El Gobierno de Temer ha dado pasos importantes, pero aún falta lo fundamental: si Dilma no es destituida definitivamente de su cargo, todo lo avanzado puede haber sido en vano. Por eso, ahora la esperanza del pueblo brasileño está en el Senado.
Publicado el 24.07.2016
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La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), conocida por su entusiasmo por los programas sociales, está pasando por un proceso de juicio político que tiene como objetivo su destitución. La acusación se fundamenta principalmente en cuatro imputaciones:

1) Organizar una “Bicicleta Fiscal” a través de operaciones de crédito de dinero entre bancos del Estado (Caja Económica Federal y Banco de Brasil) y el Gobierno Federal para financiar los enormes programas sociales, infringiendo así el artículo 36 de la Ley de Responsabilidad Fiscal de Brasil, y los artículos 359-A y 359-C del Código Penal brasilero, que tratan sobre los delitos contra las finanzas públicas.

2) Maquillar el presupuesto anual del Fisco para dar una señal de estabilidad financiera y así poder justificar los programas sociales: el Gobierno de Dilma ocultó un déficit aproximado de R$ 100 mil millones (USD 30 mil millones). Con esto, se estaría infringiendo el Artículo 299 del Código Penal brasileño, que se refiere al delito de falsedad ideológica documental.

3) Tener conciencia de que el presupuesto presentado para el 2015 no iba a alcanzar para cumplir la meta fiscal y, a pesar de ello, la Presidenta emitió seis decretos –sin autorización del Congreso- para conseguir créditos adicionales, y así poder ampliar el gasto en R$ 2,5 mil millones aproximadamente (USD 700 millones). De este modo, se ha acusado a Rousseff de cometer un delito contra la Ley Presupuestaria, previsto en el numeral 6 del artículo 10° de la Ley 1.079/50.

4) Tener relación en el escándalo de corrupción de Petrobras Oil Company. Mientras Dilma era Presidente del Consejo de Administración de Petrobras no adoptó ninguna medida para evitar los actos de corrupción de la Petrolera, que conocía. Incluso ha defendido públicamente la conducta de algunos involucrados. Por lo anterior, la Cámara de Diputados ha acusado a Dilma de cometer delitos contra la Probidad, consagrados en los numerales 3 y 7 del artículo 9° de la Ley 1.079/50.

El Juicio Político fue aprobado en la Cámara de Diputados (de 513 congresistas, 367 estuvieron a favor), y luego pasó a la Cámara Alta. En el día 12/05/2016, el Senado decidió aprobar el proceso de juicio político con 55 votos favorables, de un total de 81. Dilma quedó suspendida de la función de Presidente, y comenzó a correr el plazo de 180 días que tiene el Senado para realizar las investigaciones. Fue así como el vicepresidente Michel Temer asumió la función máxima del Poder Ejecutivo.

¿Qué viene ahora?

Después del periodo de las investigaciones, el Senado hará una nueva votación. Si Dilma es declarada culpable, perderá definitivamente su puesto y será inhabilitada durante ocho años para el desempeño de cualquier función pública o electiva, sin perjuicio de otras sanciones civiles o penales. Los senadores se han propuesto poner término al Juicio Político a finales de agosto de 2016, fecha que coincide con el término de los Juegos Olímpicos.

Michel Temer, el Presidente en ejercicio, es político, abogado y profesor de Derecho Constitucional. Como Presidente interino, eligió a su equipo de ministros compuesto por personas de reconocido prestigio -entre ellos Henrique Meirelles como Ministro de Hacienda-, que representan diferentes sectores políticos y sociales del país, y están todos dispuestos a sacar adelante al país de la recesión.

Hay gran expectativa en el gobierno de Temer. Por ahora, el Gobierno interino camina en la dirección correcta: se están ordenando los gastos públicos, por ejemplo, ya ha reducido el número de Ministerios de 32 a 23; se promulgó una Ley de Responsabilidad de Empresas Estatales, que no existía; se repactó la deuda de los Estados Federales con el Gobierno Central; y ya se está hablando de una simplificación del complejo Sistema Tributario brasileño.

El Gobierno de Temer ha dado pasos importantes, pero aún falta lo fundamental: si Dilma no es destituida definitivamente de su cargo, todo lo avanzado puede haber sido en vano. Por eso, ahora la esperanza del pueblo brasileño está en el Senado.

 

Doorgal J.L. Tamm de Andrada, Abogado brasileño – Baranda y Cía.

 

 

DISEÑO: SANDRO BAEZA/AGENCIAUNO