributaria más nefasta de la que se tenga conocimiento”.

Todos estos efectos los seguiremos sufriendo por un tiempo largo y aunque discutiremos una “reforma a la reforma a la reforma tributaria”, hay poco espacio para negociar, ya que el gobierno no tiene las mayorías parlamentarias que se necesitan para aprobar cambios desde la sola iniciativa del Ejecutivo.

Volver a integrar el sistema tributario y bajar la tasa de impuesto de primera categoría que pagan las empresas es un desafío mayor. Ni hablar de lo más nefasto de la reforma anterior: el cambio de base tributable de utilidades retiradas a las devengadas.

En mi opinión, esto es lo peor que se hizo en la modificación de 2014, ya que aplicar impuestos sobre las utilidades contables es de una falta de realismo y criterio superlativa. Ese cambio supone que las utilidades están en la caja de la empresa, lo que nunca es así. Por ejemplo, si una empresa vende 100 —50 a crédito y 50 al contado—, con costos de 80 la utilidad contable es de 20 y el impuesto a pagar es de 5,4. Sin embargo, con costos de 80 y sólo 50 en la caja, la empresa debe endeudarse para tener el capital de trabajo necesario y financiar los costos. Por lo tanto, la supuesta utilidad de 20 no está en la caja y lo más probable es que el empresario deba endeudarse para pagar los impuestos.

Esta semana se llevó a cabo una reunión del equipo de Hacienda con el Presidente Piñera para ver este tema tributario, ojala que haya humo blanco y se pueda avanzar en corregir los nefastos cambios que se hicieron en el gobierno anterior y podamos dejar de preguntar,, ¿Quo vadis, impuestos?

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO