China debería acometer problemas urgentes para evitar que esta crisis contagie su economía y la global.
Publicado el 12.07.2015
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A China hay que entenderla en el mediano-largo plazo en todos los ámbitos. El desplome de las bolsas de los principales centros financieros continentales -Shanghai, Shenzen- venía ocurriendo desde hace meses, alcanzando su punto máximo el 12 de junio pasado, y a pesar de las medidas adoptadas por el gobierno chino en el sistema financiero, existe aún temor de una burbuja financiera y que ella afecte a la economía china y a la del mundo (China es la segunda economía más importante del globo).

Quienes están ahorrando en la bolsa en China son casi 90 millones de personas de los casi 1.400 millones de su población, básicamente ahorrantes individuales (pocas empresas), pero que representan sólo el 10% de los que ahorran en esto. El resto lo hace a través de depósitos, ahorros debajo el colchón o propiedades. Esto significa que el daño a los hogares medios es limitado, porque las acciones han jugado un papel relativamente pequeño en el financiamiento de la economía real china.

Lo que sí se vería afectada es la credibilidad del sistema financiero y económico chino, dado que la tendencia natural es a sacar los dineros. Como los grandes bancos son estatales, esta crisis debiera llevar a pensar a las autoridades chinas que deberían reformar la banca, para ajustarla acorde a una economía de mercado. Ahora es el Estado el que controla la moneda y puede ajustar la economía a través de préstamos.

China debería acometer problemas urgentes para evitar que esta crisis contagie su economía y la global, aun cuando se prevé que el crecimiento caería de un 7% estimado por ellos a un 6,9% este año.

Estos problemas dicen relación con el envejecimiento paulatino de la población y, por lo tanto, con el financiamiento de créditos para la tercera edad; la mala asignación de fondos durante el 2008-9, cuando mucho dinero fluyó hacia un mercado de bienes raíces; la confianza ha caído por el desplome de las bolsas, pese a que el estado chino ha tratado de orientar la dirección del mercado de valores con problemas. Hoy hay muchas construcciones desocupadas, lo que se especula como una burbuja inmobiliaria. Además, las empresas estatales están endeudadas y urge su reforma.

Y, como se sabe, las caídas de las bolsas anticipan ciclos negativos. Existe la preocupación de que el mercado chino -alentado por el miedo- siga bajando y afecte a la economía y a la credibilidad del Presidente Xi jinping, que había prometido que el mercado jugaría un rol decisivo en la economía china.

Una baja mayor al 6,9% del crecimiento del PIB esperado para julio podría repercutir en la demanda de materias primas de China; en lo que respecta a Chile, básicamente el cobre. Por ello, este sería el momento de alentar la diversificación de nuestra canasta exportadora hacia bienes de mayor valor agregado, con mayor ímpetu. Sabemos que lo que ocurra en China tendrá efectos globales precisamente porque es el mayor comprador de materias primas, alimentos y cobre del mundo.

Los problemas estructurales de la economía china y de su sistema financiero (sobre endeudamiento, la acción de la banca en las sombras, la burbuja inmobiliaria y financiera), han mostrado su debilidad, si es que China no realiza con mayor energía y rapidez las necesarias reformas para soltar el mercado y reformar su sistema financiero. Si la crisis se agudiza, podría afectar a los mercados emergentes como Chile y otros, por la vía del comercio, la inversión y por el efecto dominó que podría preocupar a otros mercados emergentes.

Aun cuando en China las cosas son graduales, esta crisis podría escalar a mayores si no se acometen las reformas mencionadas con mayor urgencia.

 

Verónica Neghme Echeverría, Analista Internacional.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO