Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 04 de diciembre, 2014

Programa, popularidad y política

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
No se trata de abandonar el programa ni dejar de hacer transformaciones necesarias, sino de restablecer la sintonía entre Gobierno y ciudadanía.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El debate político se ha centrado en la caída de popularidad del Gobierno y, en menor medida, también de la Presidenta. Por su parte, la oposición no aparece bien evaluada. Vuelve en forma reiterada la clásica pregunta: ¿Qué hacer?

Para ensayar una respuesta, primero es necesario indagar sobre las causas de la desaprobación. A mi juicio ellas son principalmente cuatro:

En primer lugar, la abrumadora mayoría que votó por Michelle Bachelet en las últimas elecciones hizo olvidar que la abstención fue muy alta, alcanzando cerca del 50%. Fuerza eso a concluir que hubo una parte sustancial de los potenciales electores que no se sintieron convocados y que durante todos estos meses han permanecido a la expectativa. El actual equipo ministerial no parece haber tomado en cuenta este factor. Se limitó a proyectar el apoyo obtenido por Bachelet entendiendo los resultados como un mandato irrevocable de la ciudadanía. ¡Cuántas veces les hemos visto argumentar invocando al programa como si fuera un documento indiscutible!

En segundo lugar, ese mismo equipo no tomó suficientemente en cuenta los síntomas de desaceleración de la economía que venían desde el 2013. Operó como si el crecimiento tuviera piloto automático y se fuera a empinar en torno al 4% este año y 5% el próximo. Y basándose en los índices de inflación estructural dentro de los rangos esperados, no advirtió la subida reciente. El ministro de Hacienda ha reconocido que la desaceleración ha sido más profunda y persistente de lo que se esperaba. El cambio del escenario afecta los planes gubernamentales, entre otras cosas, porque se alteran las prioridades con que las personas evalúan los problemas que las afectan. Su atención se concentra en temas como la estabilidad en el empleo, el pago de las deudas, el precio de la canasta básica y las perspectivas de progreso. Sin crecimiento, la lucha por reducir las desigualdades corre el riesgo de desvanecerse.

En tercer lugar, el consenso en el Programa de Gobierno no eliminó las diversas opiniones y visiones existentes en la Nueva Mayoría sobre el sentido, alcance y profundidad de los cambios comprometidos con el país. Esas divergencias se manifestaron desde el primer día en el Parlamento, apenas comenzó el debate del primer proyecto de ley políticamente significativo. No hubo un esfuerzo previo por hacer converger los distintos puntos de vista existentes en la coalición gubernamental. Si bien el debate ciudadano enriquece a la democracia, las discrepancias al interior de los partidos que sustentan al Gobierno desorientan a la opinión pública, sobre todo cuando se expresan en términos simples y a veces usando un lenguaje descalificador. No era suficiente con apelar a la lealtad al Programa, sobre todo cuando de su sentido y alcance existen interpretaciones diversas. La falta de diálogo se dio especialmente dentro de la Nueva Mayoría. El respaldo de cada partido a las iniciativas del Gobierno no es automático.

En cuarto lugar, la forma en que se diseñaron las dos principales reformas del Gobierno -la tributaria y la educacional- tampoco tomó en consideración los efectos colaterales que podían producir en amplios sectores de la sociedad. No es casual que hayan ido perdiendo apoyo. Además, la rectificación de la reforma tributaria en el Senado dejó al descubierto las carencias del proyecto inicial. El debate sobre la reforma educacional hasta ahora se ha centrado en un terreno extremadamente delicado y proclive a producir todo tipo de confrontaciones doctrinarias; distinto ha sido el caso de la reforma de la educación parvularia, que ha tenido amplio consenso, aprobado en el anterior, y diferente habría sido si se hubiera comenzado por fortalecer la educación pública y con la reforma universitaria y la promesa de lograr un 70% de gratuidad durante el actual mandato presidencial. Además, gran parte de los problemas planteado en el actual proyecto de ley en discusión están abordados por la Ley General de Educación: lo que falta es que el Gobierno haga cumplir sus normas.

Durante su primer Gobierno, Bachelet hizo cambios significativos en su equipo ministerial sin apartarse de sus compromisos programáticos, y ellos permitieron que terminara su mandato con una enorme popularidad pese a la crisis internacional del 2008 que golpeó fuertemente a la economía nacional. Es decir, fue capaz de detectar a tiempo cuándo se produce un desajuste entre el diseño político de su gabinete y la ciudadanía, y de hacer las correcciones necesarias. No se trata de abandonar el Programa, ni dejar de hacer las transformaciones necesarias por los conflictos que ellas puedan acarrear, sino de restablecer la sintonía entre el Gobierno y la ciudadanía.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: FRANCISCO SAAVEDRA/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: