¿Importa lo que digan las personas? Nada. Si no fíjese usted mismo. La Presidenta dice en el encuentro en San Miguel: "No hay que preocuparse si uno no conoce las palabras técnicas, porque después, cuando hay que escribir esa nueva Constitución, habrá los especialistas que sabrán colocar las palabras más adecuadas para decir y expresar de mejor forma esa gran, la madre de todas las leyes, que es la Constitución".
Publicado el 27.04.2016
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A pesar que la Presidenta Bachelet mantiene los índices más bajo de aprobación presidencial (en torno al 27%) desde que existen encuestas, ella insiste en llevar adelante lo que se ha llamado “el proceso constituyente”. Y a pesar de que en todos los tonos los ciudadanos le han dicho a través de otros sondeos que sus prioridades no están ni cerca de ser constitucionales, el gobierno está empeñado en llevar adelante dicha tarea. No importa que la paupérrima campaña de “educación cívica” –si es que así puede denominarse este “esfuerzo”- haya tenido nulo impacto en la ciudadanía, tal como lo advirtió el Consejo de Observadores. Sin importar que el 81% de las personas no sepa cómo participar en un encuentro ciudadano (encuesta CADEM 18 de abril) y menos que hayan renunciado observadores al consejo. Por supuesto, el hecho de que la mayoría de los encuentros convocados el sábado 23 de abril (día de inicio de los cabildos) se hayan efectuado más cabildos fracasados que efectuados. Obviamente el que tuvo la visita de la Presidenta resultó, entre otras razones, porque estaba el mismísimo alcalde de San Miguel. De “autoconvocado” nada.

Esto es lo ideológico. La Presidenta tiene al sector salud en una crisis terminal, el desempleo paulatinamente comienza a subir hacia los dos dígitos, una región incendiada por el terrorismo… y un proceso que de “autoconvocado” no tiene nada; sin embargo, seguirán hasta el final. Esto es lo ideológico: imponer una idea fuerza final, cueste lo que cueste, por las “buenas o por las malas”, aunque a la ciudadanía no le haga sentido alguno.

¿Por qué? Por dos fuertes motivos. En primer lugar, por la fijación “endémica” que tiene la izquierda con las normas que regulan la política. De mi época de dirigente estudiantil –hoy sigue la cosa igual como constato al mirar algunas cosas por redes sociales- la izquierda tenía una idea fija que transformaban en causa: “reformar los estatutos”. La agenda “política” de la izquierda siempre ha tenido una especial obsesión con este tema: reformar, modificar, agregar, suprimir las normas políticas que han de tirarse a la basura si las circunstancias lo ameritan. ¿El objetivo? controlar las superestructuras del poder. De ahí que, aunque no repunten, los asesores de izquierda se irán tranquilos: “reformamos leyes políticas, eliminamos el binominal y vamos hacia una nueva constitución. Eso es lo importante.”

El segundo motivo es consecuencia de lo anterior. El gobierno llegó a la convicción que la “Nueva Mayoría” es un proyecto fracasado, que de “nueva” tiene bien poco y de “mayoría nada”. Saben que es probable que pierdan el gobierno, por lo tanto hay que dejar tirado el mantel lo más posible dejando instalado que la “nueva constitución va”, cueste lo que cueste, y agotando todos los cartuchos que hagan de este proceso algo irreversible. Si no, harían lo posible por rectificar el empleo, salud y seguridad.

Es poco relevante si alguien asiste o no a los cabildos. Por eso no importa si el Consejo de Observadores es conocido o no. Total, la trampa está hecha sin saber cuánta gente asistió, si la disidencia pudo hablar o si había algún quórum que validara dicha instancia.

¿Importa lo que digan las personas? Nada. Si no fíjese usted mismo. La Presidenta dice en el encuentro en San Miguel: “No hay que preocuparse si uno no conoce las palabras técnicas, porque después, cuando hay que escribir esa nueva Constitución, habrá los especialistas que sabrán colocar las palabras más adecuadas para decir y expresar de mejor forma esa gran, la madre de todas las leyes, que es la Constitución”.

O sea…”la constitución igual la vamos a redactar nosotros” (el gobierno). Si es que no está redactada ya, claro.

 

Máximo Pavez, director área legislativa Fundación Jaime Guzmán.

#TribunaLíbero.

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO