Hace pocos años López Obrador había sido desahuciado de sus posibilidades de llegar a la primera magistratura, ya que ha sido tres veces candidato y en su anterior intento obtuvo bajo rendimiento electoral.
Publicado el 30.06.2018
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El domingo 1 de julio serán las elecciones en México, y las encuestas nos revelan una intención de voto favorable al candidato López Obrador, quien cuenta con 22 puntos por sobre su más cercano competidor. En general, las editoriales están señalando que es muy probable que sea López Obrador el que se convierta en el futuro Presidente del país azteca.
Hace pocos años López Obrador había sido desahuciado de sus posibilidades de llegar a la primera magistratura, ya que ha sido tres veces candidato y en su anterior intento obtuvo bajo rendimiento electoral. Sin embargo, este líder de la izquierda -como él mismo se autodefine- representa fundamentalmente el descontento de la ciudadanía con su “elite política”.

La ciudadanía estaría expresando mediante AMLO su hastío ante la corrupción de la clase política tradicional.

En efecto, López Obrador vendría a ser el primer presidente en la historia republicana de México que es reconocido como líder social, y estaría situado fuera de la clase política tradicional. Su principal activo es ser percibido como un actor anti oligárquico y en sus discursos su posición anti elitista es prístina. Esta razón es relevante para comprender cómo ha seducido a los mexicanos para que le permitan conducir al país hacia fuera de la captura del poder político de “los mismos siempre”, los que han corrompido las instituciones de gobierno, han utilizado el servicio público en beneficio de los intereses de algunos actores privados y en contra de las oportunidades para la gran mayoría. En definitiva, la ciudadanía estaría expresando mediante él su hastío ante la corrupción de la clase política tradicional. Algo similar a lo que apreciamos recientemente en España y en otros procesos eleccionarios. El mensaje principal de López Obrador ha sido que México será honesto con un Presidente honesto, siendo él el único que representa tal activo moral.

En términos programáticos López Obrador ha enfatizado aspectos muy generales, siendo los más relevantes la lucha contra la corrupción, el fin de los privilegios y el rescate del campo, además de otros asuntos que se relacionan a la ética en política, como el crear una Constitución Moral que dote de valores la vida política. Todo ello sin mencionar claramente metodologías y/o contenidos para ello, pero apuntando de paso a poner fin a la violencia en México, para lo cual ha propuesto una amnistía para delitos relacionados con el narcotráfico. Con frases como el “amor se paga con amor” son parte de su narrativa, con la cual ha conseguido llegar a los mexicanos aburridos de los hechos de corrupción y la violencia desatada de carácter delictual en el país.

A pocas horas de las votaciones, los electores parecieran estar decididos a apoyar a quien consigue estar en sintonía con las demandas ciudadanas, pero que no tiene propuestas concretas ni coalición política que brinde estabilidad al país. Sin embargo contaría con el aval más valorado en el México de hoy, que es el no provenir desde el “circulo de hierro de las elites políticas”.

Aunque el futuro se ve incierto y los actores políticos parecieran no seguir entendiendo de la necesidad de rescatar el sentido de la política.

La difusa propuesta de López Obrador de impulsar la Cuarta Transformación de México de su vida independiente tiene todos los componentes del populismo y con ello representa las incertidumbres en el devenir de un país sustantivo para conocer la política y los derroteros de Latinoamérica. No obstante, pareciera que López Obrador es el resultado de una elite sorda, ciega y muda, no dispuesta a comprender que el fin último de la política es el bien común, el cual requiere como condición primera la honestidad, servicio al prójimo y, sobre todo, responsabilidad.

Creo representar a muchos tras el deseo de lo mejor para el México Lindo y Querido, aunque el futuro se ve incierto y los actores políticos parecieran no seguir entendiendo de la necesidad de rescatar el sentido de la política.

Jaime Abedrapo. Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales