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Publicado el 11 de diciembre, 2014

¿Qué defienden los chilenos?

La gente se está despabilando al ver lo negativo que será para sus perspectivas económicas la nueva estructura tributaria y los efectos que tendrá la reforma en marcha para la calidad de educación de sus hijos.
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Si bien los principios y valores que dan sustento al concepto de un orden social libre parecen estar bien enraizados entre los chilenos, la experiencia muestra que en el debate público y en las campañas electorales no resulta fácil transmitir a la ciudadanía su real impacto en la vida cotidiana de cada cual. De hecho, el discurso de corte más estatista, característico de los programas de centro-izquierda, suele seducir fácilmente a los votantes, por cuanto ven en aquel un “relato” atractivo, y más fácil de digerir, por cuanto se centra más en los derechos que en los deberes. Pero cuando los efectos de las políticas públicas que acompañan a este discurso comienzan a manifestarse en toda su extensión, la opinión de la ciudadanía empieza a cambiar.

Un claro ejemplo en esta materia es lo que ha ocurrido el último tiempo con el concepto de igualdad. En una primera instancia, las personas lo apoyaron con entusiasmo y en forma mayoritaria, sin reparar en las consecuencias que a la larga ello iba a tener en la forma de vida de cada cual. Pero cuando como consecuencia de políticas públicas orientadas a ese propósito los resultados en materia económica y social, en el ámbito de la seguridad y la justicia, en el acceso a la salud y a la educación, se empezaron a manifestar más desfavorables para la ciudadanía, la sociedad comenzó a reaccionar y a rebelarse contra ello. El deterioro en la calidad de vida de las personas (menores oportunidades de empleo y de emprendimiento, menores espacios para ejercer derechos con libertad) empezó a aparecer como algo contradictorio con lo que se les había ofrecido.

Como contrapartida de lo anterior, cabe resaltar que la misma idea de igualdad, pero centrada en el ámbito de las oportunidades, a la larga engancha mucho mejor con lo que verdaderamente son las aspiraciones de los chilenos, y no provoca ninguna contradicción con los resultados que se generan. No es casualidad lo que muestra la reciente encuesta CEP, en el sentido de que el 52% de los chilenos manifiesta estar “completamente satisfecho” con su vida, y sólo un 13% declara estar totalmente insatisfecho. No se advierte la presencia del germen de “querer cambiarlo todo”, luego de 30 años de funcionamiento de una estrategia de desarrollo que, con matices, en lo básico se ha mantenido inalterada, y que le ha permitido a Chile progresar como nunca antes lo había hecho en su historia. Cuando la ciudadanía empieza a visualizar lo que verdaderamente está detrás del concepto de “bajar de los patines” a quienes hoy día están en una situación de mayor privilegio que otros, conscientes de que alcanzaron esa posición con esfuerzo y sacrificio, la reacción no se hace esperar.

Los chilenos creen en la libertad de emprender y de elegir como camino de progreso.

Los resultados de las recientes encuestas CEP y Adimark han sido bastante elocuentes en este sentido, advirtiéndose un mayoritario rechazo a las reformas más emblemáticas que se han impulsado durante estos primeros nueve meses de gestión. Los cambios introducidos en el ámbito tributario, aunque ya aprobados y convertidos en ley -y por tanto fuera de la discusión pública cotidiana-, con el paso de los meses han ido acumulando paulatinamente un mayor rechazo por parte de la ciudadanía: de acuerdo al sondeo de Adimark, mientras en mayo de este año el 51% estaba de acuerdo con la reforma y el 36% se manifestaba en contra, al mes de noviembre las cifras se revirtieron en forma simétrica, bajando la proporción de apoyo a un 36% y subiendo el rechazo a un 51%. Y en el caso de la reforma educacional, aún en tramitación legislativa, la situación es prácticamente calcada: en seis meses su aprobación bajó de 58% a 36%, y la desaprobación aumentó de 33% a 56%. Sorprendente que algo así ocurra en un lapso de sólo seis meses, tomando en cuenta que ambas reformas constituyeron la columna vertebral del Programa de Gobierno que la Nueva Mayoría ofreció al país para el período 2014-2017, y que los votantes aprobaron en forma mayoritaria.

Ocurre que la ciudadanía se está despabilando con bastante rapidez al visualizar lo negativo que serán para sus perspectivas económicas personales (posibilidades de empleo y evolución de las remuneraciones, básicamente) las consecuencias de una nueva estructura tributaria que castiga la inversión y el emprendimiento. Y también los efectos negativos que tendrá para la calidad de educación que reciben sus hijos la reforma en marcha, junto a la menor libertad que van a tener para poder elegir para sus hijos una opción de mejor calidad, aun cuando ello le signifique realizar un pago adicional. No es casualidad que los brotes de rechazo a las iniciativas en el ámbito tributario y educacional que mayor impacto han tenido son aquellos que surgieron de los pequeños emprendedores y de los padres y apoderados que buscan una mejor educación para sus hijos.

A pesar de que para muchos esta reacción ha resultado bastante sorpresiva, no debería serlo si se toma en cuenta que esta forma de pensar está bastante arraigada entre los chilenos. De hecho, la propia encuesta CEP entrega interesantes resultados en esta línea. Ante la pregunta de cuál debiera ser la principal forma en que el Estado apoye a las personas en situación de pobreza, la proporción que responde que esto debe realizarse a través de programas que mejoren las capacidades de las personas, como educación y capacitación, subió de 69% a 90% entre mayo-junio 2009 y noviembre de 2014, en contraposición de los que estiman que esto debe realizarlo el Estado a través de transferencias de dinero (bonos), cuya proporción disminuyó de 27% a 7%. Y ante la pregunta de quiénes son los principales responsables del sustento económico de las personas, el 53% responde que la principal responsabilidad recae en las personas mismas, proporción que es similar a la que se registraba hace justo seis años, y que paulatinamente fue bajando en los años siguientes hasta llegar a 44% en julio-agosto de 2013, en el fragor de la campaña presidencial. En contraste, quienes piensan que el principal responsable de proveer el sustento económico a las personas es el Estado bajaron de 18% a 12% en el mismo lapso de seis años. Como se aprecia, hay un movimiento en la dirección de confiar más en las personas, pero entregándole las herramientas para que puedan desenvolverse en buena forma, que se asienta cada vez más entre los chilenos y que durante el último año ha adquirido especial fuerza.

Oportunidad para fortalecer el ideario de la centroderecha

No obstante lo anterior, es materia de un análisis diferente por qué a los partidos y movimientos de centroderecha les cuesta transformar el concepto de libertad de emprendimiento y de apuntar a una sociedad con mayor igualdad de oportunidades en una propuesta más atractiva para la población. De hecho, lo que muestran los resultados de la encuesta CEP es que, a pesar del creciente descontento que la población manifiesta con la Presidenta Bachelet y con el gobierno de la Nueva Mayoría, los sectores de centroderecha no están capitalizando en su favor esta situación de insatisfacción.

A pesar de que la clase política en general, así como sus principales instituciones, tienen una muy mala evaluación de parte de la ciudadanía, no cabe duda de que lo anterior en parte puede explicarse por la asociación que la ciudadanía hace entre los sectores de centroderecha y el mundo empresarial, existiendo en la actual coyuntura una mala evaluación bastante generalizada respecto de los empresarios como consecuencia de los casos de abuso que la ciudadanía ha podido conocer. A pesar de que es sólo una parte minoritaria de ellos los que podrían ser acusados de actitudes reñidas con la ley, en la percepción ciudadana se los engloba a todos en la misma categoría.

Sin embargo, también está la sensación de que el ideario de la centroderecha es en esencia el de un proyecto individualista, en el que cada cual se preocupa únicamente de sí mismo y de los suyos, no habiendo espacio para una concepción de proyecto colectivo que tome en cuenta el hecho de que vivimos en comunidad, y que como nación perseguimos objetivos comunes. Esta es otra caricatura que hay que desmitificar: en una sociedad de personas más libres hay mayor espacio para generar instancias de interacción entre individuos que surjan espontáneamente en pos de proyectos comunes, habiendo un amplio campo para que todos los actores de la sociedad civil –y entre ellos, los emprendedores sociales, que paulatinamente están adquiriendo mayor relevancia en el devenir del país- aborden situaciones que hoy no son adecuadamente abordadas ni por el Estado ni por el sector privado tradicional.

Definitivamente se requiere cambiar el discurso tradicional, y defender con mayor fuerza que los principios de libertad de emprendimiento y libertad de elegir no son solamente piezas de un puzle armado para alcanzar mayores tasas de crecimiento económico, sino que son consustanciales a un orden social que delega en las personas el rol de ser los verdaderos arquitectos en la construcción de su futuro y el de su familia. Esto, en contraposición a un sistema en que es el Estado el que decide por las personas en ámbitos fundamentales de la vida de cada cual, conculcando las libertades individuales. El concepto de emprendimiento y los valores subyacentes a la actitud emprendedora (esfuerzo, perseverancia, resiliencia, entre otros), la existencia de un Estado orientado a apoyar a quienes se van quedando atrás y la creación de condiciones que permitan a todos “subirse a los patines”, deberán jugar un rol fundamental para poder transmitir el mensaje de la centroderecha de una manera que resulte atractiva para la población, rompiendo varios mitos que han venido acompañando al sector durante un ya largo período. La actual coyuntura ofrece una oportunidad inmejorable para avanzar en esta línea.

 

Hernán Cheyre, Presidente Instituto de Emprendimiento Universidad del Desarrollo.

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO

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