El pasado 21 de mayo la Presidenta anunció reformas, “porque tenemos una deuda dolorosa” con los niños de Chile. Ojalá que esta propuesta no tenga el mismo futuro que el los tres proyectos de ley que se hoy descansan en el Congreso, algunos desde hace ya una década.
Publicado el 26.06.2016
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Hace dos meses fuimos testigos de la muerte de una niña en un centro del Sename. Lisette, se llamaba, y tenía 11 años de edad. Los medios nos inundaron de trágicos datos sobre su vida, mostrándonos la forma en que creció, vagando entre distintos centros desde que tenía cinco años. Tras su muerte, hoy día el Sename está en boca de todos.

No es una madeja fácil de desenredar, pero sí hay una cosa clara. El sistema de protección infantil en Chile ha fracasado. No funciona hace más de 20 años. Centros colapsados, pocos y mal preparados funcionarios, niños maltratados y sobremedicados, una institución mal organizada y, por sobre todo, una gran falta de recursos.

En los últimos días han aumentado las denuncias que recaen sobre el Sename. Por la Ley de Transparencia supimos que actualmente hay 471 sumarios administrativos, de los cuales 83 son por maltrato a niños internos. Y esta semana se dio a conocer el primer catastro hecho en conjunto entre el Ministerio de Justicia y Salud, luego de haber solicitado a todos los directores regionales del Sename que informaran casos críticos. El resultado es más que preocupante. A lo largo de Chile hay 1.334 menores con patologías físicas o mentales de muy mal pronóstico y difícil manejo. De ellos, sólo 183 han sido evaluados clínicamente, y de esos 183 sólo 105 han sido atendidos. Peor aún, este informe señala que sólo en las regiones del Maule, Biobío y Metropolitana hay personal capacitado para trabajar en estos casos de “potencial riesgo vital”. ¿Qué pasa entonces con los 125 casos críticos diagnosticados en La Araucanía?, ¿o con los 163 de Valparaíso? No lo sabemos. ¿Por qué se priorizan unos casos antes que otros? Tampoco lo sabemos.

La situación es crítica. Es urgente reestructurar el organismo y hacerlo mucho más eficiente. No puede ser que en un mismo centro conviva una niña desprotegida e inestable emocionalmente, con pequeños delincuentes que caen una y otra vez. No puede ser que haya tan pocos funcionarios a cargo, que tengan sobrecarga de trabajo, que estén tan estresados que tengan que dopar a los niños para calmarlos. No pueden ser que en los centros del Sename, de Arica a Punta Arenas, no haya personal más especializado, enfermeras, doctores, psiquiatras. Y tampoco puede ser que los niños vivan aterrados de cumplir 12 años, porque ahí los destinan a centros “para mayores” donde impera la ley de la selva, por decirlo suavemente.

Además de la urgente reestructuración –no basta con la renuncia de la directora– hay que inyectar y priorizar los recursos. Hoy día, más de la mitad del dinero se va a financiar los centros de justicia juvenil, cuando son los de protección infantil los que están más colapsados.

Que de algo sirva la muerte de Lisette. Después de todo, su historia es muy similar a la de miles de niños que terminan en distintos centros del Sename. El pasado 21 de mayo la Presidenta anunció reformas, “porque tenemos una deuda dolorosa” con los niños de Chile. Ojalá que esta propuesta no tenga el mismo futuro que el los tres proyectos de ley que se hoy descansan en el Congreso, algunos desde hace ya una década.

Se gastan miles de millones en el puente Cau Cau, nos creemos progresistas porque se discute el matrimonio igualitario, pero no somos capaces de tener un buen sistema público que acoja a niños vulnerables y postergados. Es urgente darle prioridad a este tema. Por la memoria de Lisette.

 

Soledad Reyes, Centro de Políticas Públicas, Universidad del Desarrollo.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO