La debilidad del ministro de Hacienda obliga a la Mandataria a tomar decisiones difíciles.
Publicado el 05.09.2014
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Vientos de cambio soplan en el país, y no sólo desde la oposición, sino desde el mismo oficialismo.

Según ha trascendido, personeros de la Nueva Mayoría estarían cuestionando la gestión de ministros y ministras de las carteras de Economía, Salud, Desarrollo Social y Cultura. Sin embargo, los mayores cuestionamientos desde diversos sectores de la economía y de la empresa no apuntan precisamente a dichas carteras sectoriales, sino al ministerio de mayor peso político y económico: el de Hacienda.

En medio de una pronunciada desaceleración y del sucesivo empeoramiento de los indicadores económicos, mucho se ha debatido respecto de si las causas de este fenómeno se deben a factores externos o internos -provocados por la incertidumbre que ha producido el cúmulo de reformas impulsadas por el Gobierno- y sobre el deterioro de las expectativas económicas y pérdida de confianza de los inversionistas.

Es evidente que su inflexible postura inicial y férrea defensa del proyecto original de la reforma tributaria, sumado a desafortunados episodios como el de la ya desacreditada aseveración de que la reforma la pagaría “sólo el 1% más rico” del país y la letra chica del Mepco, entre otros, han mermado la credibilidad del ministro Alberto Arenas frente a los actores económicos del país.

En su primer gobierno, la Presidenta Bachelet realizó su primer cambio de gabinete tras sólo cuatro meses de haber asumido, removiendo a los ministros del Interior, Economía y Educación.

El cambio se produjo en medio de un complejo escenario político, marcado por el conflicto estudiantil, y justamente pocos días después de haberse conocido los desfavorables resultados de la encuesta Adimark, en que la aprobación de la Presidenta cayó 10 puntos porcentuales respecto del mes anterior (cuando ya había bajado más de 7 puntos).

Si ya antes realizó un cambio en forma tan precipitada, perfectamente podría volver a hacerlo hoy, a seis meses de asumir y en momentos en que el porcentaje de aprobación de su gobierno es inferior al de su aprobación.

Al igual que en esta oportunidad, la Presidenta intentó innovar con caras nuevas, pero posteriormente tuvo que dejar en el olvido su compromiso de que nadie se repetiría el plato y recurrir a rostros con mayor peso político.

¿Estamos hoy frente al mismo escenario? Aunque muchos de sus ministros tienen muy bajos niveles de conocimiento (según la encuesta Adimark sólo siete de los 23 superan el 50%, mientras que siete de ellos ni siquiera llegan al 30%), corresponde a una situación relativamente normal, atendiendo que hay ministerios que tienen una menor exposición que otros. Lo preocupante es que en esta ocasión uno de los principales ministros, el de Hacienda, sólo alcance un 40% de conocimiento.

Esto inevitablemente contribuye a que la mala evaluación de la gestión en la materia (53% de desaprobación) recaiga con mayor fuerza sobre el Gobierno y su Presidenta, y no en el ministro de Hacienda, quien incluso presentó un mayor porcentaje de aprobación que Bachelet (54% vs 49%). A esto le debemos sumar un perjuicio adicional, ya que al estar éste debilitado, obliga a la Presidenta a asumir vocerías en temas que no domina, exponiéndose a cometer errores evitables.

Otro factor ineludible al analizar la conveniencia de realizar cambios en el gabinete es el extenso y complejo conjunto de reformas que el Gobierno se encuentra impulsando. Debemos considerar que la aprobación o rechazo de éstas inevitablemente se traspasará al ministro a cargo de la cartera, por lo que, de no hacer cambios en los contenidos de los proyectos, en poco podría ayudar hacer cambios.

Así todo, más allá de eventuales cambios o enroques de ministros, lo que genera la mayor expectación es el futuro del ministro Alberto Arenas.

Si bien desde el gobierno del ex presidente Aylwin los ministros de Hacienda han permanecido durante todo el mandato (a excepción de Eduardo Aninat, quien dejó el cargo para emigrar al FMI cuando quedaban pocos meses para el término del periodo), no pareciera sostenible en el tiempo el mantener al ministro actual.

Es así como el Gobierno se encuentra frente a la siguiente disyuntiva: asumir un fuerte costo político y dar una potente señal de compromiso con el restablecimiento de las confianzas, removiendo al ministro Arenas y poniendo en su lugar a alguien que posea un buen entendimiento con el sector; o bien perseverar en el intento de volver atrás y recomponer lo descompuesto.

Para la primera alternativa, el ex presidente del Banco Central, José de Gregorio, suena como el más probable sucesor del ministro Arenas.

¿Cuál será la decisión de la Presidenta Bachelet? A veces más vale ponerse colorado de una vez, que amarillo muchas veces. Como bien dijo ella misma hace unos años, “no da lo mismo quién gobierna”… pero tampoco da lo mismo con quién gobierna.

 

FOTO:MARIBEL FORNEROD/ AGENCIAUNO