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Publicado el 15 de junio, 2018

Populismo y bienestar

La administración pasada no sólo expandió el gasto público hacia los siguientes períodos, sino que también financió con deuda pública (impuestos futuros) la diferencia entre aquellos gastos públicos y los menores ingresos fiscales, que mermaron de forma notable por la reducción significativa del crecimiento de la economía y la caída de la inversión privada. Se redujo el bienestar y, ciertamente, aumentó la pobreza.
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En los casi 100 días que lleva ejerciendo el poder el Presidente Piñera hemos visto cómo se busca desplegar el gobierno sobre la base del programa que el candidato prometió en la campaña. Se han formado comisiones que estudiarán los temas centrales de dicho plan para que se puedan discutir en el Parlamento. Salvo en el caso de la Infancia, precaria y sacudida por el dolor, la oposición, en su gran mayoría, no ha manifestado mucho entusiasmo por participar.

En la última mitad del siglo XX la derecha ganó una elección muy ajustada en 1958 con Jorge Alessandri. Victoria similar, o sea, con margen parecido, obtuvo Sebastián Piñera el 2009. En las últimas votaciones, la historia cambió porque las fuerzas de ese conglomerado político, con Piñera a la cabeza, alargaron el margen a casi 1 millón de votos. Es decir, efectivamente los ciudadanos apoyaron las ideas que estaban detrás de su programa.

Desde mi punto de vista, lo que la gente apoyó es una economía basada en la libertad para emprender, en el mercado, en la apertura al comercio exterior y en la competencia. Ciertamente también los ciudadanos quieren más justicia, solidaridad y oportunidades para todos porque aún el proceso de crecimiento y desarrollo de nuestro país deja una importante cantidad de personas con ingresos bajos, poco acceso a la educación pública de calidad, a salud de calidad y a una previsión que les permita tener una vejez digna. Estas ideas han sido desarrolladas y acogidas por los países del mundo occidental y aparecieron nítidamente después de la II Guerra Mundial, donde la libertad y justicia permitieron el bienestar de millones.

Pero no sólo estaban esas ideas. En ese mismo período de tiempo surgieron otras, basadas en el socialismo y comunismo, en muchos países detrás de la Unión Soviética que enfrentó a Estados Unidos en la llamada Guerra Fría. Esas ideas llegaron a Latinoamérica y tuvieron y tienen aún cabida en Cuba, actualmente Venezuela y otros países que buscan desarrollar su economía sobre la base del Estado, y en muchos casos en dictadura. Lo sorprendente es que pese al fracaso económico y social de esos sistemas, aún en naciones democráticas como la nuestra todavía tengan millones de seguidores. Al mismo tiempo es posible comprobar que muchos habitantes de estos países quieren abandonar su tierra y dirigirse a lugares del mundo occidental que expresan los principios de libertad; no existen personas que quieran dirigirse a los países donde hay socialismo, estatismo y ciertamente dictadura.

En un escenario así, la búsqueda de la justicia y bienestar tiene una expresión que se hace carne en el llamado populismo. Éste se basa en la oferta de bienestar para todos los habitantes de un determinado país a través de la expansión del Estado, que en la práctica significa la expansión del gasto público. Esos países terminan con finanzas publicas quebradas y sin acceso al financiamiento internacional porque, en definitiva, no se genera financiamiento sostenible para distribuir el bienestar.

Chile, en los últimos cuatro años, comenzó a dirigirse hacia esas ideas y el efecto práctico fue que los recursos fiscales no alcanzaron para cumplir el programa de la Presidenta Bachelet. La administración pasada, por lo tanto, no sólo expandió el gasto público hacia los siguientes períodos, sino que también financió con deuda pública (impuestos futuros) la diferencia entre aquellos gastos públicos y los menores ingresos fiscales, que mermaron de forma notable por la reducción significativa del crecimiento de la economía y la caída de la inversión privada. Se redujo el bienestar y, ciertamente, aumentó la pobreza.

Eso es lo que está en juego. Eso es lo que la gente quiere evitar. Quiere más oportunidades, trabajo, bienes públicos de calidad y menos pobreza. En definitiva más crecimiento y bienestar para todas las familias de nuestro país. Winston Churchill dijo “la victoria puede ser de corta duración, también el fracaso, no es fatal. Lo único importante es el coraje para continuar adelante”

Alejandro Alarcón, economista

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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