En los últimos 100 años, casi sin excepciones, el Presidente en ejercicio ha perdido apoyo en ambas cámaras tras las Mid-Term.
Publicado el 02.11.2014
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En Estados Unidos, el Presidente dura cuatro años en su cargo, mientras que los Representantes (paralelo a nuestros diputados) duran únicamente dos, y los Senadores, seis. Es decir, un Presidente debe enfrentar, en cada período presidencial, una elección en la mitad de su período, la que recibe el nombre, por supuesto, de Mid-Termelection. Es lo que sucederá este martes 4 de noviembre, cuando corresponda renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes, y un tercio del Senado.

Ambas ramas del Congreso norteamericano son electas por un sistema mayoritario, o uninominal; esto quiere decir que el candidato que obtenga más votos en cada uno de los 435 distritos del país, y en cada uno de los Estados que corresponda, asegurará un asiento en el Capitolio. No es difícil, por tanto, entender que hay mucho en juego, y que en los próximos días, la trayectoria del proyecto político de Obama puede cambiar profundamente. De hecho, si se repite la historia, debería ser precisamente así.

En los últimos 100 años, casi sin excepciones, el Presidente en ejercicio ha perdido apoyo en ambas cámaras tras las Mid-Term. Sólo en cinco oportunidades el “oficialismo” ha aumentado su participación en el Senado, y sólo en tres, lo ha hecho en la Cámara. En efecto, son únicamente dos los Presidentes que, contra las estadísticas, han logrado aumentar su presencia en ambas ramas legislativas: Bush en 2002, tras el ataque a las torres gemelas, y Franklin D. Roosevelt en 1934, probablemente debido a la gran depresión.

Según la opinión de analistas y politólogos, las Mid-Term 2014 de Obama deberían seguir la regla general, por diversas razones. En primer lugar, está pasando por un período de baja popularidad: según la afamada consultora Gallup, apenas dos de cada cinco norteamericanos aprobaban su gestión presidencial en septiembre. En segundo lugar, aún tenemos el recuerdo de las Mid-Term de 2010, durante el primer período de Obama, cuando los Demócratas perdieron 77 asientos en la Cámara y 7 en el Senado. Y finalmente, hay que decir que esta elección encuentra a los Republicanos con buen pie. Hoy día ya son mayoría en la Cámara de Representantes, y a través de esta plataforma, han logrado negociar gran parte de la agenda política, en un país donde el Presidente necesita el apoyo del Congreso constantemente. De hecho, la oposición cuenta hoy con dos ministerios en el Gabinete, incluyendo el de Defensa, gravitante para la política norteamericana.

Así, todas las predicciones sugieren que el Partido Republicano debería aumentar su porcentaje de escaños en la Cámara, y muchos creen que podría incluso llegar a controlar el Senado, hoy levemente a favor del oficialismo Demócrata. Si esto llegara a ser realidad, no sólo se confirmaría la regla general de que las Mid-Term suelen ser nocivas para el gobierno de turno, sino que además confirmaría una tendencia cultural en el electorado: los ciudadanos norteamericanos parecen ser manifiestamente moderados, y si el Gobierno está inclinado hacia un lado de la balanza, no tienen problemas para apoyar al partido contrario en el Parlamento, con el objetivo de mantener un equilibrio que permita avanzar de manera unida y sin reformas extremas.

En este contexto, el Partido Demócrata sabe que enfrenta una de las elecciones más duras y controversiales de las últimas décadas. Si los pronósticos se cumplen, los dos últimos años de Obama serán extremadamente complicados, con indudables dificultades para liderar su programa, y con un Partido Republicano que ejercerá su derecho a veto de forma implacable, trabando desde nombramientos hasta parte de la agenda pública.

Pese a lo anterior, no todo está perdido para los Demócratas. Hillary Clinton sigue liderando las encuestas, y para suerte de los oficialistas, la historia reciente demuestra que las Mid-Term no son un buen predictor de las siguientes elecciones presidenciales. Por ejemplo, Reagan resultó vencido en las Mid-Term de 1986, pero eso no impidió que su Vicepresidente, George H. W. Bush, ganara las elecciones de 1988. Y ya vimos que Obama perdió apoyo en 2010, pero igualmente resultó reelecto en 2012. Por consiguiente, tras el probable mal sabor de este martes 4, el Partido Demócrata deberá concentrarse fundamentalmente en las elecciones presidenciales de 2016. Y aguantar este último par de años de la era Obama, como sea posible.

 

Roberto Munita, Abogado y Master en Sociología. Estudiante del Master in Political Management, George Washington University.

 

FOTO: Agencia Uno