Lo que nadie en la izquierda había previsto para marzo es que el rechazo al proyecto Dominga explotaría en el centro de La Moneda y no en el comando del ex Presidente Piñera, como lo tenían orquestado.
Publicado el 22.03.2017
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Muy a pesar de la campaña sucia orquestada por la izquierda para destruir la candidatura presidencial del ex Presidente Piñera, ayer éste hizo oficial su intención de competir en las elecciones de noviembre. Con ello se acaba la incertidumbre y queda a firme la primaria de la centroderecha.

La confirmación de Piñera se da en un momento muy crítico para la Nueva Mayoría, ya que su principal carta, Alejandro Guillier, comienza a perder apoyo ciudadano, mientras que Ricardo Lagos y Carolina Goic apenas marcan en las encuestas. El naipe en la Nueva Mayoría tendrá que barajarse varias veces en pocos meses para determinar quién finalmente representará lo que queda de la fallida coalición. Sin un candidato de unidad es muy difícil que el PC y el PRO terminen cuadrándose con un candidato DC. Dado lo anterior, estos partidos ya comenzaron a buscar un espacio común con el Frente Amplio, a la izquierda del Partido Comunista.

En este escenario, el nerviosismo y el desorden en el Gobierno son totales. La coalición gobernante ya no se siente segura con Guillier, pero tampoco cuenta con otro candidato marcando bien en las encuestas. Así, en la Nueva Mayoría ya nadie sabe para quién trabaja.

El plan de ataque que urdieron para marzo falló. Hemos visto cómo la izquierda ha lanzado una andanada de acusaciones, comisiones investigadoras y querellas sin fundamentos sobre el ex Presidente Piñera con el objetivo de sacarlo de la carrera presidencial, utilizando una guerra sucia sin precedentes en Chile. La manoseada acusación de la “campaña del terror” ya no corre por cuenta de la centroderecha, sino que se ha hecho carne en la izquierda.

El Gobierno pretendía rechazar el proyecto minero portuario Dominga y endosarle la responsabilidad a Piñera, enrostrándole conflictos entre el dinero y la política, a pesar de que el ex Presidente había vendido su participación a Andes Iron en 2010. Fiel a su costumbre, la izquierda apelaba a la vieja estrategia: miente, miente que algo queda.

Lo que nadie en la izquierda había previsto para marzo es que el rechazo al proyecto Dominga explotaría en el centro de La Moneda y no en el comando del ex Presidente Piñera, como lo tenían orquestado. El diputado y primer vicepresidente de la DC Matías Walker, leal a morir con Bachelet, al ver cómo el Gobierno afectaba directamente a los habitantes de su región, denunció que el proyecto Dominga había sido abortado debido a presiones políticas desde el Ministerio del Interior.

¿Por qué en La Moneda estaban desesperados por frenar un proyecto de inversión que traería 2.500 millones de dólares a la región y cerca de 10.000 empleos?

No pudieron encubrir con el eufemismo “razones de Estado” la verdadera razón al rechazo de un proyecto que beneficiaría a la IV región: en efecto, el Ministerio del Interior temía que  la opinión pública castigara al Gobierno por el enorme conflicto de interés generado a partir de que nuevamente la familia presidencial había adquirido terrenos con fines especulativos para beneficiarse de la plusvalía que ocurriría una vez aprobado el proyecto. Nuevamente con Natalia Compagnon a la cabeza, y ahora con las hijas de la Presidenta envueltas en el asunto sin tener arte ni parte.

Pero el conflicto de interés también permanece al no aprobar el proyecto, ya que al rechazar la mina se perjudicará a decenas de miles de chilenos para evitarle a la Presidenta la vergüenza de aceptar que estamos frente a un nuevo intento de lucro por parte de su familia, esta vez con ella en el epicentro.

Cabe destacar que los terrenos en cuestión se encuentran a 12 kilómetros de la minera y a 15 kilómetros del borde costero. ¿Quién compra un terreno con fines “recreativos” en La Higuera, donde no hay nada, ni siquiera mar? La Presidenta Bachelet, denotando mucho nerviosismo, ha dicho que “no era un negocio” y que ella pensaba “que estaban en una zona que eran borde de playa”. ¡Insólito!

Todo este episodio resulta ser un castigo a la mala intención de la izquierda y del Gobierno por desacreditar al ex Presidente Piñera con imputaciones falsas. Esta vez no veremos al diputado Hugo Gutiérrez corriendo a tribunales para querellarse por tráfico de influencias en contra de la Presidenta y su familia. Pero la opinión pública sabrá ponderar que a la izquierda y al Gobierno les aplica el refrán tan popular: “Por donde pecas, pagas”.

 

Gonzalo de la Carrera C., ingeniero comercial UC, conductor de Directo al Grano, en Radio Agricultura

@carreragonzalo

 

 

FOTO: HERNAN CONTRERAS/AGENCIAUNO