Dado que las primarias se hacen en comunas en las que la coalición en cuestión no resultó ganadora en 2012, ello constituye una oportunidad para ventilar críticas al alcalde incumbente, y es posible que sean una oportunidad de tratar de ampliar la base de penetración del bloque opositor en cada comuna.
Publicado el 18.06.2016
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Este domingo tendremos primarias legales para alcaldes. Si bien éstas no se realizan en todo el país, ni todos los partidos participan en todas las comunas, su número no es menor: se trata de 93 comunas en total (aproximadamente un 25% del total).

Ahora bien, ¿qué podemos esperar de este proceso? ¿Tendrán un nivel de masividad como en otro tipo de elecciones? ¿Serán un anticipo, en materia de participación, de lo que ocurrirá en octubre?

Antes de abordar estas cuestiones, cabe hacer algunos alcances sobre las elecciones primarias en general. Por lo pronto, éstas se originaron a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, consolidándose a principios del siglo XX. El objetivo era la selección de delegados de comunidades a las convenciones distritales para la elección de candidatos y de ese modo generar mayor participación y control interno en los procesos de decisión en los partidos.

Las primarias en Estados Unidos operan en un contexto institucional bastante ad hoc, diferente al chileno, por lo pronto se trata de un sistema federal. En el caso de nuestro país ello no es así. No obstante, es perfectamente factible suponer que las primarias tengan un efecto descentralizador per se, puesto que las bases locales tendrían un rol político decisivo, pudiendo incentivar mayor participación regional. Sin embargo, ello es función del peso que hayan tenido en el proceso de negociación los grupos locales y más aun de la capacidad de influencia de los candidatos locales en las elites partidarias centrales. Cabe advertir en todo caso que para el caso norteamericano no existe mucha evidencia de que ellas aumenten la participación en las elecciones generales.

En Chile se trata de un mecanismo electoral muy nuevo, por lo que difícilmente podemos decir que ello pueda tener un impacto significativo en participación. Por dos motivos: primero porque las elecciones municipales en general concitan menos interés y consecuentemente la participación es menor. Segundo, es altamente probable que quienes participen sean votantes vinculados a partidos (militantes activos), los que no superan el 1% de la población en edad de votar. Luego, si estamos hablando de un universo cercano a los 5 millones de votantes, es probable que la cifra de participación esté en un rango entre 50.000 y 60.000.

Pero, aun cuando las elecciones primarias pueden ser un primer impulso en el proceso electoral, en el sentido que activan a la población, sobre todo dependiendo de la cobertura mediática, hay que tener en cuenta que se trata de competencias internas de los partidos o coaliciones. Por eso es probable que los temas que se discutan apelen sólo a sus electores y, en consecuencia, tengan un carácter más acotado. No obstante, dado que las primarias se hacen en comunas en las que la coalición en cuestión no resultó ganadora en 2012, es obvio que ello constituye una oportunidad para ventilar críticas al alcalde incumbente y, desde ese punto de vista, es posible que sean una oportunidad de tratar de ampliar la base de penetración del bloque opositor en cada comuna.

Un riesgo del que no está exento el proceso tiene que ver con el grado de conflicto, lo que podría repercutir en las elecciones de octubre, al menos en términos de desincentivar la participación de los perdedores. Otro riesgo se vincula con el sistema electoral en el que operan las primarias. Es así que tratándose de un sistema mixto, mayoritario para la elección de alcaldes y proporcional para los concejales, esto puede generar una oportunidad para que dichos conflictos escalen, aumentando la fragmentación en el largo plazo, o que se aminoren por la vía de ofrecer cupos en la elección de concejales como una forma de premio de consuelo. De allí que los partidos tienen un rol clave en el proceso posterior a la primaria.

Con todo, este tipo de ejercicio sin lugar a dudas posee una serie de ventajas, entre las que está anticipar los conflictos entre facciones o partidos en una coalición al momento previo a la elección, como, asimismo, abrir una ventana de descentralización y empoderamiento de las bases y por esa vía de mayor transparencia y apego de la vida de partido, sobre todo en un contexto en que por negligencia, desidia y miedo, los partidos han cedido frente a la impronta de la calle como medio de expresión de las preferencias ciudadanas, en vez de ser ellos el canal para expresar dichas preferencias.

 

Eugenio Guzmán, decano Facultad de Gobierno UDD.

 

 

 

FOTO: FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO.