El criterio de ser como un jefe de familia responsable no es la lógica con la que el actual ministro de Hacienda ha decidido enviar a trámite legal la tan importante Ley de Presupuesto. No sólo envió un presupuesto con más gastos que ingresos, sino que además las tasas de crecimiento proyectado para los ingresos son absurdas para la realidad que estamos viviendo.
Publicado el 12.10.2017
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¿Cuántas veces al lector de esta modesta columna le ha pasado que debe calcular cuánto es lo que necesita para llegar a fin de mes (usando o no su línea de crédito), financiando los gastos de supermercado, la cuenta de servicios básicos y la cuota del crédito? Bueno, lo mismo hace el ministro de Hacienda todos los años cuando envía la ya conocida Ley de Presupuesto que, para esta columna, es del 2018.

Cuando lea o escuche a un economista, no se asuste, porque en lo general usamos palabras difíciles para cosas fáciles, y al comentar la mencionada ley no es la excepción. De la misma forma en que un jefe de familia estima sus ingresos y planifica sus gastos mensuales o anuales, el ministro de Hacienda debe estimar los ingresos y gastos de la nación, lo que según la norma debe enviar al Congreso para que apruebe ambas cosas.

Sin embargo, lo que realmente envía a trámite legislativo es una estimación mínima de ingresos y una autorización máxima de gastos para todos los servicios y reparticiones públicas. Los ingresos los divide en distintas partidas, como tributarios, financieros, de empresas públicas y otros. Por su parte, los gastos los divide en corrientes e inversión pública.

Pues bien, lo que uno espera de un buen jefe o jefa de hogar (es la única acepción que haré al tema de “las” y “los”) es que sea realista al minuto de estimar sus ingresos y, además, responsable con los gastos que hará, ya que de no ser así la diferencia entre ambos ítems se puede transformar en un problema familiar de proporciones, que puede terminar con la pérdida de los bienes por un endeudamiento impagable.

Este criterio, que al lector le puede parecer lo más natural del mundo, no es la lógica con la que el actual y tercer ministro de Hacienda de este gobierno, Nicolás Eyzaguirre, ha decidido enviar a trámite legal la tan importante Ley de Presupuesto. No sólo envió un presupuesto con más gastos que ingresos —45.200 miles de millones de pesos el primero y 41.500 miles de millones lo segundo—, sino que además las tasas de crecimiento proyectado para los ingresos son absurdas para la realidad que estamos viviendo.

Un ejemplo. Según el titular de Hacienda, los ingresos del gobierno central crecerán en 7,4%, en condiciones que en 2017 dijo que crecerían en 5%, y salvo que crea que el próximo gobierno será liderado por Sebastián Piñera, cuesta creer que esa estimación sea razonable.

Pero no es lo único, ya que en 2017 estimó un crecimiento de la economía de 2,25%, pero con suerte creceremos al 1,5%. Para 2018 está estimando un aumento del PIB en 3% y, de nuevo, salvo que el ministro de Hacienda crea que Sebastián Piñera será el próximo Presidente de Chile, ese crecimiento es el doble de lo que sucederá en 2017. La incongruencia más evidente es que los ingresos fiscales crezcan más del doble que la economía. Eso es raro.

Sin embargo, lo más grave es que estas incongruencias no son de ahora solamente, ya que sistemáticamente el gobierno ha estimado más gastos que ingresos, haciendo que el fisco incrementara la deuda en varias decenas de miles de millones de dólares, un descriterio a todas luces.

En definitiva, los desequilibrios fiscales serán una irresponsabilidad que estaremos pagando muchos años.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO