Probablemente la Presidenta Bachelet se muestre preocupada mañana por la reactivación económica y se comprometa a frenar el desempleo con una lista de medidas. Pero ya en los dos mensajes a la nación anteriores se comprometió al mismo objetivo, insistió en lo importante que le parecía el “crecimiento sostenido”, para actuar luego exactamente en el sentido contrario.
Publicado el 20.05.2016
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¿De dónde surge la repentina preocupación de los parlamentarios oficialistas por el crecimiento económico? ¿Por qué se muestran recién ahora interesados en un objetivo tan notoriamente “neoliberal” y urgen a la Presidenta Bachelet a anunciar medidas de recuperación, en su tercer mensaje de 21 de mayo?

Las dudas son justificadas. Sorprende el giro de una izquierda que, tanto desprecia todo lo que huela a PIB y tanto desconoce su aporte al progreso social, que la diputada Vallejo reclamaba el año pasado que “garantizar derechos no tiene que estar sujeto al crecimiento económico” (no imagino de dónde piensa la congresista que el Estado obtiene los recursos para financiar esos “derechos”).

Seamos francos: a Chile lo frenó la Nueva Mayoría. Recibió en marzo de 2014 un país que venía creciendo desde 2010 a un promedio de 5,3%, tres veces más que lo proyectado para este año (1,7%) y en el que se habían creado un millón de empleos, con una calidad que estaba mejorando, tanto en salarios como en condiciones. En los últimos dos años, ese mismo Chile pasó de recuperar el liderazgo en América Latina a registrar los peores resultados económicos en tres décadas.

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El FMI, el Banco Mundial y todos los economistas serios han reconocido que el deterioro responde en parte a razones internacionales, pero en gran medida (dos tercios, según Sebastián Edwards) a razones internas: el impulso de malas reformas; el clima de incertidumbre que el gobierno de la Presidenta Bachelet ha alimentado desde el principio (qué campaña puede ser más del terror que un video oficial acusando a los “poderosos de siempre” y una ministra advirtiendo que la Constitución da excesiva relevancia a la propiedad privada); y un ministro de Hacienda, valorado por su trayectoria, pero que hoy no cuenta con el respaldo político para implementar una agenda que frene esa incertidumbre y lidere las señales correctas.

El repentino interés por la recuperación económica no es genuino. La Nueva Mayoría mira las mismas encuestas que el resto del país, y en todas –no solo ahora, sino desde hace más de un año– la preocupación de los chilenos por el rumbo del país es creciente. En la encuesta CERC, publicada la semana pasada, “los problemas económicos” saltaron desde el séptimo lugar en diciembre al primer lugar en abril como la principal preocupación de los chilenos; y de acuerdo a la encuesta CADEM publicada el lunes de esa semana, para siete de cada 10 chilenos (68%) el país va por “Mal Camino”, 40 puntos más que cuando la Presidenta pronunció su primer mensaje de 21 de mayo, en 2014, y 17 puntos más que hace un año.

Probablemente la Presidenta Bachelet se muestre preocupada mañana por la reactivación económica y se comprometa a frenar el desempleo con una lista de medidas. Pero ya en los dos mensajes a la nación anteriores se comprometió al mismo objetivo, insistió en lo importante que le parecía el “crecimiento sostenido”, para actuar luego exactamente en el sentido contrario (en 2015 poniéndole urgencia a la reforma tributaria y en 2015 prometiéndole a la CUT que la reforma laboral se haría a su medida).

La preocupación no es económica, es política. La izquierda teme que el desempleo tenga efectos en las elecciones municipales y, peor aún, que en las presidenciales del próximo sea la demostración de su incapacidad (histórica, por cierto) de conducir, con sus propias ideas, el progreso económico, social y político de Chile.

En dos palabras, temen que la Nueva Mayoría se vaya a pique y que el debut sea también con despedida.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

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