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Publicado el 15 de abril, 2018

¿Por qué es necesario invertir en I+D en Chile?

Asesor de empresas Rafael Ruano
Si no queremos quedarnos atrás deberemos definir un modelo básico de industrialización con necesidades reales de investigación y desarrollo, sea con capitales chilenos o extranjeros, que aporte crecimiento integral al país.
Rafael Ruano Asesor de empresas
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El día de Año Nuevo, el Presidente chino, Xi Jinping, como viene siendo tradicional desde su subida al poder, emite un mensaje a todo el país desde su austero despacho. En sus discursos deja ver en su mesa de despacho algunos de los libros que lee y con los que lanza siempre algún mensaje basado en sus lecturas. Este año tenía dos libros importantes a mi parecer: The Master Algorithm, y Augmented: Life in the Smart Lane. Entre sus objetivos nacionales, China contempla explícitamente ser una “innovation nation” en 2020, una “innovation leader” en 2030; y la “world powerhouse of science and technological innovation” en 2050. Textualmente, pretenden liderar el mundo en ciencia, tecnología e industria.

El Presidente francés, Emmanuel Macron, pronunció el mes pasado un discurso en el Eliseo, y concedió una entrevista a la revista WIRED, sobre la estrategia francesa en inteligencia artificial e innovación. Francia destinará 1.500 millones de euros en cinco años a competir con China y Estados Unidos en el liderazgo en inteligencia artificial (o, como mínimo, no perder el tren). Macron afirma que Europa está a medio camino entre el modelo americano (totalmente dirigido por empresas privadas, donde “decisiones individuales condicionan valores colectivos”), y el chino, con un inmenso mar de datos y un gobierno dispuesto a utilizarlos. Las acciones tomadas con anterioridad han permitido ya que empresas como Facebook, Google, Samsung, IBM, DeepMind o Fujitsu hayan instalado centros de investigación de inteligencia artificial en París. Este discurso no se queda sólo en eso, sino que el gobierno francés también está acometiendo y planificando medidas para el cambio que viene, creando una masa crítica emprendedora y transformando el modelo productivo, incrementando el Estado del bienestar y acelerando el efecto positivamente en las pensiones.

Otros países y sus líderes también se están preocupando ante la bomba de relojería que se nos viene con la transformacíon que va a suponer la aplicación a nivel global de la cuarta revolución industrial, la llegada de la inteligencia artificial y el aumento en la inversión en nuevas y más avanzadas innovaciones.

¿Y qué hacemos en Chile?

El modelo adoptado mundialmente —entre otros, por los paises de la OCDE— en el que el sector privado, el sector público y el sector academico juegan al unísono un papel de creación e integración de nuevas innovaciones o de adaptación de las ya existentes, muestra según el último informe basado en las cifras de 2015 que Chile está en el ultimo puesto de la OCDE en inversión total en I+D. Mientras que en el promedio de los países se llega a una inversión total en I+D del 2,38% del PIB, nosotros sólo llegamos al 0,32%.

De estas cifras, la inversión pública supone un 0,16%, por debajo del promedio OCDE del 0,62%. La inversión del sector privado supone en el promedio un 1,48% del PIB, mientras que en Chile es sólo de un 0,16%. Como vemos, tanto en la inversión pública, pero sobre todo en la inversión por parte del sector privado, las diferencias son importantes. Aquí es donde está el principal problema. Por poner un ejemplo, según la Cuarta Encuesta Longitudinal de Empresas publicada por el Ministerio de Economía en junio de 2017, sólo un 12,1% de las empresas en Chile declara realizar actividades de I+D, o una de cada diez.

También debería añadir que aunque en la inversión pública en I+D andamos mejor, una gran parte de ésta se va a la parte académica, muchas veces por motivos curriculares y con escasa incidencia en la industria privada.

En los países de la OCDE el principal impulsor de la inversión en innovación es el sector privado, es decir, empresas y negocios que con su capacidad productiva y valor agregado contribuyen en más del doble del sector público a la inversión total. En Chile, por diferentes causas, no se ha llegado a un nivel de industrialización en ningún sector que permita aportar significativamente a la I+D, fomentándose el crecimiento histórico del PIB en base a los commodities con tecnología importada, lo que no ha favorecido la investigación. Tampoco se ha favorecido la inversión foránea con un alto componente de investigación en el país.

Si no queremos quedarnos atrás deberemos definir un modelo básico de industrialización con necesidades reales de I+D, sea con capitales chilenos o extranjeros, que aporte crecimiento integral al país.

Esto debe llevar aparejado un nuevo plan de innovación integral, efectivo y práctico, en donde participen los tres actores: sector público, sector académico y sector privado en el se defina el qué, el cómo y el dónde efectuar los trabajos de I+D, cómo en base a esto se liderará la investigación en el futuro, cómo se educará a los chilenos en las nuevas tecnologías, cómo se crearán los empleos del futuro, cómo se apoyará a los trabajadores en la transición hacia nuevos escenarios productivos, y cómo a través de todo esto se garantizará el Estado del bienestar y las pensiones futuras.

 

Rafael Ruano, asesor de empresas

 

 

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