Será la justicia la encargada de despejar el hedor que se desprende de la acción emprendida contra periodistas que ejercen su labor.
Publicado el 02.06.2016
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¿Se acuerdan del mal olor que se esparció por Santiago por el incendio del vertedero y lo mucho que costó acabar con él? ¿Y después el que nos afectó por la inundación de buena parte de la ciudad? Bueno, parece que nos tendremos que resignar a que, cada cierto tiempo, nos afecten malos olores. Sí, porque ahora, a pesar de la lluvia que ha limpiado la atmósfera, un hedor a censura está penetrando nuestra sociedad, con muy malas consecuencias para nuestra salud cívica, si no se elimina a tiempo.

Pareciera ser que será la justicia la encargada de liberarnos de esta incomodidad. Digo yo, porque como es ciega, debería intentar sofocar este mal olor sin preocuparse de quién lo está generando, sino que simplemente debería impedir que se expanda, porque una vez que ha penetrado en la sociedad, es muy difícil sacárselo de encima.

Pero ya que se produjo, a lo que debemos estar atentos entonces es a lo que haga la justicia para impedir que este hedor haya llegado para quedarse, porque si bien es cierto que ésta es ciega, los encargados de ejercer su mandato son videntes, y a veces los hay con miopía declarada y mal tratada. Y tampoco podemos olvidar quién será el que decida la terna que irá al Senado para ser nombrado ministro de la Corte Suprema.

Ahora, no se entiende para nada que se haya desencadenado esta nube de polución que atenta contra la libertad de expresión y de prensa, particularmente cuando ésta proviene de las altas cumbres del poder. No se entiende, porque se dice que no proviene del ungido para habitar en palacio, sino que del ciudadano, quien, desdoblándose mágicamente, se querella para defender su honra.

Si así fuere, no se entiende la paradoja que hay detrás, porque la querella con hedor a censura se ejerce no sobre el medio, sino sobre cuatro periodistas, personas naturales, porque se publicó en papel, parte de los dichos de uno de los titiriteros de esta verdadera teleserie rancagüina, y se omitieron los relativos a varios políticos de oposición. No se ejerce esta acción porque se haya insistido en hacer públicos los exabruptos de este oscuro personaje sobre presuntos beneficios pecuniarios de la señora, sino que la querella es por la omisión de publicar los efluvios verbales de este mismo fulano destinados a descalificar, ofender o inculpar por execrables actuaciones a miembros de la derecha política. O sea, ¡porque no hubo empate!

¿Se merece el país, entonces, que se empiecen a ejercer desde las más altas esferas del poder acciones coercitivas contra periodistas que están ejerciendo su labor de informar, presionando además a la justicia para que se manifieste “ciegamente” en una querella impuesta en contra de éstos por la máxima autoridad del país?

¿Qué pasa que se está sintiendo olor a censura, preguntaba? La respuesta es evidente, para nuestra desgracia como país.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.