La Nueva Mayoría consiguió que la oposición entrara a la cancha que venía diseñando cuidadosamente, para discutir ya no sobre si es o no conveniente reemplazar la actual Constitución, ni respecto a los cambios que Chile requiere para modernizar sus instituciones y consolidar su convivencia democrática, sino sobre si sumarse o no al proceso constituyente y a los cabildos ciudadanos, dos figuras que no existen en nuestra institucionalidad y son, por tanto, ilegales.
Publicado el 13.05.2016
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La izquierda, que es el mundo que dirige la agenda constitucional del gobierno de la Presidenta Bachelet y la Nueva Mayoría, se propuso dos objetivos en esta materia y creo que los está cumpliendo.

El primer objetivo, y para el cual comenzó a trabajar desde fines de 2010, fue instalar tres mitos:

Mito 1: El “modelo neoliberal” genera “desigualdad” y es el causante de los problemas que enfrenta Chile, desde la mala calidad de la educación pública hasta la delincuencia (razón por la cual ese mismo mundo protege veladamente a los delincuentes, a quienes reconoce como víctimas del sistema).

Mito 2: Para extirpar ese modelo debe reemplazarse la Constitución. Fernando Atria lo acaba de decir por enésima vez, cuando el TC dio a conocer su fallo por la reforma laboral, “la Constitución chilena está pensada para proteger el modelo neoliberal y el TC es parte de ese diseño” (como si Chile fuera una isla y no parte del mundo libre, que se mueve en torno a un mismo sistema económico).

Mito 3: La única carta fundamental legítima será aquella emanada de una asamblea constituyente.

El segundo objetivo está a punto de cumplirlo. Consiguió que la oposición entrara a la cancha que venía diseñando cuidadosamente, para discutir ya no sobre si es o no conveniente reemplazar la actual Constitución, ni respecto a los cambios que Chile requiere para modernizar sus instituciones y consolidar su convivencia democrática, sino sobre si sumarse o no al proceso constituyente y a los cabildos ciudadanos, dos figuras que no existen en nuestra institucionalidad y son, por tanto, ilegales.

Así, el gobierno cumple con el objetivo de mantener ocupados a los dirigentes de Chile Vamos discutiendo de aquello que le es más cómodo, mientras se salta olímpicamente la obligación de responder las preguntas de fondo.

¿Por qué se niega a revelar los contenidos de la Constitución a la que aspira?

¿Por qué la Presidenta Bachelet encabeza un proceso abiertamente ilegal y que no se ha aplicado en ninguna de las democracias modernas y respetadas en el mundo?

¿Por qué usa para esa ilegalidad recursos públicos y despliega por todo el país a su gabinete, para intervenir los “cabildos”, a cinco meses de una elección municipal?

Nadie en Chile Vamos ha descubierto esta semana la pólvora, porque es obvio que quienes estamos en política lo hacemos para defender ideas, con convicción y respeto democrático (sin perjuicio de lo muchísimo que aún tendremos que aprender, para hacerlo de manera más efectiva y convincente). Y quienes estamos, además, desde hace algún tiempo, hemos contribuido -e incluso triunfado- en pequeñas y grandes batallas electorales, con la participación de la ciudadanía y desde “la calle”, no desde el living de nuestras casas.

Pero las ideas serias se defienden con las instituciones, no al margen de ellas; en espacios legítimos, no en “cabildos espurios” (como los calificó Lucía Santa Cruz esta semana, sin perder tiempo en eufemismos); y los debates sobre decisiones de envergadura se hacen en torno a propuestas, no a consignas. Y para que las decisiones sean efectivamente democráticas, tienen que ser vinculantes, ya sea porque participaron de ellas millones de ciudadanos en elecciones o plebiscitos -y no unos cuantos miles que asistieron a unos cientos de asambleas-, o ya sea a través de representantes elegidos para actuar desde el Congreso.

¿Alguien de verdad cree que Chile Vamos va a influir en una nueva Constitución, desde los cabildos ciudadanos que organiza La Moneda, por encargo de la Presidenta Michelle Bachelet?, ¿y que será redactada de acuerdo a lo que la ciudadanía proponga durante estos meses? Para ser más precisos, ¿alguien cree que este proceso no es el chivo expiatorio de una próxima asamblea constituyente, que impulsará un texto que ya ha sido escrito por un pequeño círculo, dedicado a esa tarea desde hace tiempo?

En política el coraje es altamente valorado, porque es el máximo símbolo del liderazgo, pero a veces suele confundirse y se pagan altos costos por ello. Como dijo Oscar Wilde, “nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento”.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

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