Después de cuatro años de gobernar la Nueva Mayoría, y a pesar de la retroexcavadora, un millón trescientos mil chilenos les dieron la espalda al gobierno y su candidato oficial, votando en masa por el discurso de este raro animal de 13 patas llamado Frente Amplio. Por la derecha, menos votos que los esperados, lo que ha provocado un tensionamiento de la decisión que viene, la que no admite ambigüedades: populismo o progreso.
Publicado el 26.11.2017
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En la elección presidencial del 17 de diciembre próximo se definirá el destino del país. El candidato oficialista, derrotado el domingo pasado con su 22,7% de votos, tiene que conseguir una enorme cantidad de nuevos adherentes para intentar llegar al 50% +1 que le permitiría hacerse del poder.

En un escenario en que concurriera el mismo número de votantes que en la primera vuelta, Guillier requeriría 1.800.000 votos más de los que sacó el 19N para resultar electo. En cambio, Sebastián Piñera, para alcanzar la Presidencia, necesitaría 881.000; es decir, un millón menos de votantes que el candidato del gobierno. Sin embargo, si se repitiera el escenario de la segunda vuelta presidencial de 2013, cuando salió elegida Bachelet, y concurre un millón menos de votantes que en la primera vuelta, Piñera requeriría conquistar tan sólo 381.000 nuevos votos vs. 1.300.000 que necesitaría Guillier para ser ungido como Presidente electo.

Como Guillier y sus asesores conocen muy bien estos números, se han volcado al populismo, acercándose cada vez más hacia los deseos del Frente Amplio. Porque populismo es ofrecer eliminar el CAE, con un costo superior a US$ 8.100MM, que el fisco no tiene y por lo tanto es impracticable. Populismo es decir que el sistema de AFP es un fracaso y ofrecer terminar con el mismo, cuando todos los expertos transversalmente han señalado que eso es imposible de hacer. Populismo es ofrecer plebiscitos para consultar al pueblo, cuando el Congreso no satisfaga a los vociferantes de la calle.  Populismo es expresar preocupación por el país, cuando la preocupación más importante es retener el poder, porque ahí están las pegas, el clientelismo que asegura los votos y la seguridad de tener trabajo cuatro años más a costa del erario. Eso es populismo.

Pero populismo también es pretender ser Presidente de la República engañando al pueblo con mensajes falsos, como que un gobierno de Sebastián Piñera terminaría con todos los derechos sociales que hoy existen; que haría un razia entre los empleados públicos; que Piñera recibió de manos de Bachelet un país creciendo al 6% y lo devolvió con un -4%; que se eliminará la gratuidad; que con Piñera crecen las ISAPRES y las AFP, pero no el país. Eso es mentir y estar dispuesto a cualquier cosa con tal de retener el poder.

¿Pero dónde están las propuestas de fondo? ¿A qué nos conduciría eliminar las AFP? ¿Quién pagaría los US$ 8.100MM del CAE? ¿Y qué implica saltarse al Congreso y hacer plebiscitos cuando la institucionalidad no satisface al vociferante de la calle? ¿Es eso lo que Chile requiere? Estas recetas populistas de izquierda, ¿han logrado llevar a algún país del mundo que las haya implementado, al desarrollo? ¿Hay alguno donde el ideario socialista o el populismo se haya implantado que no sufra las peores miserias? Basta mirar a nuestros vecinos bolivarianos y a la propia Argentina de los Kirchner. Y antes, a Europa Oriental.

Si Chile reacciona con cordura frente al futuro, debe optar por el progreso. Y eso implica entender que no existen las recetas mágicas; que no existen derechos sin deberes; que la gratuidad, alguien siempre tiene que pagarla: ya sea el Estado, con los recursos que le brindamos a través de nuestros impuestos, o endeudándonos como país, lo que garantiza aún mayores problemas.

Para evitar que Chile se siga deteriorando en todos sus índices y, por el contrario, para salir adelante y alcanzar el desarrollo, se necesita urgentemente volver a la senda del progreso. Para eso es necesario que la sociedad recapacite y entienda que las falsas promesas del populismo sólo generan atraso, mayores frustraciones y una senda a recorrer cuyo destino seguro es la decepción, como ha ocurrido en todos los países del mundo donde las mismas promesas se han implementado. El populismo es la historia de un fracaso anunciado, que sólo trae penurias y amarguras, sobre todo a los más débiles y más vulnerables de la sociedad.

El domingo 17 de diciembre Chile tendrá que decidir su destino. Tendrá que decidir si opta por el populismo o por el progreso, no hay otra alternativa. Sólo falta que, llegado el día, la ciudadanía salga a votar y democráticamente elija qué camino desea tomar, qué sociedad desea construir y, por cierto, quién cree es el que está mejor preparado y es el más indicado para liderar y conducir los destinos de nuestro país.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO