El gobierno de la Presidenta Bachelet ha optado por comportarse como padres irresponsables que tratan desesperadamente de cumplir la promesa para evitar que los hijos se decepcionen.
Publicado el 14.06.2016
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No hay promesa más irresponsable —ni mejor ejemplo del populismo— que intentar obligar al próximo gobierno a cumplir un compromiso de cuestionable utilidad pública y poca factibilidad económica. Cuando el gobierno asegura que el 70% de la gratuidad se logrará en 2020, supone que el próximo gobierno aceptará mantener la irresponsable hoja de ruta que ha seguido la administración Bachelet en su intento por cumplir su promesa de gratuidad en la educación superior. Dada la incerteza institucional provocada por el hecho que la gratuidad está financiada solo como una glosa en la ley de presupuesto y considerando que el próximo gobierno tiene todo el derecho —e incluso la obligación— de actuar de forma más responsable en el manejo de los recursos públicos y en el intento por reducir la desigualdad, la gratuidad parece tener la misma fecha de expiración que la Nueva Mayoría: el 11 de marzo de 2018.

Los problemas que enfrenta la promesa de gratuidad se parecen a los problemas que enfrentan unos padres que prometieron a sus hijos ir de vacaciones a Disney World en el verano pero que ahora se enfrentan con un peso devaluado ante el dólar, un aumento sustancial en el costo de los pasajes aéreos y una disminución en sus ingresos mensuales. Dado que las circunstancias cambiaron, lo más responsable sería transparentar la nueva realidad ante los hijos y aprender una lección sobre la inconveniencia de prometer cosas sin tener la certeza de poder cumplir.

Pero el gobierno de la Presidenta Bachelet ha optado por comportarse como padres irresponsables que tratan desesperadamente de cumplir la promesa para evitar que los hijos se decepcionen. Al no poder comprar los pasajes, los papás dicen que irán a Disney en auto. Sin saber hasta dónde podrán llegar, emprenden por la Panamericana Norte esperando ya sea un milagro o sabiendo que, al llegar a la frontera norte de Arica, se producirá el fin del periodo presidencial y el próximo gobierno será el encargado de tener que decirle a los ilusionados hijos que no habrá Disney.

Como los hijos no son tontos —pero han sido engañados por las promesas irreflexivas e irresponsables de los padres—, los muchachos están inquietos en el asiento de atrás del auto. Ellos saben que el camino regular para llegar a Disney es por el aeropuerto, no la Panamericana Norte. Pero como los padres les siguen asegurando que se puede llegar a Disney por este camino alternativo —glosa, en vez de una ley que detalladamente regule las condiciones y establezca los mecanismos de financiamiento para la ansiada gratuidad—, los chicos están divididos entre los que se quieren rebelar denunciando el engaño y los que creen que en la medida que el auto avance hacia el norte, el sueño de llegar a Disney World está cada día más cerca. La parte de atrás del auto está en toma.

Como toda metáfora, la imagen de padres irresponsables que prometen algo que no pueden cumplir no aplica con perfección al irresponsable compromiso de la Presidenta Bachelet de avanzar hacia la educación gratuita universal (no hay nada gratis en la vida). A diferencia de los padres cuyas obligaciones con sus hijos duran más que un periodo presidencial de cuatro años, el gobierno de Bachelet puede seguir haciendo promesas que buscan obligar a futuros gobiernos a llevar adelante una hoja de ruta que no lleva a ninguna parte. Irresponsablemente, el gobierno ha extendido el cumplimiento de su promesa de gratuidad en el tiempo en circunstancias que la democracia supone que cada nuevo gobierno tiene el derecho a revisar la conveniencia de mantener el rumbo, especialmente cuando se trata de promesas inconducentes a reducir la desigualdad y cuyo financiamiento es imposible dadas las nuevas circunstancias económicas.

En el más reciente cambio de versión sobre cuándo se logrará cumplir la promesa de gratuidad para el 70% más vulnerable de los alumnos matriculados en instituciones debidamente acreditadas, la ministra Adriana Delpiano habló de 2020 (cuando el próximo gobierno esté en el tercer año de su periodo) y además condicionó el avance a que haya una tasa de crecimiento de la economía que a estas alturas solo pueden ocurrir con un milagro. Hacer ese tipo de promesas es equivalente a decir que se puede llegar a Disney World por tierra y que, a partir de la frontera en Tacna, serán otros los padres encargados de seguir avanzando para satisfacer las expectativas de los hijos de llegar.

En semanas recientes, varios analistas y observadores han advertido sobre los riesgos de la irrupción del populismo en Chile. Esos analistas parecen no estar poniendo mucha atención a las promesas irresponsables e irrealizables que está haciendo este gobierno y que buscan comprometer al gobierno que deberá asumir el poder a partir de 2018 y que tendrá la dura tarea de anunciar públicamente a los chicos frustrados, pero todavía ilusionados, que reclaman en el asiento de atrás que sus padres le prometieron que los iban a llevar a Disney World.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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