En tres o cinco años más perfectamente nos podríamos estar preguntando qué fue de ese próspero país sudamericano con una rara geografía y nombre de comida mexicana, que por tantos años fue ejemplo para el mundo de que Latinoamérica no estaba condenada al subdesarrollo.
Publicado el 25.02.2016
Comparte:

El estado actual de la economía brasilera, la más grande de Sudamérica, es verdaderamente calamitoso. El 2015, el PIB cayó cerca de 4%, este año se espera una contracción cercana al 3% y para los próximos cuatro años un crecimiento que no superaría el 2%. Con estas cifras, medido en términos del poder adquisitivo en dólares, los brasileros serán, el 2020, un 35% más pobres que el 2011. Por su parte, tanto la inflación como el desempleo están en niveles cercanos al 10%, un nivel similar al de la aprobación de la Presidenta Dilma Rousseff. Este cóctel político económico ha hecho que las clasificadoras de riesgo bajen su nota a Brasil por debajo de lo que es considerado un país confiable para los inversionistas institucionales. El último de estos golpes lo dio Moody´s ayer, que bajó nuevamente la clasificación de Brasil ubicándola al nivel de países como Bolivia, Paraguay y Guatemala.

Lo más impactante de la situación brasilera es que hasta hace muy pocos años este gigante sudamericano era considerado una de las naciones más prósperas y con mejores perspectiva en el mundo. Notable fue aquella portada de la revista The Economist el 2009 en que muestra al Cristo Redentor elevándose por los aires como un cohete y donde se lee “El despegue de Brasil”. Y había razones para dicho optimismo, el 2010 la economía creció un 7,5%, la inflación y el desempleo eran bajos y Brasil se preparaba para ser anfitrión en el 2014 y 2016 del campeonato mundial de fútbol y de las olimpiadas respectivamente.

En tan solo cinco años Brasil pasó de ser la niña bonita de América Latina y uno de los países emergentes con más futuro, a una de las economías de peor desempeño a nivel mundial. ¿Podría Chile estar en la misma senda de Brasil? Cuando a las autoridades de gobierno se les ha hecho esta pregunta, la respuesta es un rotundo e inmediato no. Pero yo no estaría tan seguro. Es verdad que Chile tiene, hasta ahora, instituciones más sólidas que Brasil. Los ejemplos recurridos comúnmente por el ministro Valdés y otras autoridades de gobierno para diferenciarse de Brasil son la institucionalidad de nuestro Banco Central y nuestra fortaleza fiscal. Pero las cosas pueden cambiar muy rápidamente, tal como lo hicieron en Brasil. El programa de gobierno de Michelle Bachelet pone una sombra de duda respecto a la autonomía del Banco Central, por lo mismo es muy probable que este tema sea uno de los que se aborden en los debates en el marco de los diálogos para reescribir nuestra Constitución. Por su parte, la tan mentada fortaleza fiscal de Chile ya se ha debilitado considerablemente. El déficit fiscal proyectado para este año 2016 es de entre 3% y 4% del PIB, la deuda pública está creciendo aceleradamente y lo más preocupante de todo, la credibilidad de la regla de superávit estructural, el elemento más distintivo de nuestro compromiso con una política fiscal responsable, está fuertemente debilitada producto de las promesas incumplidas de esta administración en relación a que se buscaría eliminar el déficit estructural haciendo uso de los recursos de la reforma tributaria, cosa que ciertamente no ocurrirá.

El debilitamiento de las instituciones en Chile que ya ha ocurrido y el que podría venir, mercado laboral, AFPs, Isapres, regulación del sector eléctrico, Banco Central y quién sabe qué más, unido al magro desempeño de nuestra economía, crecimiento cercano al 2% o menos y a la baja popularidad del gobierno, constituyen un cóctel que perfectamente nos podría poner en la ruta de Brasil. Ciertamente el deterioro no será instantáneo, tampoco lo fue en Brasil. Primero nos pondrán en revisión a la baja y luego bajaremos un nivel nuestra clasificación de riesgo, nada grave. Pero en tres o cinco años más perfectamente nos podríamos estar preguntando qué fue de ese próspero país sudamericano con una rara geografía y nombre de comida mexicana, que por tantos años fue ejemplo para el mundo de que Latinoamérica no estaba condenada al subdesarrollo.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de José Ramón Valente